‘Un horizonte muy lejano’: ¿Qué vale un hombre sin tierra y sin sueños?

Las críticas de Carlos Cuesta: Un horizonte muy lejano (Far and away)

Un horizonte muy lejano puede que sea una de las películas más divertidas de este ciclo, un film entrañable de aventuras ambientado en la Irlanda de finales del siglo XIX que vuelve a reunir en la gran pantalla a Tom Cruise y Nicole Kidman. Al primero en el papel de un granjero irlandés perdido en las ensoñaciones de conseguir sus propias tierras, en una época de inmisericorde explotación por parte de los terratenientes; la segunda como una joven de clase alta, aburrida con su vida y que planea escaparse para viajar a Estados Unidos y vivir una existencia de aventuras y modernidad.
Joseph Donnelly (Cruise) comenzará su viaje personal con el intento de vengarse del propietario de las tierras que cultiva su familia (Robert Prosky) después de que, en pleno funeral de su padre, los cobradores de las rentas hagan una irrespetuosa puesta en escena que terminará con la casa familiar en llamas. Sus planes quedarán desbaratados en la mansión de su enemigo en el momento en que su escopeta se le dispare en plenas narices. Allí conocerá a Shannon Christie (Kidman), la hija del terrateniente, quien le ayudará a abandonar un duelo con el hombre que pretende su mano (Thomas Gibson).
Por supuesto, la distancia de clase que los separa se mantiene y la ayuda no es para nada gratuita. Shannon necesita la ayuda y la protección de Joseph para llegar en barco hasta Estados Unidos, donde el Oeste se está poblando y regalan la tierra a quien la gane en una carrera, así que en principio el joven ejerce como criado. Una vez allí, y separados sus caminos, el azar los juntará de nuevo cuando a ella le roben todas sus pertenencias, casi recién desembarcada. Él se prestará a ayudarla en una ciudad, Boston, donde los inmigrantes irlandeses de clase baja tienen algunas posibilidades de prosperar.
Establecidos en una pensión y con trabajo en un matadero de pollos, gracias a la ayuda de un patrón local (Colm Meany, Los Commitments, Café Irlandés), Joseph cambiará su escepticismo por un ilusionante horizonte de prosperidad, mientras Shannon quedará amargada por un repentino descenso de clase social que le dejará a la altura de su compañero de viaje.
Un nuevo giro de los acontecimientos, provocado por la tensión sexual entre ambos, forzados a compartir habitación, empujará a Joseph a participar en las peleas organizadas en la taberna de la pensión-cabaret. El dinero de los combates y las apuestas le otorgarán unos ingresos y un prestigio que le aupurán socialmente por encima de su compañera, lo que dará lugar entre ellos a una transferencia de roles y actitudes y, también, a que el muchacho irlandés olvide por momentos las palabras de su padre en el lecho de muerte: “un hombre sin tierras no es nada”.
Genial y divertida película, hilarante a veces, realizada con interés y buen gusto por Ron Howard (Una mente maravillosa, El Código Da Vinci) y embellecida por una banda sonora de John Williams (Nacido el 4 de julio, La lista de Schindler) más que propicia para ambientar los planos de preciosos paisajes irlandeses. El guión de Bob Dolman se desarrolla de una forma un tanto lineal, pero está lleno de virtudes y enlaza de forma magnífica los distintos episodios y escenarios de principio a fin.
En este relato del oeste americano como la tierra prometida, Nicole Kidman hace un papel mucho más interesante, creíble y participativo que el que desempeñó junto a Cruise en Días de Trueno. El cruce de los dos personajes es fantástico, entre los dos hay auténtica química y fricción. Sus enfados y tensiones engrandecen la trama al tiempo que nos divierten. El personaje batallador, ingenuo pero despierto de Cruise combina a la perfección con la modosa señorita de clase alta, mimada pero con carácter, que aprende junto a él, sin más remedio, la dureza de una vida que nos sorprende con contratiempos inesperados que parecen insalvables.

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2 comentarios sobre “‘Un horizonte muy lejano’: ¿Qué vale un hombre sin tierra y sin sueños?

  • el 14 diciembre, 2011 a las 9:03 am
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    Con esta crónica dan ganas de ver la peli. No la he visto pero con ganas me he quedado.

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