‘Adam Resucitado’ resucita el buen cine

Las críticas de David P. “Davicine”: Adam Resucitado



Adam Resucitado es una pequeña joya inspirada en la novela del mismo título de Yoram Kaniuk. Mucho tiempo ha tenido que transcurrir hasta que un director, Paul Schrader, ha logrado llevar a cabo este proyecto que parecía maldito desde que Orson Welles quedara fascinado por la terrible historia que nos narran en la novela.

La película nos presenta la historia de Adam Stein, que se encuentra internado en un psiquiátrico, junto a otros supervivientes del Holocausto, en pleno desierto de Tel Aviv. Allí destaca por su gran carisma, siempre atento con sus compañeros, sobre los que ejerce una buena influencia, y manejando muy bien a sus médicos, pero detrás de esa fachada se encuentra una oscura historia que le ha martirizado durante años.

La forma de presentarnos los recuerdos, en blanco y negro, contrasta con el color vivo del presente que nos narran. A través de esos recuerdos conoceremos mejor lo que le sucedió durante aquellos fatídicos años, con un montaje soberbio de flashbacks que nos pondrán la piel de gallina. Nos presentarán su pasado como un gran mago y artista de variedades, de fama reconocida, y como, tras un casual encuentro con un nazi, Klein, hará que su vida cambie.

Adam es arrestado en plena guerra y trasladado junto a su familia a un campo de concentración, donde se encontrara de nuevo con su pasado, siendo humillado para divertimento de los nazis, obligando a comportarse como el perro de un alto cargo alemán, y viendo como él sobrevive a su familia sin hacer nada para remediarlo.

Paul Schrader logra transmitir toda la soledad y la desesperación de un hombre que desea olvidar su pasado más reciente y rehacer su vida dentro de un sórdido presente en el que deberá redescubrirse a si mismo y olvidar que una vez fue tratado como un perro gracias a un perro que una vez fue un niño. Este personaje masculino predomina en toda la cinta, pues esta presente en cada plano, algo habitual en el cine del director, obligando al protagonista, Jeff Goldblum, a mostrar diferentes facetas de su personaje, diferentes personalidades que entran en contradicción y se entremezclan, logrando una sublime interpretación digna de un Oscar, donde el actor posiblemente retoma sus mejores papeles y engalana esta película merecedora de estar en toda vitrina de un coleccionista de obras de arte.

La némesis del protagonista, el nazi al que una vez salva y luego le convierte en perro, está interpretado por Willem Dafoe, que realiza un excepcional trabajo de interpretación a la altura de su psicótico compañero de reparto, haciendo de estos dos personajes  la base de una película que partía de un guión sólido que se ve mejorado gracias a ellos.

Las escenas crudas de su pasado se entremezclan con acierto con su presente alegre en el exterior pero oscuro en su  interior. Un trabajo excepcional de postproducción que cuenta con una increíble escena de reencuentro del pasado en colores sepia donde solo transmiten luz y color a la escena las flores que dan la bienvenida y despiden a los personajes. Y es que todos los recuerdos nos llegan como un regalo en el interior de una caja de música, envueltos en un tono frío y oscuro, y que al abrirlos nos encontramos con una sintonía triste y melancólica en contraposición con el pasado alegre y circense del protagonista.

Una película muy recomendable donde el peso de los protagonistas no quita relevancia a la profundidad de la historia y nos permite salir del cine con algo en lo que pensar, pues realmente podemos trasladar la crisis y problemas psicológicos reflejados a cualquier época, y es que lamentablemente las guerras no han cesado y seguiremos viendo las secuelas de las mismas en muchas personas desconocidas.

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