Crítica de ‘Zoolander 2’: La resurrección de la comedia absurda

Las críticas de Óscar M.: Zoolander 2
Existe un concepto cinematográfico al que algunos se refieren como “secuela tardía”, que consiste en realizar una continuación de una película cuando ha pasado demasiado tiempo desde la anterior como para que el público tenga interés (como ejemplo serviría la segunda entrega de Expediente X, durante aquella sequía que supuso la huelga de guionistas). Pero ahora llega Zoolander 2 a las carteleras y lo hace recuperando el espíritu original y multiplicándolo por dos.
El estreno hace quince años de Zoolander no agradó a muchos espectadores. Su finísimo humor y la autoparodia de la que hacía gala no se demostró en una recaudación importante en la taquilla (a pesar de recuperar los 28 millones invertidos y llegar hasta los 45 millones sólo en Estados Unidos). Pero el lanzamiento en formato doméstico hizo que se apareciera una legión de seguidores de Derek Zoolander, los cuales entendían su humor, su aparente falta de profundidad argumental y su crítica a la sociedad del momento.

Zoolander 2 llega en un momento perfecto, socialmente hablando. La realidad es mucho más absurda y estúpida de lo que era en 2001 y el mundo de la moda, aún peor. La secuela empieza muy fuerte (con la imposible y ridícula persecución del sobrevalorado Justin Bieber) y mantiene el tipo durante las casi dos horas de duración con constantes carcajadas gracias a situaciones cada vez más inverosímiles.
Y es que el siguiente resumen gigantesco de los 15 años que han sucedido entre ambas entregas no deja lugar a dudas de lo que vamos a ver: un auténtico desmadre de guión (como ya lo fue su antecesora), que sólo puede tomarse a broma y disfrutarse como si fuera en serio (como haría el propio protagonista). Un espectáculo lleno de diseños imposibles (el diseño de vestuario es una maravilla visual añadida), una trama de espionaje alocada y miradas “Acero azul”.
Son brutales los guiños, las parodias, los homenajes al mundo de la moda, cómo se ríe de sí misma y del submundo de los famosos… es divertida, hilarante, autoparódica, autocrítica, desternillante. Un sin fin de aventuras locas que la convierten en una secuela excelente, que no se limita a repetir el mismo esquema, llega innovando y dando un giro en la trama hacia el género de acción (gracias a la música instrumental compuesta por Theodore Shapiro y a un montaje de vértigo digno de una película de Misión: Imposible), sin perder el componente de locura y el nivel absurdo que tenía la primera entrega (y que exagera al máximo, como en las localizaciones iniciales de los protagonistas), ofreciendo un dulce caramelo para los seguidores más fieles.
El director, guionista y actor Ben Stiller cumple a la perfección su función en esta segunda parte, compartiendo parte del protagonismo en pantalla con un desternillante Owen Wilson, y dando un nuevo sentido al número 2 del título (no sólo porque aparezca el hijo del protagonista, también porque Derek y Hansel son ahora dos amigos, más Zoolanders que nunca).
Mientras que Will Ferrell mantiene su papel del villano de la trama como Mugatu sin aportar muchas novedades al personaje, quien se lleva todas las ovaciones es Kristen Wiig (y no sólo por su excelente y excesiva caracterización), capaz de provocar la carcajada con su dificultosa y complicada dicción. La peor elección de cásting es, con diferencia, Penélope Cruz, vocalmente deficiente e interpretativamente insuficiente. Aporta el componente europeo a la trama y hasta se ríe de sí misma (que no le viene mal), de sus tetas, de su lunar falso, pero su interpretación deja mucho que desear.
Por las imágenes de los créditos, se intuye que hay mucho más material rodado y una gran cantidad de escenas eliminadas, las cuales, esperemos, que formen parte de las ediciones domésticas, porque los seguidores de D.Z. ya estamos deseando tener en nuestras estanterías nuestra copia de Zoolander 2 y que se estrene Zoolander 3.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *