Crítica de ‘Wilcox’: Desaparecer sin mirar atrás

Las críticas de Daniel Farriol:
Wilcox

Wilcox es un drama experimental canadiense escrito y dirigido por Denis Côté (Antología de un pueblo fantasma, Curling). La sinopsis nos habla de Wilcox, un viajero que vive fuera de toda norma. Desertor, delincuente o superviviente, deambula silenciosamente, buscando echar raíces o lo que simplemente podría llamarse libertad. Está protagonizada por Guillaume Tremblay, Dnat Marchand, Jacques Ravary, Norm Rennie, Joey Caza y Natacha Gagné. La película se presentó en España dentro de la programación del Americana Film Fest (Festival de Cine Independiente Norteamericano de Barcelona) en Marzo de 2021.

La vida nómada

Wilcox es un exigente trabajo experimental del director canadiense Denis Côté. A caballo entre el documental y la ficción, explora el sentimiento de la vida nómada y de la necesidad de apartarse de la civilización y las grandes ciudades. Es un trabajo contemplativo y sin diálogos (los que hay no los escucharemos), sin apenas sonido ni música. El argumento también es casi nulo. Tan solo veremos a un personaje vagando por solitarios parajes sin que conozcamos quién es o a dónde se dirige. La única tabla de flotación que obtendrá el espectador para no ahogarse en tamaña aventura empírica, serán unos rótulos que hacen referencia a diversas personas que existieron en la realidad.

Todos los nombres mencionados pertenecen a artistas, excursionistas o aventureros que, por una razón u otra, decidieron romper con su pasado e iniciar una vida ermitaña. La vinculación del ser humano con su naturaleza más primaria. Carl McCunn, Dag Aabye, Christopher Thomas Knight, Lillian Alling, Everett Ruess o Christopher McCansless fueron personas que vivieron en distintas épocas y que decidieron dejarlo todo y desaparecer. Algunos murieron de inanición, en accidentes o en circunstancias poco claras, algunos cuerpos nunca llegaron a aparecer. Todos acabaron sus días en completa soledad por voluntad propia. El citado en último lugar fue quién inspiró la película Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007), donde se muestra una visión más evocadora y romántica de esa ruptura social. El acercamiento que hace Denis Côté es menos hagiográfico. Su cámara parece la de un entomólogo documentalista y curioso que se mantiene siempre a distancia para no implicarse por completo en lo que cuenta.

La mutilación del alma

Al igual que esas personas reales que decidieron desaparecer, Wilcox es un hombre solitario que viaja hacia las montañas. Se dedica a recorrer los mismos lugares abandonados que el director ya examinaba en la notable Antología de un pueblo fantasma (2019). Son los pueblos que pertenecen a una Canadá rural y vaciada en la que sus habitantes conviven con los fantasmas del pasado y los vestigios de una vida ya extinguida. Wilcox será un testigo mudo de esa lenta desaparición, al tiempo que convive entre el óxido de autobuses abandonados y las ruinas de casas deshabitadas. Esos paisajes inhóspitos se mueven entre lo desolador y lo nostálgico, conformando un lienzo perfecto para dibujar su propia historia de desaparición como ser humano.

Nunca sabremos con exactitud porqué tomó esa decisión de alejarse de la civilización. Las imágenes son un esbozo sobre las que cada espectador deberá reflexionar. El traje militar del personaje y algunas pesadillas que le confrontan por las noches, parecen indicar el origen de un trauma en su pasado bélico que ha sido el detonante para romper con todo. Es una sensación que reafirman los perturbadores extractos de una filmación muda en Súper-8 extraída de los archivos de la Cruz Roja bajo el título “Red Cross Work on Mutilés at Paris” (1918). Es una breve película documental sobre el trabajo que realizó Anna Coleman Ladd diseñando prótesis faciales para soldados que en la Primera Guerra Mundial sufrieron graves lesiones y deformidades en su rostro. Wilcox no tiene heridas externas, la mutilación está en su alma.

Una road movie muda

Aunque la película tiene un trasfondo muy interesante, su tratamiento escénico la convierte en una experiencia esquiva y poco agradecida. Wilcox se convierte en el diario audiovisual de un viaje. Una road movie documental de la que se elimina cualquier vínculo emocional con la ficción cinematográfica. Por eso, cada vez que el personaje se encuentra con otras personas en su camino, Denis Côté decide privarnos de la escucha de los diálogos. Todo lo deja a la imaginación de cada uno para rellenar sus imágenes con palabras y posibles historias. Cuesta implicarse en algo cuando constantemente se nos aparta de la acción y de las emociones.   

Así pues, no esperes encontrarte una película como la maravillosa Leave No Trace (Debra Granik, 2018), en la que se aborda un tema similar. Esta película de corte experimental es mucho más cercana al espíritu que tenía El perdido (Christophe Farnarier, 2016), por ejemplo. La fotografía de François Messier-Rheault es estupenda, pero algunas decisiones formales en la puesta en escena de Denis Côté cuesta justificarlas. Te advierto que Wilcox no es para nada una película fácil ni tampoco está hecha para espectadores impacientes. Es cine de arte y ensayo. Tan atrayente como insatisfactorio.


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Wilcox

6

Puntuación

6.0/10

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