SITGES 2016. Crítica de ‘A Dragon Arrives!’: Una genial oportunidad perdida

Las críticas de Agustin Olivares en Sitges 2016: A Dragon Arrives! 

La película nos cuenta la historia de un detective que debe investigar la muerte de un prisionero político en el año 1965. En pleno desierto se encuentra con un enorme barco rodeado de un misterioso cementerio. La gente del lugar dice que el camposanto está embrujado, y que si se entierra a alguien se desencadenará un terremoto muy tocho.
 
A Dragon Arrives! es la película que más pena me ha dado en todos los años que llevo viniendo a Sitges. Hay películas muy buenas, las hay malas, las hay muy muy malas, pero el caso que nos ocupa es excepcional. Los primeros quince minutos de metraje te cogen por las gónadas y no te sueltan. Unos parajes cautivadores, una fotografía preciosa, una banda sonora que te absorbe y un desencadenante que despierta todas tus alarmas. Aparecen los títulos de crédito al ritmo de una apabullante música que te hace acomodarte en la butaca: esto va a molar. Y entonces aparece un barbudo canoso (Mani Haghighi, el director) hablando sobre el caso real que ha inspirado la película. Han transformado una ficción cojonuda en una mezcla extrañísima de ficción, documental y realidad dramatizada. Un corte de rollo.
 
La cinta se caracteriza por la mezcla de géneros, totalmente innecesarios y anticlimáticos. La información documental se podría haber traducido en imágenes cinematográficas, pero el director estaba demasiado preocupado por dotar de veracidad una historia que a nadie le interesa si realmente es realidad o ficción. Sospecho que la ausencia de un final claro en los hechos reales hicieron que Mani Haghighi se asustara. Prefirió no inventarse nada, sino utilizar solo el material real. Y es un lastre enorme.  Básicamente te saca de la película cada vez que alguien aparece y cuenta nosequé rollos sobre nosequé cosa que pasó nosecuando ¿Pero que me estas contando, iraniano? Tienes potencia visual, una historia con muchísimo potencial y un equipo que cree en el proyecto. No me cuentes tu vida y haz una p*** película de verdad.
 
Perdón, me he venido arriba. Es que realmente me apena ver como un proyecto que podría haber sido muy molón acaba convertido en un pastiche sin sentido. Creo que deberían haberle echado valor y haber creado un final digno para la historia, que cuando obvia las partes dramatizadas y el documental consigue absorberte. 
 
Espero no dar la impresión de cerrado frente a nuevos formatos. En absoluto. Me gusta ver cosas nuevas y diferentes, apuestas arriesgadas, proyectos que solo un tarado se atrevería a producir. Por eso una de mis salas favoritas en Sitges es Prado, el espacio más arriesgado de todos. Pero éste no era un proyecto para experimentar, este era un proyecto para petarlo y coronarte en el Hollywood Iraní (si existe). Como he dicho, una pena.
 
El apartado visual de A Dragon Arrives!, en la parte de ficción, es genial. Los espacios, la luz, el color… Un trabajo de arte y fotografía excepcional. En cambio las partes documentales deslucen el conjunto, porque precisamente quisieron darle un look documental. Y entre ambos espectros están las narraciones dramatizadas, voces en off de algún entrevistado que son interpretadas por actores y que no gozan ni del preciosismo de la parte ficcionada ni del aspecto documental. 
 
El apartado interpretativo es un poco irregular, aunque no me atrevo a juzgarlo puesto que la película viene de un país cuya cultura me es ajena. Quizá los rostros acartonados sean algo propio del cine iraní, al igual que la sobreactuación es algo muy propio de algunos países asiáticos. Quizá no sea el caso y se pasen de contenidos, aunque en el caso del personaje del investigador este tipo de actuación es muy acertada. 
 
Como he apuntado antes la música es totalmente absorbente, y la historia ficcionada te engancha hasta que se pierde entre tanto corte documental.
 
En definitiva, A Dragon Arrives! podría haber sido una grandísima película, pero la falta de valor a la hora de crear algo a partir de lo existente la han llevado a un terreno baldío. Aunque os animo a verla, solo por las partes ficcionadas ya vale la pena invertir dos horas de vuestra vida. O eso creo. Y si no os gusta después no me peguéis, ya me duele suficiente el corazón.

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