SITGES 2016. Crítica de ‘David Lynch – The art life’: La obra plástica de Lynch ahumada en nicotina

Las críticas de Agustín Olivares en Sitges 2016: David Lynch – The art life

Se trata de un documental  dirigido al alimón por Jon Nguyen, Olivia Neergaard-Holm y Rick Barnes, que pretende dar respuesta a la eterna pregunta del fan del director norteamericano: ¿Cómo se le ocurren estas ideas? ¿De dónde las saca? Para ello le hacen una larga entrevista en la que Lynch repasa su vida civil y artística, desde su nacimiento hasta el rodaje de Cabeza Borradora, centrándose en su obra plástica. Mientras su voz suena lo podemos observar trabajando en diversos cuadros, o cuidando y jugando con su hija pequeña.
 
Por desgracia el documental no cumple con su cometido. No hay respuestas, ni siquiera un ligero acercamiento a cómo funciona realmente la psique del genial cineasta. David Lynch siempre se ha mostrado reservado, y esta ocasión no es una excepción. Aunque cuenta una extensa batería de divertidas y sorprendentes anécdotas, no dejan de ser sustitutivos pomposos faltos de un verdadero poso motivacional. La tétrica historia de la vez que se encontró a una mujer desnuda y ensangrentada en una oscura noche en su infancia, o la fascinación que sentía su padre al “desmontar” bichos y animales pequeños viendo cómo eran sus vísceras, quizá podría darnos  una pista. Pero, en realidad, el grueso de su historia nos revela que gozó de una familia estructurada, nunca padeció abusos, siempre ha tenido algo que llevarse a la boca. Ni siquiera profundiza en sus referencias artísticas. El espectador apenas tiene acceso a pistas que le puedan hacer entender al director.  La tesis que se podría sacar es “Lynch es así”, pero es una lectura demasiado melómana y simplista como para asumirla.
 
No obstante, el documental es interesante y, a ratos, divertido. El ritmo es pausado, ajustándose al biorritmo del que hace gala Lynch a lo largo del metraje. Lentos movimientos, gozando de su perenne cigarrillo, mirando al infinito sin ver nada salvo su propio interior. Ojalá se pudiera observar mágicamente los engranajes de su mente y no solo tuviéramos que conformarnos con lo que nos desvela verbalmente.
 
En definitiva, David Lynch – The art life es un interesante documental sobre Lynch, pero no es la radiografia que nos pretenden vender. Aunque cualquiera puede verlo y encontrar su parte interesante, su verdadero público son los fans que quieren descubrir algo nuevo sobre él. Y, por desgracia, sospecho que ni siquiera a este fandom les impactará como debería haberlo hecho. 

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