Crítica de ‘Viuda negra’: Scarlett Johansson y Florence Pugh abanderan el regreso de Marvel a la gran pantalla

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Viuda negra
 

Tras tres retrasos en su lanzamiento y dos años transcurridos (pandemia incluida) desde el último estreno del Universo cinematográfico de Marvel: aquel divertido Spider-Man: Lejos de casa que aligeraba un poquito el ambiente tras la intensidad de Vengadores: Endgame con la que Joe y Anthony Russo terminaban (es un decir) con los Vengadores, llega ahora a las pantallas de cine Viuda negra, la vigésimo cuarta película del citado universo, la primera de la llamada Fase Cuatro y la segunda con protagonismo femenino tras Capitana Marvel (Anna Boden y Ryan Fleck, 2019).

Como lo de seguir un orden cronológico no figura entre las preocupaciones de creativos y productores de Marvel, habrá que empezar diciendo que Viuda negra nos sitúa tras los acontecimientos ocurridos en Capitán América: Civil War (Anthony y Joe Russo, 2016); es decir, antes de todo el desenlace final de los Vengadores que, como los seguidores de la saga conocen terminó con la trágica muerte de algunos personajes importantes. No diré cuales por puro miedo a que los talibanes del spoiler (incluso con una película de hace dos años) me bombardeen la casa.

Con dirección de la australiana Cate Shortland y escrita por Eric Pearson, Viuda negra se remonta a la infancia de Natasha Romanoff/Viuda negra (Scarlett Johansson) para presentarnos a su “familia” de origen que resulta ser un cruce entre Los Increíbles y la familia Jennings de la nunca suficientemente valorada serie The Americans. Es decir, una familia de superhéroes rusos infiltrados en Ohio como una familia norteamericana normal y corriente. El padre de familia es el Guardián Rojo, un equivalente ruso del Capitán América (David Harbour), la madre, interpretada por una desaprovechada Rachel Weisz es una antigua viuda negra, científica de profesión y especializada en técnicas de control de la voluntad y la familia se completa con Yelena Belova, la hermanita pequeña de nuestra protagonista a la que da vida Florence Pugh, una de las más rutilantes apariciones del cine mundial durante los últimos años.

Tras un escueto y funcional prólogo (probablemente los mejores minutos de cine sin artificios de la película), nos adentramos en el punto de partida de la misión que servirá para dos horas de entretenimiento puro y duro, de impecable realización técnica y salpicado con los toques de humor característicos de Marvel que, en este caso, recaen especialmente en el Guardián Rojo y en Yelena, el personaje de Florence Pugh al que la escena postcréditos (no se la pierdan) apunta a una posible continuidad.

Lo de menos es la misión en sí, apunten que hay una experimentación rusa para controlar la voluntad de los seres humanos y una especie de antídoto en forma de polvo rojo que circula en un maletín de mano en mano, es decir, podría ser la trama argumental de una película de Bourne, de Misión Imposible o, incluso, de James Bond. Apunten también que hay un intento poco disimulado de ejercer cierto feminismo de manual con un villano, sosias de cierto productor cinematográfico antiguamente todopoderoso y hoy caído en desgracia.

Pero por encima de la narración y del discurso ideológico, se imponen dos asuntos aparentemente contradictorios que terminan dando cuerpo y enjundia a la película: por un lado el ruido y la furia, es decir, el desarrollo visual, las persecuciones, explosiones y secuencias de lucha que están a la altura del inventario que Marvel lleva desarrollando desde aquel Iron Man primigenio de 2008. Y por otro, y aquí se ve el empeño de la directora Cate Shortland (procedente de otro tipo de cine más pegado a la realidad), la carga de humanidad con la que pretende barnizar a sus personajes empeñados en desentrañar la naturaleza de sus vínculos paterno/materno filiales y fraternales. Y es especialmente el personaje de Natasha Romanoff el que encontrará, entre salto y salto, golpe y golpe, la manera de reflexionar sobre sus dos familias, la de origen que nos descubre la película y la de destino, la de sus colegas Vengadores que nos ha sido ya presentada en las veintitrés películas previas.

Es una lástima que este segundo componente dramático se quede a medio desarrollar embebido en todo el aparataje de acción y efectos especiales, pero uno tiene que saber que película ha venido a ver y la película de autor la proyectaban en la sala de al lado. Iremos otro día. Viuda negra es un producto de entretenimiento de alta calidad en su género, tocado por la gracia de un brillante reparto (William Hurt entre los secundarios) encabezado por dos actrices excelentes: Florence Pugh de la que esperamos todo y Scarlett Johansson que, a pesar de su juventud, ya lo ha demostrado todo. Lo mismo protagoniza un drama familiar o una comedia romántica que da vida a una alienígena sin alma o se enfunda el ajustado traje de superheroína para salvar el mundo. El cine le debe un Óscar (Renée Zellweger, haz el favor de devolvérselo).


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Viuda negra

7

Puntuación

7.0/10

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