Crítica de ‘Bright’: Dos policías rebeldes conocen a Blade y Tolkien

Las críticas de Pablo Cózar: Bright

Noventa millones de presupuesto, la película más cara hasta el momento del mundo del streaming. Con esta tarjeta de presentación encontramos en Netflix su primera gran producción: Bright. En los últimos años la plataforma de video digital ha ido ofreciendo un catálogo de grandes series de producción propia que iba salteando con algunas películas de corte independiente de notable calidad, como Los principios del cuidado, por eso  cuando anunciaron una cinta del perfil de Bright saltaron las alarmas ¿Puede una película de acción y alto presupuesto funcionar estrenándose fuera del circuito de salas cinematográficas?

Bright es una “buddy-cop movie” a caballo ente Dos policías rebeldes, Blade y El Señor de los Anillos. Dos agentes de policía, un humano y un orco, se verán envueltos en un enfrentamiento que les supera contra la magia élfica en un mundo situado en el presente pero salpicado de criaturas mitológicas y fantásticas.

La dirección corre a cargo de David Ayer (Escuadrón Suicida, Sin tregua) quien ha mantenido un perfil más bajo que en su producción para DC, donde además de firmar una película de ínfima calidad demostró su poca educación en más de un evento. Pero consideraciones personales a parte, su trabajo en Bright es notable y se acerca más a lo visto en Sin tregua que a lo padecido en Escuadrón Suicida, consiguiendo que lo realmente importante sea la relación entre los protagonistas sin perderse en el mundo que los rodea. Y aunque noventa millones son muchos millones para una producción directa al mercado digital no son suficientes como para permitirle ser del todo un “blockbuster”, lo que favorece un tipo de rodaje más cercano al género de las películas de policías que al de la ciencia ficción y la fantasía.

Max Landis (Mr. Right, Chronicle) es el responsable del guión y del universo que ha creado. Se nota su mano en los toques de humor y comedia, así como en la construcción de un universo ficticio, capaz de conseguir a la vez una historia entretenida si se toma sin pretensiones. Y aunque durante gran parte de Bright encontramos una producción de un género desenfadado, casi desaparecido, con tintes del cine de acción de finales de los noventa, lo cierto es que Max Landis se pierde cuando intenta hacer de su historia una metáfora de la integración racial usando como reflejo a los Orcos. Teniendo en cuenta que el hijo del mítico John Landis considera Bright su propia Star Wars y que Netflix ha firmado ya la secuela hay terreno para enmendar errores o descarrilar como George Lucas en las precuelas.

Dos nombres destacan por encima del resto en el reparto: Will Smith (Independence Day, Men in Black) y Joel Edgerton (Warrior, El Gran Gatsby). En el caso de Will Smith, el gran reclamo que ha inundado marquesinas de autobús y fachadas de edificios en obras, poco podemos decir más que su interpretación es anodina y falta de chispa. Joel Edgerton, por su parte, tiene un papel más agradecido ayudado en gran parte por el excelente trabajo de maquillaje de la producción. En el resto del elenco encontramos algunos nombres conocidos sin que ninguno destaque especialmente, tendiendo todos ellos a la sobreactuación, algo habitual en el caso de Noomi Rapace (Prometheus, Millenium).

Y ahora intentemos responder a la pregunta del primer párrafo. Sí, Bright demuestra que una película de alto presupuesto puede funcionar fuera de las salas de cine, por mucho que vacas sagradas de la industria como Tarantino lloriqueen por ello. Dicho esto, Bright dista mucho de ser perfecta; es una película entretenida cuyo mayor valor es el destacar por el formato en el que se estrena. No me cabe la menor duda que de haberse estrenado en salas habría tenido una acogida más benévola por parte de un sector de la crítica, del mismo modo que dudo que hubiese sido un taquillazo mientras que ahora mismo tiene muchos puntos para destacar en el catálogo de la propia Netflix. En un mundo en el que las salas de proyecciones están inundadas de adaptaciones y secuelas y donde tres “majors” se reparten el pastel de las super producciones es esperanzador ver un primer paso en este sentido en el sector del streaming. Netflix ha demostrado ser un hogar ideal para películas independientes que de otra forma morirían aplastadas en las salas y penarían por los estantes de las tiendas. Con Bright se abre la veda para hacer lo mismo con producciones de acción que no tienen cabida en los cines. Así que, en conclusión, Bright es un paso más en la forma de entender el cine en este siglo, y con sus aciertos y errores es, claramente, un paso adelante.

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