Crítica de ‘Passengers’: Entretenida y arquetípica historia de amor en el espacio 

Las críticas de Óscar M.: Passengers

El periplo de Passengers (la cual podría haberse llamado Pasajeros, para evitar confusiones con la película del mismo nombre de Anne Hathaway y Patrick Wilson estrenada en 2008, y no habría sufrido ninguna diferencia con el cambio) ha sido difícil y largo, como el propio viaje de los protagonistas en la ficción.

Tener un guión escrito por el responsable de Prometheus era el principal obstáculo para un proyecto por el que han pasado varios actores, actrices y directores. Finalmente, la versión dirigida por Morten Tyldum (que se dio a conocer al gran público gracias a la “familiar” The imitation game (Descifrando enigma)) y protagonizada por Chris Pratt y Jennifer Lawrence es la que ha llegado a buen puerto y la que veremos en los cines (y, posteriormente, en los televisores de los hogares).

Estos constantes cambios e ir y venir de participantes han permitido a Jon Spaiths revisar el guión hasta dejarlo bastante pulido, aunque, como viene siendo habitual en sus escritos, hay detalles que no se pueden pasar por alto: la aparición de Lawrence Fishburne y ciertas explicaciones del tramo final desmontan la principal teoría de que los protagonistas no pueden volver a hibernar y terminar el viaje, así como el abrupto e inexplicado desenlace.

El guión bordea hábilmente a la nueva serie The last man on Earth en sus comienzos, incluye divertidos guiños a las películas dirigidas por Stanley Kubrick (los más fáciles y evidentes son El resplandor y 2001: Una odisea del espacio), tiene acelerones y frenazos constantes (el tiempo de soledad del protagonista masculino es tan breve no consigue que empaticemos con él) y mantiene el interés del espectador a base de problemas técnicos que los protagonistas van solventando y que tienen su punto culminante en una resolución irreal, excesivamente apresurada y que deja demasiados cabos sueltos y algunas incoherencias, aunque no tan descaradas como sucedían en la precuela de Alien.

La historia de amor a través del espacio sideral es un poco rocambolesca, es demasiado perfecta para ser creíble (ambos son guapos, físicamente atractivos y perfectos), y el principal motivo de la película roza el egoísmo y la violación de la intimidad del personaje femenino. Hubiera sido más divertido e interesante ver la acción al revés (con una mujer despertando de la hibernación a un hombre), pero la película habría perdido a gran parte de la audiencia masculina y la sumisión femenina ante un príncipe azul musculado que rescata a la bella durmiente (chiste fácil que se usa hasta en la propia película).

A su favor, cuenta con unos efectos especiales asombrosos (ya todo es posible y más o menos creíble en el cine con la tecnología digital existente), un poco de acción controlada para mantener la tensión y una tecnología futurista que hace que queramos viajar en el tiempo y en esa nave a un nuevo planeta.

Pratt está más comedido, menos cómico de lo esperado (toda la carga cómica está condensada en el androide Arthur interpretado por Michael Sheen) y Jennifer Lawrence consigue construir un personaje diferente al que nos tiene acostumbrados de la saga Los juegos del hambre, pero está poco creíble como escritora de éxito, al igual que Pratt, quien está muy irreal como mecánico con ese diámetro de bíceps, ese torso apolineo y esos glúteos compactos (los cuales enseña de forma totalmente gratuita un par de veces).

Passengers intenta contenta a muchos espectadores y ese es su principal fallo, aunque se puede considerar la película romántica de estas fechas navideñas para ir en pareja y salir del cine con la lección aprendida de valorar el día a día, después de todo, tiene hasta moralina espacial.

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