‘Larry Crowne: Nunca es tarde’: Una previsible mirada a la sociedad llena de optimismo

Las críticas de Óscar M.: Larry Crowne: Nunca es tarde

Tom Hanks vuelve al cine con esta fábula sobre la situación laboral actual en estos tiempos de crisis, con despidos improcedentes y precariedad laboral. Interpreta, escribe y dirige a un cincuentón desempleado que decide retomar sus estudios y que, lógicamente, se enamora de la profesora interpretada por Julia Roberts.
El viaje cultural y estético que sufre Larry Crowne, el personaje que da título a la película, es totalmente predecible y poco sorprendente; básicamente es una película hecha para recibir premios, y no por la originalidad de su argumento, sino por reflejar la situación social actual que sufren muchos espectadores.

El guión es bastante simple y apenas muestra sobresaltos ni giros argumentales inesperados (los espectadores que no hayan visto el tráiler ni leído nada acerca de la trama se quedarán estupefactos con el despido inicial), aunque no por ello la película es aburrida, a pesar de que se conozca el final desde que se mira el póster.
Hanks intenta basar todo el peso de la película en los actores principales y, después del correcto guión, ése es uno de los principales fallos que se observan, con personajes secundarios totalmente incoherentes (como la pelirroja y tímida compañera de clase), que desaparecen y reaparecen misteriosamente (su nueva amiga motera o el marido del personaje de Julia Roberts) o que rozan el ridículo cuando pretenden ser cómicos (el novio de la motera).
La mayoría de los diálogos están más cercanos a lo absurdo que a la profundidad que requieren las escenas más dramáticas; sin embargo, todo está justificado con el excesivo edulcorante con el que está decorada toda la película, intentando transmitir al espectador una sensación de positivismo y optimismo que se queda en un irreal y fantástico reflejo de la sociedad.

Descaradamente la película ha sido realizada para el lucimiento de los actores principales (los secundarios son bastante olvidables y sólo ejercen de acompañamiento para éstos), quienes, sin mucho esfuerzo, se llevarán al público asistente en el bolsillo, dado el tirón cinematográfico que tienen ambos. Sin embargo, y a pesar del intento, tanto Tom Hanks como Julia Roberts están correctos, sin destacar en exceso en el conjunto.

Consiguen sacar la película adelante con bastante soltura ya que Larry Crowne no supone un esfuerzo interpretativo para ninguno de los dos, aunque el espectador saldrá con la sensación de haber visto una película vitalista y positiva, dado que todo lo que se proponen los protagonistas les sale bien.

La música y la fotografía no hacen más que recalcar el ambiente festivo, luminoso y alegre que derrocha el guión en cada escena (hasta en las dramáticas o las nocturnas, donde todo es excesivamente colorista y con gran iluminación; demostrando el gran trabajo de adaptación al guión de Philippe Rousselot), con canciones machaconas y rockeras que rellenan el correspondiente disco y ensombrecen la música compuesta por James Newton Howard.

El subtitulo que acompaña al nombre de la película no hace más que reafirmar la idea general que se intenta transmitir durante todo el metraje y que desvela la base de toda la película. Es uno más de esos casos en los que el título destroza el argumento, aunque éste no sea el principal reclamo para su visualización.

Larry Crowne pasará a la historia como una película para amas de casa deprimidas y desempleados desesperados al borde de la quiebra que no saben cómo rehacer su vida. No cabe duda de que en ambos casos el espectador la terminará con una nueva visión de qué conseguir con la suficiente motivación, aunque no se tenga dinero.

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