Crítica de ‘Dios es mujer y se llama Petrunya’: Una de feminismo humanista

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Dios es mujer y se llama Petrunya
 

Tras su presencia en la sección oficial de la última Berlinale y en el Festival de Sevilla donde su protagonista Zorica Nusheva se hizo con el premio a la mejor actriz, se estrena Dios es mujer y se llama Petrunya, tan grandilocuente en el título como honesta en su producción. Se trata del quinto largometraje de la cineasta macedonia Teona Strugar Milevska, primero que consigue distribución internacional ayudado, sin duda, por su paso por los citados festivales en los que obtuvo críticas, en general, benévolas.

Se trata, sin duda alguna, de una película bienintencionada que hace equilibrios para conseguir ejercer una afilada crítica a muchos estamentos sociales macedonios (y extrapolables a muchos países) desde una marcada sencillez argumental.

La directora, que también firma el guion junto a Elma Tataragic, atiza con sutileza al fanatismo religioso, al amarillismo de la prensa, a la hipocresía social, a la corrupción política y por encima de todo al machismo exacerbado a través de un único personaje, la Petrunya (Zorica Nusheva) que da título al film. Una mujer qué, adentrándose en la treintena, se encuentra tan lejos del canon de belleza imperante como de una vida plena (ya saben, trabajo, pareja, realización personal…) según dicta la sociedad del siglo XXI en la que no eres nadie si no eres guapa, delgada, viajas mucho, cenas en restaurantes chic, tienes un novio que también es guapo y delgado y, además, exhibes todo ello convenientemente en Instagram.

Basándose, al parecer, en un suceso real, las guionistas nos llevan a la localidad macedonia de Stip donde cada año, coincidiendo con la festividad de la Epifanía en el mes de enero, la Iglesia Ortodoxa celebra una curiosa tradición según la cual, uno de los popes de la comunidad eclesiástica arroja una cruz al río para que todos los jóvenes (varones, según dicta la tradición) se arrojen a las frías aguas en su busca y aquel que la encuentre disfrute de un año benévolo.

Casi más por azar que con una predeterminación meditada, Petrunya se arroja al agua y encuentra la cruz antes que todos sus congéneres masculinos para monumental cabreo de los mismos y estupor de los sacerdotes que no saben muy bien qué hacer. La obstinación de Petrunya en no devolver la cruz convertirá un suceso anecdótico en una suerte de proceso mediático, religioso, político, social y familiar en el que hasta los padres de la joven se convertirán en protagonistas involuntarios de la historia.

Resulta agradecible que Milevska desarrolle su historia con elegancia y sutileza, denunciando las estructuras patriarcales sin demonizar al género masculino como generalidad; mientras la “masa” de hombres concursantes en la tradición es retratada como una auténtica jauría de bestias, los demás personajes masculinos, el comandante, el juez, el policía, el cámara y el propio sacerdote, están inteligentemente matizados por algo tan humano como la duda.

Strugar Milevska filma con determinación ateniéndose a una narrativa clásica aunque permitiéndose algunas veleidades con la cámara que, a pesar de que no chirrían, no aportan demasiado a un film entretenido, divertido a ratos y profundamente humano en el que su mayor baza es su protagonista, una actriz que, como el personaje que representa, está alejada de cierto prototipo de actrices jóvenes (guapérrimas y delgadísimas) que suelen invadir determinadas producciones apoyándose más en su físico que en el talento. Zorica Nusheva debuta en el cine con un personaje sólido, perdurable, lleno de humanidad y con el que resulta enormemente fácil empatizar. Una actriz de los pies a la cabeza. 


¿Qué te ha parecido la película?

6.5

Puntuación

6.5/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: