Crítica de ‘El blues de Beale Street’: Si la calle Beale pudiera hablar

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El blues de Beale Street
 
James Baldwin es (me niego a hablar de los autores en pasado aunque hayan fallecido) uno de los escritores que con más talento literario retrató, a través de su obra, el racismo y la lucha por los derechos civiles de la población negra durante los años centrales del siglo XX. Emparentado socialmente con otros activistas como Martin Luther King o Malcom X, se ocupó además de temas tan controvertidos como los amores interraciales o la homosexualidad en obras que se han convertido en auténticos clásicos de la literatura norteamericana contemporánea como sus novelas “Ve y dilo en la montaña” (1953), “La habitación de Giovanni” (1956) o su célebre obra teatral “Blues para Mister Charlie” (1964).

Y a escritor afroamericano de referencia, director de cine afroamericano de referencia, Barry Jenkins tras el desmedido premio (algunos todavía no nos hemos repuesto del “Warrenbeatty”) a su por otra parte notable película Moonlight, encara la adaptación cinematográfica de una de sus novelas más celebradas, El blues de Beale Street publicada en 1974 con el título original If Beale Street could talk para, con su tercera película, dar continuidad a un estilo cargado de poesía con el que pretende (y consigue) envolver al espectador en un estado de lirismo en el que el relato se manifiesta como algo inherente a las imágenes, a los actores y al envoltorio estético abanderado por la exquisita música de Nicholas Britell.

A pesar de que El blues de Beale Street me estaba interesando y por momentos gustando, hacia los veinte minutos de metraje me asaltó la mosqueante sensación de que aquello que estaba viendo ya me lo habían contado antes. Aunque incapaz de recordar quien y cuando, conseguí abstraerme lo suficiente para seguir asistiendo a la historia de esta joven pareja de Harlem empeñados en amarse por encima de todas las dificultades que la perra vida pone en su camino. Fue una vez llegado a casa cuando, he de reconocerlo, una búsqueda en internet alivió la molesta sensación de déjà vu haciéndome saber que la novela “If Beale Street Could Talk” de James Baldwin había sido anteriormente llevada al cine, ambientada en Marsella, por Robert Guédiguian en la maravillosa De todo corazón (1998).

La película de Barry Jenkins es indiscutiblemente más fiel al texto original al emplazar a la pareja protagonista en el Harlem neoyorkino que Baldwin retrató en muchas de sus obras. Comparte con la novela la estructura de diario al ser narrada en primera persona con la voz en off de Tish (KiKi Layne) presentándose a sí misma y a su encarcelado novio Fonny (Stephan James) en el momento en que le visita a la prisión para anunciarle que está embarazada de su primer hijo. Un hijo fuera del matrimonio que les hacía sentirse tan felices como inquietos ante la reacción de sus familias. Lo que sigue después es un melodrama muy bien contado con todas las connotaciones sociales, religiosas y raciales que envuelven a una pareja protagonista que por delante de todo antepone el amor que se profesan como un sentimiento esencial, como una emoción primaria que no ha sido desvirtuada por la convivencia, la decepción, el desengaño, los celos o el cruel paso del tiempo.

Jenkins muestra menos interés en contarnos la historia del injusto encarcelamiento de Fonny y los esfuerzos de Tish por demostrar su inocencia que por la forma en la que nos lo quiere contar. Como ocurría en Moonlight el estilo se impone al relato. Jenkins captura ese amor con su cámara y lo sirve en poéticas imágenes que transcurren plácidamente salvo en una única secuencia, la reunión de ambas familias en la que Tish da a conocer la “buena nueva”, es el único momento en el que algunos de los mecanismos de la narración chirrían, tal vez por los excesos de Anjanue Ellis que interpreta a la madre de Fonny en unos registros interpretativos muy alejados del excelente tono coral que muestra todo el reparto, un reparto en el que sobresale Regina King con un excepcional trabajo que le ha valido el Globo de Oro a la mejor actriz de reparto y en el momento de escribir estas líneas la sitúa a las puertas de un más que probable Óscar.   

Otras dos nominaciones a este célebre premio secundan a la de Regina King, la citada banda sonora de Nicholas Britell y el guion adaptado de Barry Jenkins que curiosamente escribió el mismo verano de 2013 en el que escribió el de Moonlight y por el que hace dos años recibió la dorada estatuilla. No está mal para un verano.


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Crítica de ‘El blues de Beale Street’: Si la calle Beale pudiera hablar
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7.5

Puntuación

7.5/10

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