Crítica de ‘Midnight Special’: Tu hijo es el centro del universo (sin ironía ninguna)

Las críticas de Carlos Cuesta: Midnight Special

Hay carteles que justifican por sí mismos ir al cine y pagar una entrada. Sobre todo cuando la curiosidad por un film empieza fuera de la sala con una imagen sugerente pegada en la pared y no por una campaña de acoso viral. Últimamente me fijo mucho en los carteles, y si me dicen algo voy a ver la película, y si parecen anunciar la parte diecinueve de Transporter, lo ignoro. Me llamó la atención el de Midnight Special y luego comprobé que estaba dirigida por Jeff Nichols, me acordé de Mud y no dudé. A mi juicio, este director está logrando construir con éxito una filmografía con coherencia argumental en torno a la infancia y la familia, apoyada en un estilo personal muy interesante.

La película parte de la difusión televisiva del secuestro de un niño a manos de su padre biológico, que pretende ayudarle a cumplir una misión que le ha sido encomendada. Ésta parece tener tal importancia que el progenitor está dispuesto a cualquier cosa para protegerlo y llevarlo hasta unas coordenadas precisas en una fecha concreta. El gobierno lo busca porque ha descodificado una serie de comunicaciones clasificadas. El contenido de dichas transmisiones ha sido desvelado a los miembros de una comunidad establecida en un rancho, que ha empezado a aprovisionarse de armas porque creen que el día indicado es el del juicio final.

El muchacho (Jaeden Lieberher) tiene unos poderes cuyo límite no alcanzamos a conocer pero que le obligan a permanecer alejado de la luz solar. El Estado lo considera un arma; los integrantes de esta especie de secta organizada por su padrastro (Sam Shepard) creen que es un salvador. Para su padre biológico (Michael Shannon, una constante en el cine de Nichols) no existe nada más valioso que el niño y su misión. En torno a estos elementos la película logra una emocionante persecución con una atmósfera misteriosa e intrigante que nos prepara un nudo de nervios en el estómago.

Los que sean sensibles a los espoilers quizá deban saltarse este párrafo, porque me gustaría decir que, quizá, Nichols ha tensado demasiado la cuerda de la trascendencia; quizá haya aplicado demasiada épica humana para finalmente limitarse a hablarnos de sobreprotección paterna y decirnos que la infancia es un valor máximo, que es la llave del futuro, y que donde unos ven mesías y otros el peligro de una mente libre, quizá solo haya que ver a un niño con derecho a decidir sobre su futuro. Si he entendido bien Midnight Special, quizá la película genere demasiadas expectativas y organice demasiado despliegue para contar lo que cuenta, por más que el mensaje sea oportuno. La trama secundaria del rancho y el padrastro me parece desaprovechada, y todos los secretos lanzados que quedan sin explicar recuerdan a todo lo que Perdidos dejó por zanjar.
Metáforas y expectativas frustradas a parte, el tratamiento de las escenas nocturnas es interesantísimo; el fragmento de la huida en coche conduciendo sin luces por las carreteras secundarias tiene una fuerza indescriptible. Nichols sabe crear atmósferas, sabe jugar con el ritmo, sabe tomarse su tiempo para hacer avanzar las escenas y queda claro que sabe dirigir bien a los actores. Shannon está magnífico y aporta un sentimiento desbordante pero ajustado a las preocupaciones paternas que expresa. Su papel exige además una gran contención puesto que debe ver pasar los acontecimientos con más serenidad que iniciativa. Su hijo es quien ejerce de verdadero guía. Kirsten Dunst nos transmite una credibilidad impresionante en el papel de madre y Joel Edgerton cumple hasta donde le permiten las directrices de su rol de amigo-guardaespaldas. Adam Driver se quita la máscara de Kylo Ren y nos demuestra de nuevo que es un buen actor. Su personaje es una especie de especialista en comunicaciones o criptografía que parece comprender la misión del chico; a parte de representar una especie de puente generacional, estaría muy bien que compartiera con el espectador algo de lo que sabe. Y eso no es culpa suya, sino del director-guionista que juega demasiado al “yo lo sé y tú no”.
Nichols nos ofrece sus interesantes reflexiones sobre la infancia compartiendo con nosotros, supongo, fragmentos de sus recuerdos y sueños de niñez y juventud. No es difícil detectar influencias de grandes clásicos de la ciencia ficción como E.T., Encuentros en la tercera fase, y tal vez Cocoon; y no está de más recordar la serie Starman con Robert Hays (persecución del Gobierno al tipo con poderes incluida). Pero abandonando lo que el director pudo o no ver y disfrutar de niño, acercándonos al presente uno se ve forzosamente obligado a pensar en Señales del Futuro (con Nicholas Cage) donde la tensión también está muy bien trabajada y con la que Midnight Special tiene quizá demasiados puntos en común. El final, desde luego, es igual de insatisfactorio. Para terminar las referencias, y como ocurrió hace no mucho en Lucy de Luc Besson, construir un personaje de poderes poco definidos, o ilimitados, suele llevar desgraciadamente a un callejón sin salida.
Todo esto no impide alabar los méritos del equipo del film al completo, aplaudir la coherencia que sigue la filmografía del director y disfrutar de una película que está bien hecha y que es entretenida. El mensaje de fondo es positivo y la historia está bien contada. No obstante, no tengo la sensación de que aporte novedades más allá de un estilo y un ritmo que me agrada. De todos modos, la marca de autor y la calidad de las películas de Nichols ya la querrían muchos.

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