Crítica de ‘La leyenda de Barney Thomson’: Pudiste hacerlo mejor, Carlyle

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: La leyenda de Barney Thomson
¿Sabéis ese momento en el que alguien cuenta un chiste y todos se ríen menos tú? Te deja tan indiferente que llegas a plantearte si tal vez lo que ocurre es que no lo has pillado. Eso me ha ocurrido a mí con La leyenda de Barney Thomson. Envuelta en las risas del resto de espectadores, me he preguntado si me habría despertado de mal humor, si era demasiado vulgar para el fino humor británico o si me había perdido en el acento escocés, pero lo cierto es que el debut en la dirección de Robert Carlyle, me ha dejado tan fría como un invierno en Glasgow.
Ganadora de dos premios Bafta el año pasado, La leyenda de Barney Thomson es el regreso de Robert Carlyle a la gran pantalla tras un par de años dedicado casi exclusivamente a la televisión. El actor prueba como director y protagoniza esta película que bebe de un género de rica herencia británica, la de las comedias negras de los años cincuenta como El quinteto de la muerte, Oro en barras u Ocho sentencias de muerte, pero que peca de buscar la risa en todo momento, haciéndose tediosa y ridícula.
La historia es introducida por el propio Barney Thomson, un barbero de Glasgow. Mientras la ciudad está sumida en el pánico por los crímenes de un asesino en serie que descuartiza a sus víctimas, el aburrido y simplón Barney teme perder su empleo por la falta de simpatía que despierta en sus clientes. Un desgraciado accidente le hará principal sospechoso de unos crímenes que no ha cometido, mientras intenta deshacerse de aquellos de los que sí es culpable con la ayuda de su excéntrica madre.
Basado en la novela homónima de Douglas Lindsay, el guión de Richard Cowan y Colin McLaren fracasa en su intento de hacer una comedia inteligente y termina siento un carrusel de escenas ligeramente humorísticas. Y es que la historia recuerda a una versión light de las comedias negras de los Coen, con unos personajes más histriónicos que peculiares.
Consciente o no de la calidad del guion, a Carlyle se le debe aplaudir una puesta en escena llamativa con una atmósfera cuidada. El director de fotografía Fabian Wagner, quien ha trabajado en la última temporada de Juego de tronos, hace un trabajo magistral en las escenas de interior y no tan notable en las de exterior, y, no obstante, es lo que más puedo destacar de la cinta. El prometedor reparto, que tan buenas críticas ha cosechado, a mí me resulta sobreactuado casi en su totalidad, a excepción de Emma Thompson que en el papel de Semolina es de necesario histrionismo. No es, de todos modos, el mejor trabajo de su carrera, pero es, como siempre, una gozada verla actuar, mientras que la interpretación de Carlyle va degenerando según se complica la historia y de ese personaje triste, tedioso y fracasado, en el que está magnífico, pasa a un Peter Seller de segunda, y nos hace añorar su papel de liante en Full Monty.
Me parece haber sido algo despiadada con la película. No me malinterpretéis, la historia tiene un par de golpes buenos, reservados en su mayoría para la señora Thompson, pero para una comedia negra uno necesita ser despiadado, y en eso fracasa La leyenda de Barney Thomson irremediablemente con una narrativa redundante en busca de un gamberrismo forzado.

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