SEFF 2016. Crítica de ‘La Substància’: Sin sustancia

Las críticas de Fernando Quintero: La Substància

Quien me conozca, sabrá que no soy fan de las películas documentales. No me parecería justo empezar una crítica de este “género” sin que se sepa esto de mí. A pesar de no compartir el mismo sentimiento que comparto con los largometrajes o las series de televisión, si que siento placer a la hora de sentarme y disfrutar de un buen documental, sea ya real o ficticio. El hecho de que algunas personas pasen meses y años investigando sobre un tema en concreto, para luego llevarlo a la pantalla, es algo que me parece fascinante, lo que no comparto son otras cosas, como puede ser la utilización de planos fijos captando el movimiento que transcurre delante de las cámaras y justificando de esta manera que la fotografía es digna de mención.

Pues bien, estos dos detalles que he mencionado es algo de lo que se compone La Substància, una película documental que narra como se lleva un pequeño pueblo catalán de historia bohemia, hacia las costas de Xiamen en China. Visto así, parece tener tirón la historia e incluso llama la atención de quien quiera ir a verla, ya que quizá se pueda ver el laborioso trabajo que significa el llevar piedra a piedra (hablando metafóricamente) de un pueblo histórico a otra cultura para homenajear uno de los lugares más preciados de los artistas de principios y mediados del siglo XX como fue el pintor Salvador Dalí. En lugar de esto, se ha querido hacer un documental artístico que cruzan las vidas de este proyecto y de una pareja que se va a mudar a este lugar frente a las costas Taiwanesas. 

A veces el grabar un documental te ofrece una libertad infinita para poder experimentar y jugar a tus anchas, a sabiendas que algunas productoras, lo único que hacen es soltar dinero mientras que el trabajo quede medio decente. Esto puede ser o algo muy bueno capaz de dar unas historias que acaben finalmente siendo contratadas y retransmitidas en televisiones privadas o un error muy grande que produzca el agobio y el ansia del fin del documental, llegando a tener méritos propios por colocarse en La 2 a las cuatro de la tarde de un miércoles. 

Aunque se ha querido homenajear a uno de los maestros del surrealismo de mediados del siglo XX, hay algunas escenas que no se entienden, sobretodo a la mitad del documental, donde cambian totalmente el formato y juegan con los colores de fondo, inventando una historia que hacen creerse a sí mismos que se trata de un propio cuadro de Salvador Dalí

La Substancia es un documental igual de somnoliento que artístico. Se confunden planos e historias e intentan jugar al arte, terminando por convertirse en una historia que pasa de lo interesante al aburrimiento más absoluto. El cruce de historias y culturas, es algo que podía haber sido explotado para darle un poco más de ritmo, pero prefirieron quedarse en lo que consideran arte y en el plano fijo a la espera de acción delante de la cámara. 

 

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