Crítica de ‘Los hombres libres de Jones’: Robin Hood se esconde en el “bajou”

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”
Los hombres libres de Jones
 
No vivimos el mejor momento para el cine histórico. A menudo parece que estamos escuchando una y otra vez la misma historia, como si siglos de civilización no hubiesen dado para más. En el caso de Estados Unidos, Vietnam, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de secesión parecen sus tres episodios fundamentales. De esta última el cine ha hablado y hablado desde casi sus orígenes; desde El nacimiento de una nación de D.W. Griffith hasta Lincoln de Spielberg, pasando por la legendaria Lo que el viento se llevó. En la última década cabe destacar la impecable Cold Mountain, última película de Anthony Minghella. Es más que comprensible pensar que esa guerra civil no pueda dar más de sí, pero Los hombres libres de Jones hace que nos lo replanteemos. La última película de Gary Ross narra un episodio casi desconocido de la Guerra de Secesión: la rebelión contra el ejército confederado por parte de una guerrilla liderada por el granjero Newton Knight.
 
Gary Ross, director de Los juegos del hambre y Pleasantville, ha querido dar una clase de historia sobre cómo las guerras son creadas por ricos y sufridas por pobres. Para ello, abandonamos el sur lujoso y frívolo de películas como Lo que el viento se llevó o Jezabel y nos trasladamos al Condado de Jones, una zona poblada por granjas en las que las mujeres tienen que salir adelante ahora que los hombres están en el frente. Con el avance imparable de la Unión, el sur decide recolectar todo el alimento y el material necesario para mantener a su ejército. Pero ese dinero no sale de las lujosas haciendas algodoneras, sino de las pequeñas granjas de autoabastecimiento. A una de ellas huye como desertor Newton Knight quien, al ver la injusticia de un gobierno por el que ha luchado, decide formar un ejército de hombres proscritos, entre los que se hayan desertores y esclavos fugados, para levantarse contra los recaudadores del ejército confederado.
 
La cinta comienza con diez minutos de guerra cruenta. Ross ha querido enfatizar la realidad de la batalla, alejándose del heroísmo épico y mostrando a un grupo de hombres luchando por sobrevivir, aunque intenten convencerse de que lo hacen por su honor. Es este primer acto el que más cabe destacar de la película por su calidad cinematográfica. A partir de esa primera batalla y según entramos en la historia empiezan los problemas de guion, escrito por el propio Ross en colaboración con Leonard Hartman, que no parece saber dónde centrar su atención. Y es que la historia tiene demasiado donde rascar. Estamos ante un Robin Hood moderno que roba al ejército sureño para devolvérselo a sus dueños, pero Gary Ross ha querido también abarcar una historia acontecida ochenta años después, cuando un descendiente de Knight se enfrentó a un jurado popular en Mississippi que pretendía disolver su matrimonio por el porcentaje de sangre negra que tenía en su ADN. Y es que Los hombres libres de Jones también narra la relación que Newton Knight mantuvo con una esclava negra con la que convivió toda su vida en una relación polígama con su primera esposa. Para colmo, cada acto va acompañado de una serie de fotografías de la época que acompañan a datos históricos y evocan los textos que dividen también los actos de Lo que el viento se llevó, pero con un resultado de Powerpoint. La impresión que ofrece al espectador es que las dos horas y media que dura la cinta quedan cortas y que, no obstante, se hace larga. 
 
No ayuda la interpretación de Matthew McConaughey quien, si bien ha dado muestras más que suficientes de su talento interpretativo, aquí se aferra tanto al papel de héroe que pasa la película entera con un gesto altivo absolutamente inexpresivo. Por otro lado, quedan las ganas de ver algo más de Keri Russell o de la bellísima Gugu Mbatha-Raw que se ven delegadas al papel de partenaire, o de Mahershala Ali, conocido por su papel de Remi en House of Cards, y que aquí está desaprovechado en el papel de Moses, un personaje que sospecho merecería su propia historia. 
 
Ojo, me releo y da la impresión de que no me ha gustado la película. No es así en absoluto. La disfruté con sus taras, que no son pocas, pero es que parece que Gary Ross haya bailado demasiadas bolas malabares como para mantenerlas todas en el aire. No obstante, Los hombres libres de Jones es una historia alucinante que parece mentira que no se encuentre en los libros. Tal vez allí resida el pecado de su director; en una historia impecable, un elenco de actores con talento y un intachable trabajo técnico, y en su incapacidad de hacerla mejor de lo que es.

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