Crítica de ‘Calle Cloverfield 10’: Misterio, desconfianza y terror

Las críticas de Óscar M.: Calle Cloverfield 10

Muchos espectadores acudimos en 2008 al cine a ver una película llamada Cloverfield (titulada morbosamente en España Monstruoso) sin saber mucho de ella, ya que sólo sabíamos que la Estatua de la libertad perdía la cabeza y un monstruo acababa (por enésima vez) con la ciudad de Nueva York.
El rodaje se había realizado en el más absoluto secreto y las filtraciones habían sido mínimas, algo que había provocado un interés extremo en el público, hasta el punto de desconocer qué era exactamente la película que iban a proyectar. Esta exitosa campaña de márketing (que ya quisieran para sí alguna de las actuales entregas del superhéroe de turno, los cuales nos bombardean y nos saturan con infinitos tráilers y noticias) provocó una recaudación en taquilla que superó los 80 millones de dólares sólo en Estados Unidos.

Desde entonces no han dejado de surgir noticias sobre una posible secuela, y ahora se estrena 10 Cloverfiel lane (en España, Calle Cloverfield 10, traducción mucho más correcta, pero sin vinculación en el título con la predecesora), que sigue el mismo estilo de producción, pero nos sitúa en un lugar completamente distinto y con un planteamiento totalmente diferente.
En esta ocasión, el guión se centra en tres personajes que viven encerrados en un búnker bajo tierra, ya que uno de ellos afirma que ha habido un ataque biológico y el exterior está contaminado. Las dudas y los recelos no tardan en aparecer tanto entre sus compañeros de encierro como en el público de la sala, consiguiendo mantener el nivel de tensión con bastante soltura y recurriendo a los mínimos recursos del género para hacer avanzar la historia.
Son inevitables las referencias a otras propuestas de su productor J.J. Abrams, desde la evidente Perdidos (por el búnker y por tener a personas encerradas pensando que el exterior es inhabitable), pasando por la gasolinera de Super 8 o, incluso, el final al estilo Misión: Imposible. Las referencias a la película precedente son mínimas y se basan más en conexiones con la empresa ficticia cuyo trabajo provoca la aparición del bicho de Monstruoso.
El debutante Dan Trachtenberg hace un trabajo correcto como nuevo fichaje de la factoría Bad robot, como lo fue en su día Matt Reeves. Aunque es capaz de mantener un estilo similar a otras producciones del estudio, se desenvuelve con bastante soltura para ofrecer un trabajo personal y que no cae en el aburrimiento a pesar de situar la acción durante más de una hora en un espacio tan reducido.
Donde mejor se desenvuelve (tanto el guión como la dirección) es a la hora de sembrar en el público la duda de qué está ocurriendo en el exterior y qué ocultan los personajes. Calle Cloverfield 10 es un excelente vehículo de misterio, que consigue despertar el pánico y el terror en el espectador en más de una ocasión, como genialmente sabía hacer Hitchcock.
Obviamente quien se lleva todos los elogios es un John Goodman soberbio y excelente como ex-militar obsesionado con las conspiraciones gubernamentales, y brilla como pocas veces cuando aparece en pantalla. Su compañera y protagonista, Mary Elizabeth Winstead, demuestra que sirve para algo más que ser la carnaza del remake de La cosa, aunque en esta ocasión sea el hilo conductor del argumento y ofrezca una interpretación basada más en la contención de las emociones.
La brillante música de Bear McCreary es una delicia (pocos no hemos caídos rendidos a sus pies después de su magnífica aportación a la serie Galáctica, estrella de combate junto a Richard Gibbs) que acompaña perfectamente a las imágenes, sin resultar impuesta y sin saturar al espectador, como es la tónica general en películas de acción.
Calle Cloverfield 10, al igual que Monstruoso, no es una película ni de un gran presupuesto ni cuyo final satisfará a todo el público (tampoco lo fue el de Super 8), pero es innegable la capacidad para construir una historia situada dentro del mismo universo, aportando un punto de vista alejado y que rompe con las reglas establecidas de las secuelas o los spin-off. Funciona perfectamente como película independiente y podría ser la confirmación de una nueva franquicia.

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