Crítica de ‘Después de nosotros’: Magistral retrato del desamor

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Después de nosotros

 

Un hermoso preludio para piano de Tchaikovsky hace las veces de obertura de la película Después de nosotros (L’économie du couple) del director belga Joachim Lafosse al tiempo que transcurren los títulos de crédito iniciales. Volverá a sonar en otras dos ocasiones durante el metraje. No hay más música al margen de una canción que servirá de (acaso el único) respiro al espectador y de juego a la familia protagonista en una secuencia que terminará resultando particularmente conmovedora. El resto del film está premeditadamente desprovisto de banda sonora en consonancia con la limpia (limpísima) propuesta del director belga que evita todo tipo de adorno o artificio a la disolución de un amor que filma de un modo descarnado.

María y Boris han dejado de quererse después de quince años de vida en pareja y dos hijas de ocho años. Las circunstancias obligan a que su convivencia se prolongue hasta que Boris (Cédric Khan) encuentre un lugar donde vivir que pueda permitirse. María (Bérénice Bejo) no soporta su presencia pero es consciente de la situación y consiente en prolongar una relación que agoniza ante el lúcido juicio de sus hijas, espectadoras en primera fila de la decadencia. 
 
No hay apenas piedad en la cámara de Lafosse, tampoco hay juicios de valor ni posicionamientos, no hay buenos ni malos (por eso insistía antes en la limpieza de la dirección), nadie podrá acusar a la película de adoptar un punto de vista feminista o machista. No hay un maltrato o una  infidelidad a la que sujetar el desarrollo de la narración. No hay un culpable. Cada espectador podrá aliarse emocionalmente con uno o con otro, pero será su opción, no la verdad absoluta dictada por el film. Ambos sufren, ambos se equivocan, ambos se resisten a ceder en su obstinado enfrentamiento y ambos se hacen daño. Y hacen daño a sus hijas. Y hacen daño al espectador que asiste como un invitado más a esa cena de amigos en la que la tensión podría cortarse con un cuchillo. Porque realmente duele contemplar cómo se hace cierto el aforismo de que hay una fina línea entre el amor y el odio. 
 
Joachim Lafosse propone como (casi) único escenario el interior de la casa salvo un par de secuencias hacia el final del film. Es en esa casa de la discordia (la desavenencia sobre su propiedad es precisamente lo que retrasa la separación) donde transcurren los reproches de María, la desidia de Boris y la devastadora soledad emocional en la que ambos se ven abocados a vivir. La cotidianidad de las rutinas diarias es mostrada con implacable lucidez por la cámara de Lafosse; hacer la comida, mantener la casa en orden o ayudar a las pequeñas con sus deberes se convierten en motivo de desavenencia con la misma facilidad con la que ambos progenitores huyen del hogar en cuanto tienen ocasión. Únicamente los breves momentos de juego con las niñas ofrecen un atisbo de esperanza a evitar lo inevitable. 
 
Asumiendo el riesgo que entraña escribir en caliente, me atrevo a situar Después de nosotros entre las mejores películas de desamor que recuerdo. Lo es por la honestidad de su puesta en escena, por la sencillez de su propuesta narrativa y por la sinceridad de las brillantes interpretaciones de Cédric Khan (al que solo conocía en su faceta de director) y de una monumental Bérénice Bejo (la chica de The Artist) que realiza probablemente el mejor trabajo de su carrera incluyendo El pasado (Asghar Farhadi, 2013) por el que obtuvo el premio de interpretación femenina en el Festival de Cannes. Si Khan desarma al espectador con su melancolía y sus cándidos intentos de acercamiento, Bejo lo hace con su impenitente búsqueda de soledad. Solo en la memorable secuencia de la cena en el jardín, cuando abre su corazón a sus amigos invitados, traducirá en palabras todo lo que durante el resto del film dice con silencios y miradas. 
 
No he visto ninguna de las seis películas previas de Joachim Lafosse que aún tiene muy reciente (hace apenas unas semanas) el estreno en España de su anterior film Los caballeros blancos que se me escapó de la cartelera. Espero poder verlas próximamente; si en todas ellas encuentro la misma hondura sentimental y la misma autenticidad que se respira en Después de nosotros, habré descubierto a un director al que seguir muy de cerca. Y eso no me ocurre muy a menudo. De lo mejor del año.

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