Crítica de ‘La llegada’: Hipnótica e irregular

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: La llegada

Una de mis discusiones favoritas para las que no encuentro interlocutor tan a menudo como a mí me gustaría (y no porque no los haya) consiste en hacer una encendida defensa de las carreras de letras frente a algunos cretinos que no conformes con ser ingenieros, arquitectos, informáticos o médicos, menosprecian a sus colegas historiadores, filólogos o filósofos con la nauseabunda pregunta “¿eso que estudias tú para qué sirve?” Reconozco que el hecho de ejercer una profesión científica me produce todavía más satisfacción al argumentar en defensa de las artes liberales frente al nauseabundo utilitarismo que predican los que defienden la reducción de la presencia de las humanidades en los planes educativos y la drástica disminución de su presencia en las universidades.

¿Y a cuento de qué viene esto? Pues a que en la última película de ciencia ficción estrenada en nuestro país (creo, tampoco estoy seguro de que sea la última) la protagonista, interpretada por una maravillosa Amy Adams es una filóloga, una lingüista, sí, señores ingenieros, porque resulta que si unos alienígenas vienen a visitarnos, invadirnos o lo que quiera que vengan a hacer, lo primero, será comunicarse con ellos, y para ello habrá que establecer un código con el que hacerlo porque si ustedes se piensan que van a hablar un inglés de Oxford o un castellano de Valladolid están muy equivocados.

Y aunque luego me meteré en harina y explicaré por qué no me parece una película redonda, La llegada marca un nuevo hito en la carrera del director canadiense Denis Villeneuve desdiciendo a los que hace unos años, cuando decidió dar el salto a Hollywood, vaticinaron que se diluiría en la maquinaria del cine industrial perdiendo su esencia. Desde su primigenia 32 de agosto en la tierra (1998), el cine de Villeneuve ha evolucionado hasta conseguir el éxito y el reconocimiento internacional suficiente como para ser el elegido para dirigir el esperado (y por algunos, entre los que me cuento, temido con pavor) remake, reboot o lo que leches sea de Blade Runner. Ya aposentado en Hollywood, Villeneuve ha dirigido el notable thriller Prisioneros (2013), la turbadora Enemy (2013) y la vibrante Sicario (2015), aunque mí película favorita de entre las suyas sigue siendo la fantástica Incendies (2010) cuyo turbador recuerdo me tiene fascinado a la espera de ver el montaje teatral que sobre el mismo texto ha estrenado Mario Gas en nuestro país con la gran Nuria Espert a la cabeza del reparto.

La llegada comienza de manera arrolladora, sus primeros veinte minutos son absolutamente hipnóticos, el tema musical “On the Nature of Daylight” de Max Richter da un emocionante abrigo a un breve prólogo en el que se nos presenta al personaje de la doctora Louise Banks (Amy Adams) a través de un drama personal que no conviene contar. Seguirá la puesta en escena de “la llegada” de doce naves alienígenas a otros tantos lugares de la tierra que es planteada por Villeneuve mediante un admirable dispositivo narrativo, a partir de ahí, resulta imposible no sentirte implicado con una situación tan límite como una visita extraterrestre. El ejército estadounidense contacta con una lingüista (la citada Adams) y un físico (Jeremy Renner) para comandar los equipos que establezcan la comunicación con los tripulantes de las naves y averiguar si vienen en son de paz o con intenciones invasoras.

Llegados a este punto, es inevitable recordar Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977) como referencia argumental y metafísica, si allí era la música la que servía para comunicarse con los alienígenas, aquí son una especie de circunferencias con espículas entrantes y salientes en su trazado que equivalen a palabras. Esta necesidad de un lenguaje comprensible por emisor y receptor como forma básica de comunicación es el tema más evidente de La llegada, pero Villeneuve no se queda ahí. A través del guion basado en “La historia de tu vida”, un relato del escritor estadounidense Ted Chiang, establece una lúcida reflexión acerca de la inestabilidad de las relaciones internacionales de las principales potencias, incapaces de elaborar un plan común de acción mediante una frágil política exterior. Todo ello entrelazado con la historia personal de Amy Adams y el trasunto de la memoria, el tiempo y el dolor de las heridas no curadas.

El problema de la película es que como todo relato de ciencia ficción, ha de ser imaginativo en su resolución si no se quiere ver abocado a un callejón sin salida, y Villeneuve durante el último tercio de largometraje toma la cuestionable decisión de alterar la estructura narrativa al subvertir la coherencia temporal y jugar con el orden del relato de un modo que ni resulta coherente con los dos tercios previos de película ni lo suficientemente satisfactorio para concluir el film. El confuso giro argumental final no hace sino emborronar una película hasta entonces dirigida con pulso firme e interpretada por un reparto irreprochable. El portentoso trabajo de Amy Adams se ve acompañado por el convincente Jeremy Renner y el siempre eficiente Forest Whitaker como el coronel del ejército al mando de la misión.

La banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson me resulta demasiado fría comparada con el citado tema de Max Richter que abre y cierra el film, en cambio la dirección de fotografía de Bradford Young es un ingrediente fundamental para la potencia visual de La llegada. En definitiva, estamos ante uno de los títulos del año que figurará seguramente entre las candidatas a los premios más prestigiosos de la temporada a pesar de tratarse de un género que no siempre es bien tratado por los académicos (que se lo digan a Christopher Nolan, por ejemplo).

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