Crítica de ‘Mustang’: Cinco hermanas y un verano

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Mustang

Llega por fín a las pantallas comerciales de nuestro país el gran éxito del cine francés de 2015, ganadora de cuatro premios César y nominada al Óscar a la mejor película en habla no inglesa, Mustang obtuvo seis premios en la pasada edición de la SEMINCI de Valladolid incluída la Espiga de Plata y el premio Pilar Miró a la mejor ópera prima. La directora turca, aunque educada y asentada en Francia, Deniz Gamze Ergüven dirige su primer largometraje basándose en una experiencia personal de su adolescencia. El guion coescrito junto a la también directora Alice Winocour obtuvo el César al mejor guión original en la pasada gala del cine francés.

Mustang
es una película centrada en un verano de la vida de cinco
hermanas (adolescentes de diferentes edades salvo la pequeña que es una niña) que tiene
lugar en un pueblo del norte de Turquía cerca de Trabzon (antigua
Trebisonda) a orillas del Mar Negro. El final del curso escolar marca el
inicio de las vacaciones y las cinco hermanas (huérfanas) regresan a la
casa en la que han de pasar el verano con su abuela y sus tíos.

La
abuela pronto advertirá que sus cinco nietas viven el despertar al amor propio de la edad y
espantada ante los pecaminosos juegos con otros amigos masculinos,
decretará un enclaustramiento de las hermanas en el que tratará de
reconducirlas por un camino de rectitud y decoro que las convierta en
futuribles esposas.

Aunque podría decirse que se trata
de una película coral, pues las cinco hermanas tienen un peso semejante
en el relato, éste es contado a través de la más pequeña de ellas, Lale (Güneş Şensoy)
que guía con su voz en off el transcurso de la historia, y son
precisamente sus ojos los que la directora utiliza para mostrar al
espectador una película sobre el ansia de libertad en un ambiente
opresivo por la rigidez de la abuela y especialmente del tío que ejerce
de patriarca familiar.

Los muros de la casa de veraneo
irán haciéndose cada vez más altos (literalmente) como consecuencia de
las travesuras de las cinco chicas y la educación irá evolucionando
hasta convertir el hogar en una auténtica academia de esposas. El
desfile de los pretendientes con los que abuela y tío quieren ir
“colocando” a las cinco hermanas no tarda en comenzar, y Lale, que por
ley natural ha de ser la última, es la primera en vivir lo que está
ocurriendo como el fin de la felicidad.

Sonay (İlayda Akdoğan)
la mayor de las hermanas es la que abre el camino a las demás a través
de la relación que mantiene a escondidas con un novio del que poco
sabemos, y será la única que haga frente a su abuela cuando ésta trata
de adjudicarle un pretendiente al que no desea. Selma (Tuğba Sunguroğlu), segunda en edad, es más sumisa y tendrá que aceptar su matrimonio concertado con resignación. Ece (Elit İşcan) la más débil y Nur (Doğa Doğuşlu) la que terminará colmando el vaso de la paciencia de Lale, que a pesar de ser la más pequeña será la detonante de la acción.

Es
cierto que la trama se dispersa en una serie de episodios, algunos de
ellos casi anecdóticos, y que ocurren demasiadas cosas en un plazo de
tiempo relativamente corto como es un verano, pero la directora ha
querido reducir a ese espacio temporal todos los acontecimientos que
quería contar para mostrar un hábitat en el que, a pesar de la presunta
modernidad de Turquía en relación a otros países de su entorno, los
contactos entre chicos y chicas son de por sí pecaminosos, el modo de
vestir ha de respetar un decoro muy marcado por una tradición
conservadora, las aficiones como el fútbol están mal vistas entre las
mujeres, la virginidad es más que un valor en sí mismo y si es necesario
se pide a un médico que la certifique, los matrimonios concertados
siguen existiendo como si fueran algo normal, y las niñas, en
definitiva, tienen que tener como mayor (casi única) aspiración vital
convertirse en buenas esposas.

Aunque en algunos
momentos la película resulta un tanto chillona, el tono general es
distendido y hay los suficientes momentos cómicos como para
desdramatizar el tema central. La preciosa banda sonora de Warren Ellis
puntea el film a golpes de violín y acompaña melódicamente los momentos
más emotivos de un film fresco y entretenido sobre una situación que
habitualmente es llevada al cine con mucho mayor tremendismo. Este
aligeramiento del tono, no resta en absoluto nada de profundidad y
resulta muy agradecible por el espectador.

 Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de la 60 SEMINCI.

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