CutreCon VII. Crítica de ‘Hobgoblins’: ¡Matadlos o matadme, por Dios!

Las críticas de Agustín Olivares en la CutreCon VII: Hobgoblins

Cuando pensaba que lo había visto todo descubro Hobgoblins, la cutrez y la desvergüenza llevadas a otro extremo. No solo es una de las peores copias de Gremlins: es el cáncer hecho película.

Estoy al borde del derrame cerebral. Mejor os copio la sinopsis de Filmaffinity: McCreedy, un anciano vigilante nocturno de un gran estudio de cine, advierte a Kevin, muchacho impulsivo, de que se mantenga alejado de cierto cuarto en el sótano. La curiosidad de Kevin le hace no atender este consejo e investiga el porqué. Penetra y se encuentra a los terribles Hobgoblins, criaturas traviesas que se mueven siguiendo impulsos de luz y que se apoderan de las fantasías de la gente. Sólo reviven de noche y, tras huir, han de ser capturados antes del amanecer o la ciudad correrá peligro. Kevin corre a buscar ayuda de sus amigos.

Para empezar, los guionistas ni se curran las normas vitales de los Hobgoblins. ¿Por qué no puede hacerse de día antes de capturarlos? Yo no lo sé, y ellos tampoco. ¿Cómo es posible que el segurata tenga encerrados durante 30 añazos a esos bichos y nadie lo pillara? Vale que estamos en la CutreCon, pero una cosa es ser cutre y otra es ser deficiente mental. Los responsables de la historia no pusieron cariñito ni interés en ella. Se nota a leguas. Y por eso se merecen la película que tienen. Un cagarro.

Es tal el desdén que sienten por su film que ni miran el monitor cuando graban. Hay una escena en un coche, grabada desde el capó, en el que se ve el interior del vehículo. Supuestamente el coche está en marcha, así que se mueve de lado a lado. Y en el lado izquierdo del techo se ve la mano de un tipo empujando para simular el  movimiento. ¿Se puede ser más dejado?

A los que hicieron la película les sobraba caspa, pero les faltaba muchísimo presupuesto. Y no se molestaron en disimularlo. Los muchachos querían bichos estilo Gremlins que hicieran el canelo por doquier. No había pasta para animatronics, solo para peluches. Así que eso es lo que tienen: peluches. Cuando atacan a los protagonistas son éstos los que los mueven, simulando que luchan con ellos. Es muy graciosa (y lamentable) la escena en la que Libido-woman se revuelca por el suelo con un Hobgoblin en la cara.

Los poderes de los bichos tampoco se explotan demasiado. Lo de que les atrae la luz casi que se les olvida hasta a los propios animalejos. El tema de los deseos está un poco mejor llevado, y en cierto modo es lo mejor de la película. Cada personaje se retrata en sus deseos más ocultos, explicitados por los Hobgoblins. Es el caso del amigo feo, que ve encarnada a la chica de la línea caliente a la que llama continuamente. Esta es la subtrama más graciosa de la película, entendiendo “graciosa” como retortijón.

Me flipa la relación que tiene el chico protagonista con su novia. Ríete tú de 50 sombras de Grey. El tipo tiene un Síndrome de Estocolmo que alucinas. Aguanta insultos y desplantes de su chica, y aun así no cesa en su empeño de impresionarla y ganársela.

Podría seguir despotricando contra semejante película, pero ya está bien. El cine cutre hecho sin cariño no es cine, es una provocación. Es como un cura ateo, como un pubis sin pelos, como un republicano currando en el Burger King. Es contra natura, y se merecen el peor de los destinos. Desde aquí yo os maldigo, ¡malditos!

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