Crítica de ‘Racing extinction’: Denuncia ecológica devastadora

Las críticas de Óscar M.: Racing extinction
 
Racing extinction es un duro documental sobre las consecuencias de las acciones de los humanos sobre el planeta y el resto de especies animales que lo habitan. Su acción directa está provocando el exterminio de miles de especies a una velocidad mucho mayor de lo que pasaría a un ritmo normal.
 
El documental sigue los pasos de un grupo de activistas y fotógrafos marinos, contándonos varias acciones que han llevado a cabo para intentar frenar la desaparición de algunas especies, como la manta raya. El formato de documental, mezclando imágenes propias rodadas con cámaras submarinas, con fragmentos de programas de televisión, declaraciones en entrevistas y fotografías no destaca por una realización personal o un estilo revolucionario. Donde más énfasis se realiza es en las historias que narra, conmocionando al espectador al mostrar algo que todos sabemos: la permisividad de los gobiernos ante dichos asesinatos en masa.
 
Aunque sí que pueden diferenciarse varias partes, el hilo narrativo no permite independizar las historias, estando excepcionalmente bien entrelazadas, convirtiendo a Racing extinction en una gran historia a favor de los animales y el planeta de una hora y media. Comenzando con el cierre de un restaurante que ofrecía ballena a sus comensales y terminando por la concienciación de la ciudad de Nueva York.
 
Es sorprendente la labor de investigación llevada a cabo por los protagonistas, su implicación en el proyecto y el desafío real que supone infiltrarse en los mercados de comida ilegal chinos, las empresas beneficiarias de la masacre animal o la incrusión en un poblado cuya supervivencia depende en exclusiva de la caza y captura de las manta rayas.
 
El documental se preocupa, en ese aspecto, también por “el otro afectado”, tal y como cuenta el “alcalde” del pequeño pueblo indonesio, si no se les ofrece una alternativa, su pueblo morirá de hambre, ya que lo único que han hecho toda la vida ha sido cazar a este tipo de peces.
 
Por supuesto, el factor emocional es muy importante a la hora de que la historia llegue al espectador, que asiste atónito a una matanza indiscriminada de animales para su posterior consumo y venta en mercados. De esta forma, Racing extinction no duda a la hora de ofrecer imágenes sangrientas, impactantes o mostrar cómo afectan los acontecimientos a los propios fotógrafos.
 
El punto más importante del documental está claramente en el tramo final, donde, tras presentar todos los hechos al espectador y conseguir su implicación en la historia, se le hace reflexionar y se le cuestiona si está haciendo todo lo que está en su mano para salvar el medio ambiente en el que vive.
 
No hay mejor representación e identificación final que esos niños del pequeño pueblo costero de Indonesia: que despedazan las manta rayas al borde del mar, vestidos con camisetas de equipos de fútbol que aquí vemos en el mercado negro de los suelos de las ciudades ofrecidas por africanos.
 
Para acabar con la deforestación, el efecto invernadero, la desaparición de los glaciares, la acidez de los mares y la desaparición de especies animales y vegetales sólo hace falta que el espectador se lo proponga personalmente, el propio documental ofrece alternativas al final: rechazando productos que sabemos que son ilegales o evitando adquirir productos que están provocando un mal mayor al planeta que un beneficio económico a un empresario sin escrúpulos.

Todo comienza por la propia concienciación. El primer paso siempre lo tiene que dar uno mismo, por algo se empieza y los protagonistas de Racing extiction lo han demostrado con su lucha individual para incluir especies en los listados de protección de las Naciones Unidas y la realización del documental. Incluso, para contrarrestar los efectos causados por su rodaje y los traslados necesarios, los implicados han replantado 10 hectáreas de árboles, su labor está hecha. Ahora le toca al espectador.

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