CutreCon VII. Crítica de ‘Mi amigo Mac’: Progeria from Outer Space

Las críticas de Agustín Olivares en la CutreCon VII: Mi amigo Mac

Mi amigo Mac es una película muy especial para mí. Recuerdo verla de pequeño un domingo por la tarde, en compañía de mi abuelo. Fue la primera vez que lloré con una película, y ya entonces los estereotipos de género me presionaban para inventarme excusas por empatizar con esa familia de extraterrestres con progeria e hiperlordosis. Por eso me daba miedito verla de nuevo: no quería manchurrear un bonito recuerdo de infancia con una bofetada de realidad. Por suerte para mí no es tan mala como cabría esperar.

En la película seguimos las aventuras de Mac y su familia, unos extraterrestres que viven en un lejano planeta llamado Desierto de Almería. Una sonda espacial aterriza donde ellos están paseando y los absorbe, llevándolos a la tierra. Allí Mac se separa de su familia y conoce a Eric, un niño lisiado que le ayuda a encontrar a sus seres queridos.

Esta película es producto de la sinvergüenza más pura. Es un producto de explotación derivado de E.T., con un argumento que recuerda mucho a las aventuras de Eliot y su amigo con cabeza de boñiga. Muchas de las situaciones tienen el mismo espíritu, pero no el mismo talento, ni mucho menos el mismo presupuesto. Por suerte para nosotros, el director Stewart Rafill es consciente de sus limitaciones y no abusa de los efectos especiales. Los pocos que hay no duelen a la vista, así que punto para ellos.

Si por algo se caracteriza la película es por la exageradísima cantidad de marcas que aparecen. McDonalds tiene muchísimo peso, incluso en la trama. El almeriense protagonista se llama Mac (Mac-donalds. Lo pillas ¿no?), un personaje trabaja en uno de los restaurantes (llevando el logo en su polo toda la peli), una escena transcurre en su interior (el interior del restaurante, no del personaje), aparece Ronald McDonald acosando a niños, y el logo de la franquicia está por todos lados. Aunque no se queda atrás Coca-Cola, bebida que flipa a Mac y a su familia porque, supuestamente, se parece mucho a la bebida de su planeta natal.

Los responsables de Mi amigo Mac son unos resabiados. Saben muy bien que el esquema de desvalido triunfante funciona. El humano protagonista va en silla de ruedas, los extraterrestres parecen enfermos crónicos, y encima el padre de familia alien tiene una desviación en la columna como de aquí a Cáceres. Claro, así normal que te den penilla. Aunque a decir verdad pueden dar un poco de grima. Todo el día en pelotas, con ese contoneo de caderas y los morritos siempre en forma de “o”. Pero bueno, en los planos en los que se ven las cremalleras de los disfraces ya se te quita todo.

La película rezuma ochenterismo por todos lados. Además de beber de E.T. también está muy influida por las películas de aventuras de niños raros. Aspira a situarse junto a Los Goonies o Una pandilla alucinante, pero su falta de originalidad la lastran al montón de la copias de grande éxitos. Pero ahora, con el resurgir del rollo 80’s, es un buen momento para reivindicarla y darle una segunda vida.

En definitiva, Mi amigo Mac no me ha defraudado. Es cutre, pero también tierna. Tiene espíritu familiar, con situaciones divertidas y personajes que se hacen querer. Si tuviera hijos probablemente se la pondría. Si resisten el shock de ver un extraterrestre en pelotas ya nada puede herirlos.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *