Crítica de ‘Ferdinand’: Ni indulto ni puerta grande en la plaza de Blue Sky

Las críticas de Pablo Cózar: Ferdinand

Llega la Navidad y llega el clásico aluvión de títulos infantiles a la cartelera. Y digo bien, infantiles, que no animados, porque aunque el cine de animación haya logrado en los últimos tiempos que la etiqueta “para todos los públicos” sea algo más que el libre acceso de niños a las salas, y que pequeños y mayores disfruten por igual, lo cierto es que sigue habiendo un mercado indicado solo para el público más joven. Este es el caso de Ferdinand, última producción del estudio BlueSky y Fox que adapta el cuento de Munro Leaf  “La historia de Ferdinando”.

La cinta de BlueSky no es la primera adaptación del toro Ferdinand a la gran pantalla. En 1938 un cortometraje a manos de Disney se llevaba el Óscar aquel año al adaptar las apenas treinta y cuatro páginas en ocho memorables minutos. En esos pocos minutos, en esas páginas, conocíamos la historia de Ferdinand, un toro bravo que desde ternero prefiere oler flores que pelear por ser toreado en la plaza. Pues con esta premisa básica el equipo de guionistas de BlueSky, bajo la batuta del director Carlos Saldanha (Ice-Age: La edad de hielo, Rio) se ha propuesto reescribir dicha historia en ciento ocho minutos. La cinta no difiere demasiado del resto de la filmografía de Saldanha: animales coloridos pensados para entretener a los más pequeños. Y no hay nada malo en ello, solo que la fórmula elegida, el simplismo que desprende y el exceso de personajes “mascota” hacen difícil que el espectador adulto conecte con la película.

La banda sonora, a cargo de John Powell (Shrek, Cómo entrenar a tu dragón) acompaña correctamente, pero se queda lejos de ser lo mejor de su filmografía. En el apartado visual se echa de menos un mayor detalle a la hora del uso de texturas y un mejor empleo de los accidentes geográficos. Por ejemplo, el pelaje de Ferdinand y el resto de sus bovinos amigos carece de vida, y las texturas de los prados son un poco “Super Mario Odyssey”, aunque intenta compensarlo con un extenso uso de la paleta de colores. Lo que sí hay que reconocer al estudio es su gran trabajo a la hora de documentarse; tanto la geografía de las zonas de Andalucía occidental que aparecen en la película como la arquitectura del centro de Madrid están reproducidas de manera bastante fidedigna.

A la hora de analizar el reparto, uno de los puntos fuertes de la película, encontramos un problema infranqueable: el doblaje al castellano. Ferdinand cuenta con un doblaje anodino, vacío de alma y con una selección que roza la incorrección política. Eso sí, nos queda la opción de ir a una sala en VOSE para ver que tal se desenvuelve el dieciséis veces campeón de la WWE John Cena (Y de repente tú, 12 trampas) como el toro Ferdinand, qué tal hace la cabra Kate McKinnon (Cazafantasmas, Saturday Night Live), o si Bobby Canavale (Ant-Man, Blue Jasmine) es un buen toro antagonista… incluso para oír las voces en papeles menores de David Tennant (Doctor Who, Jessica Jones) como un toro escocés o de uno de nuestros actores internacionales del momento, Miguel Ángel Silvestre (Sense8, Narcos), haciendo de torero en lugar de la forzada imitación de acento andaluz que hay que padecer en la versión castellana.

En conclusión, Ferdinand es una película excesivamente larga y pensada para un solo tipo de público. Es una tarea casi imposible coger un pequeño cuento y alargarlo más allá de su duración lógica, y si no que se lo digan a El Hobbit de Peter Jackson. La idea de llenar Ferdinand de golpes, porrazos, chascarrillos, erizos bailarines y toros conduciendo contramano por la A-4 es eficaz para entretener  los más pequeños de la casa, pero no es la idea más atractiva para sus acompañantes. Es una lástima, además, que teniendo la obra original un carácter ecologista y pacifista tan claro, aquí quede diluido entre tanta trama secundaria. Eso sí, Ferdinand será una de esas películas para que un tropel de niños al cargo de un solo adulto llenen las salas estas navidades.

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