Crítica de ‘Buscando a Dory’: Excelente secuela, fresca y muy divertida

Las críticas de Óscar M.: Buscando a Dory

Existe un fenómeno cinematográfico conocido como el de las “secuelas tardías”, que son aquellas películas (generalmente segundas partes) que se estrenan con mucha diferencia de tiempo desde el estreno de la primera. Hay malos ejemplos (como el de Expediente X: Creer es la clave, Instinto básico 2), aceptables (Dos tontos todavía más tontos, Zoolander 2) y excelentes, como el caso de Buscando a Dory.
Buscando a Nemo, película precedente, se estrenó hace nada menos que 13 años y ha mantenido intacta su frescura y originalidad gracias a un guión que no trataba a los niños como estúpidos (diciéndoles lo que tenían que hacer), ni aburría a los adultos (simplificando la historia).

De aquella película sobresalía un personaje secundario, Dory, un divertido pez cirujano azul y negro con problemas de memoria que se ganó nuestro corazón y era lo más recordado de dicha película de animación, sembrando frases tan peculiares en la cultura popular como “Sigue nadando”, “P. Sherman Calle Wallaby, nº 42 Sidney” o su particular forma de hablar “balleno”.
Buscando a Dory, se propone, con gran acierto, explorar el pasado y futuro de ese personaje gracias a esta secuela centrada en ella. Lo hace con una película que tiene tanto tintes de precuela, como de secuela de la anterior.
De esta forma, narra las vicisitudes de una pequeña y adorable bebé Dory, junto a sus padres, su encuentro con el padre de Nemo, Marlin (que ya vimos en la primera parte), y sus aventuras posteriores para encontrar su hogar y a su familia.
Durante este viaje, asistimos a incesantes flashbacks bien introducidos y que no aburren al espectador ni ralentizan la trama principal, que nos acercan más al personaje de Dory y nos hacen recordar por qué nos enamoramos de ella en la primera parte. Un guión correcto, que atrapa al espectador y lo lleva por las corrientes deseadas evitando caer en lo repetitivo (como la escena del calamar gigante) y presentando a un buen puñado de nuevos personajes (el pulpo Max es el nuevo Gill de esta entrega, un gruñón que nos gana el corazón) que amplían el universo conocido en Nemo.
Al igual que Nemo, Dory tiene en la comedia su principal baza, provocando carcajadas descontroladas en el público, y, no sólo por los acontecimientos o los hilarantes, ocurrentes y divertidos diálogos que contiene, también por, como su predecesora, guiños graciosos para el público adulto que los pequeños apenas captarán, pero que son igualmente disfrutables en todas las edades.
En la versión doblada al castellano podemos volver a disfrutar de la voz de Anabel Alonso como Dory y de José Luís Gil como Marlin, un regreso necesario y deseado que complementa la secuela y la convierte en una película redonda a todos los niveles.
Buscando a Dory es una excelente secuela que mantiene la frescura, el humor y la diversión de Buscando a Nemo gracias a un buen guión y a unos diálogos hilarantes, que hacen que disfrutemos del viaje como en la vez anterior. El espectador ya sabe lo que tiene que hacer cuando termina la escena de después de los créditos: “Seguir nadando”.

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