Crítica de ‘El faro de las orcas’: Endeble guion para un film bienintencionado

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: El faro de las orcas

Hasta un recóndito lugar de la tierra llegan Lola (Maribel Verdú) y su hijo Tristán (Joaquin Rapalini Olivella) un niño con trastorno autista para conocer a Beto (Joaquin Furriel) un guardafauna que vive aislado en una cabaña a pocos metros del litoral en el que observa y vigila a varias especies de animales marinos, especialmente orcas salvajes, con cuyo contacto se pretende establecer una terapia que ayude a Tristán a desarrollar vínculos de comunicación que le saquen de su ensimismamiento y sus conductas repetitivas.

Hay, al parecer, una emocionante historia real detrás de la película El faro de las orcas recién estrenada. No lo pongo en duda. El asunto es que la emoción de la historia real no consigue trascender a la más reciente película del director español Gerardo Olivares. Más allá de la grandiosidad del paisaje de la Patagonia argentina y de algunas cuidadas secuencias con los animales marinos que dan título a la película (impecables efectos digitales incluidos), las casi dos horas de metraje transcurren sin pena ni gloria. Ni Maribel Verdú, que en más de una ocasión ha dignificado películas infumables con su mera presencia, es capaz de salvar un largometraje abocado al naufragio por la endeblez de un guion previsible hasta más no poder y salpicado de frases de baratillo.

Y ahí, precisamente en la debilidad del guion escrito por el propio Olivares junto a Lucía Puenzo y Sallua Sehk (adaptando el libro de Roberto Bubas “Agustín Corazón abierto”) radica la razón de que El faro de las orcas no funcione ni como historia romántica, ni como película destinada a dar a conocer el autismo, ni como documental naturalista (un terreno cinematográfico en el que, por cierto, Gerardo Olivares tiene destacados trabajos). La construcción de los personajes es demasiado arquetípica, Joaquín Furriel se esfuerza en encarnar a un héroe romántico, solitario y golpeado por la vida al estilo del inolvidable papel de Robert Redford en Memorias de África, pero la comparación entre ambos personajes es precisamente lo que suele decirse de las comparaciones. Maribel Verdú se limita a tirar de su talento y de sus recursos interpretativos para componer un papel en el que conjuga con acierto fortaleza y vulnerabilidad, pero no brilla como suele hacerlo habitualmente, y es que algunas de las frases que le han tocado en suerto no hay quien las diga sin que parezca recitar un mantra de power point.

Y en cuanto al niño, lamento mucho decirlo, pero me parece un garrafal error de casting y de dirección, ni el jovencísimo actor demuestra tener cualidades para un papel tan complicado, ni el trastorno autista está bien definido en su interpretación, ni está bien dirigido. Más que un niño autista parece un crío apaleado por la vida que no se atreve ni a levantar los ojos para mirar. No hay matices, no hay ninguna evolución a lo largo de la película y por tanto no funciona la impostación de un final demasiado artificioso. El autismo es una entidad clínica muy compleja y muy diversa en sus manifestaciones y grados pero, a poco versado que se esté en el tema, resulta difícil aceptar la visión que de él se da a través del personaje de Tristán. La presencia de Ana Celentano y Osvaldo Santoro es de mero relleno, a pesar de su incuestionable talento y la culpa es nuevamente de un guion en el que sus personajes están escritos con trazos demasiado gruesos como para poder dotarles de la suficiente entidad dramática o siquiera argumental.

El abusivo uso de la música de Pascal Gaigne acaba resultado francamente molesto. Marcar el énfasis emocional a base de subidas de volumen o acordes grandilocuentes denota a las claras la incapacidad de guionistas y director por transmitir la emoción a través de la filmación de lo que ocurre. La película comienza con una lentitud exasperante, la introducción del argumento y los personajes resulta torpe y para cuando quiere coger ritmo el espectador está ya desconectado de un relato que, cargado de buenas intenciones, tenía todos los ingredientes para enganchar y falla en su propósito. Una lástima. El tráiler era magnífico.

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