Crítica de ‘La clase de esgrima’: Brillante drama nórdico de factura académica

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La clase de esgrima

El director finlandés Klaus Härö va, poco a poco, labrándose una respetable filmografía desde que en el año 2003 debutara con Elina, reconocida con un Oso de Cristal en el Festival de Berlín. La clase de esgrima es su quinto largometraje, una coproducción entre Finlandia, Alemania y Estonia que fue nominada al Globo de Oro a la mejor película en habla no inglesa del pasado año quedando a las puertas de la nominación al Óscar en la misma categoría. Pasó el primer corte pero finalmente se vio superada por Mustang, El abrazo de la serpiente, Krigen, Lobo y la finalmente premiada El hijo de Saúl

Si cuento esto es porque, una vez vista, me sorprende mucho la no nominación al Óscar de esta película, lo cual solo puedo interpretar como que algo está cambiando en el gusto de los miembros de la Academia de Hollywood que, valga la contradicción, es cada vez menos académico. Hace veinte o treinta años, La clase de esgrima habría hecho las delicias de los que año tras año nominaban y premiaban películas danesas, suecas y noruegas que seguían un corte de realización basado en una narrativa clásica, cuidada dirección artística, depurada puesta en escena, preciosista fotografía y emocionante banda sonora. Y así, precisamente así, es La clase de esgrima. Un drama muy bien contado con todos los ingredientes para hacer las delicias de los amantes del cine académico de regusto nórdico.
Y es precisamente en uno de los tres países que coproducen, una Estonia por entonces englobada en la Unión Soviética, donde se desarrolla la historia de Endel Nelis, un esgrimista (The Fencer es su título internacional) que se refugia en la pequeña y recóndita localidad de Haapsalu huyendo del régimen stalinista que le tenía cercado en la ciudad de Leningrado. Una vez allí, se ofrece como profesor de educación física en la escuela local donde reconducirá los rutinarios saltos de potro hacia la práctica deportiva de la esgrima. A partir de aquí entramos en el tipo de películas con un profesor motivador que sirve a sus alumnos de inspiración hasta llevarles a un cambio vital, en este caso un importante campeonato, precisamente en Leningrado. 
El acierto de Härö en la dirección (y de su guionista Anna Heinämaa) estriba en situar esta historia hasta cierto punto convencional (desde Adiós Mr. Chips hemos visto decenas de películas con profesor inspirador) en una muy bien retratada atmósfera opresiva como la de las repúblicas soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial en las que cualquiera podía convertirse en sospechoso por el más mínimo indicio. El director del colegio ejemplifica a la perfección el perfecto esbirro de Stalin que desde la periferia del poder actúa como un perro de presa ante todo aquel que se aparte del ideario comunista de manual. Es muy significativo, en este sentido, su absurdo rechazo de la esgrima por considerarlo un deporte impropio para el proletariado. 
El actor estonio Märt Avandi realiza un sobresaliente trabajo encarnando con naturalidad a un personaje en el que no resulta difícil reconocer ciertos rasgos en común con los protagonistas de otros films de argumento similar, más cerca del profesor Clément Mathieu (Gérard Jugnot) de Los chicos del coro que del genial e inolvidable John Keating (Robin Williams) de El club de los poetas muertos, Avandi ofrece una interpretación de perfil bajo en el inicio del film, más pendiente de sus intrigas políticas y su relación con su amigo en Leningrado que de atender las necesidades de unos niños que, huérfanos de guerra en su mayoría, buscan más un referente paterno que una figura de profesor. 
La introducción del personaje femenino de la película, la profesora Kadri, interpretado por Ursula Ratasepp servirá de detonante para una mayor implicación de Endel con sus alumnos, lo cual permite a Märt Avandi desplegar una interpretación mucho más rica en matices y sensibilidades. En cuanto a los niños, destacan sobre todos los demás Joonas Koff interpretando a Jaan, el que mejor ejemplifica la necesidad de un padre que supla al suyo perdido y la encantadora Liisa Koppel como Marta, la niña cuya mezcla de ingenuidad y determinación acabará conquistando el corazón de Endel. 
El tramo final de la película suple una resolución un tanto convencional con una acertada división de la trama en dos asuntos a resolver, ambos con un adecuado manejo del suspense. Por un lado el resultado del equipo de esgrima y por otro el destino del profesor Endel que se pone en peligro al viajar a Leningrado acompañando al equipo en la competición. El eficaz uso del montaje y la música (Gert Wilden Jr.) en este tramo final hacen de La clase de esgrima un entretenidísimo film en el que probablemente no haya nada nuevo pero todo es lo suficientemente bueno como para disfrutar de una historia bien contada a través de una brillante realización.

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