Crítica de ‘La habitación’: Un auténtico torbellino de emociones

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La habitación

Si antes de ver La habitación alguien me hubiera contado el argumento (algo que voy a evitar hacer aquí, sigan leyendo tranquilos) habría preguntado en qué cadena de televisión ponían semejante telefilm sin dudar que sería indefectiblemente a la hora de la siesta. Sin embargo, el director irlandés Lenny Abrahamson ha filmado una de las películas del año a partir de una historia que a priori no daba para ello. Buena parte de culpa tiene la guionista Emma Donoghue que ha escrito un consistente guion basándose en su propia novela homónima. 

Un primer visionado de la película para alguien que no sepa nada acerca de qué va (como era mi caso) resulta sin duda una experiencia turbadora, Donoghue desde el libreto y Abrahamson desde la dirección van administrando la información al espectador muy lentamente, como si fuera una de esas inyecciones que hay que poner muy despacito para que no hagan mucho daño. Porque ver La habitación puede doler. Juega con un material muy sensible y lo hace (al menos en los dos primeros tercios de su metraje) sin ningún edulcorante. Un niño llamado Jack que cumple cinco años en el momento que empieza la película (Jacob Tremblay) y su joven madre Joy (Brie Larson) viven en una escueta habitación en aparente normalidad, cocinan, juegan, ven la televisión, hacen ejercicio, se asean, comen y duermen. Pero no salen de allí y no sabemos por qué. Poco a poco la realización va dándonos pistas desde el guion a medida que madre e hijo avanzan en sus conversaciones y el niño es informado de lo que ocurre en realidad, algo que no encaja en su concepción de la existencia como una variable dicotómica: la habitación y lo que ocurre en la televisión. 
Un televisor que es en realidad la única ventana de esa habitación aparte de la claraboya del techo a la que Jack se dirige en sus ensoñaciones con unos emocionantes monólogos de enorme fuerza poética que el director nos ofrece mediante planos subjetivos con la voz en off del niño. Realidad y ficción son un conglomerado difuso en la mente de Jack cuya imaginación es aún más poderosa que la de cualquier niño de su edad. La inmortal obra de Lewis Carroll “Alicia en el País de las Maravillas” funciona como un perfecto resorte en el aprendizaje de Jack, su aprendizaje medible (la lectura) y no medible (la fantasía) que la guionista recrea con inteligencia y el director filma con sutileza. 
La aparición de un tercer personaje pone al espectador todavía más en guardia. ¿Quién es este sujeto cuyo rostro se nos oculta?, ¿qué hace allí?, ¿qué relación tiene con esa madre y ese niño de los que todavía no sabemos gran cosa? Nuevamente la información está sabiamente dosificada para que sigamos alerta, cada vez más constreñidos a las cuatro paredes de la habitación a la que hemos sido invitados para permanecer mudos e invisibles, pero estamos allí dentro porque Abrahamson nos ha metido sin que nos diéramos cuenta. Y queremos abrazar a ese niño y preguntar a esa madre qué está pasando, pero como en esas pesadillas en las que deseamos (necesitamos) gritar y no sale sonido alguno de nuestra garganta, comprobamos que no podemos comunicarnos con ellos. Pertenecemos al exterior aunque estemos dentro. No podemos responder a los gritos que madre e hijo lanzan a través del respiradero. 
Superado el primer tercio de la película algo ocurre, la narración cambia y Lenny Abrahamson decide sacar la artillería pesada para conseguir que a pesar de liberarnos como espectadores de nuestras claustrofóbicas sensaciones, apenas podamos coger aliento para vivir los momentos más emocionantes e intensos del film. Una realización efectista y una utilización un poco manipuladora de la música y del montaje consiguen que esta parte central de La habitación se vea con el alma encogida. Esa madre y ese niño están ya pegados a nosotros y no nos podemos desprender de ellos. Su suerte es la nuestra y el espacio entre nuestro cuerpo y la butaca se acorta hasta desaparecer. 
A partir de aquí, La habitación entra en el desenlace, hacen aparición otros personajes que completan un gran conjunto interpretativo. William H. Macy y Joan Allen están sencillamente fantásticos. La película se torna un poco didáctica y durante unos minutos flirtea levemente con el telefilm que podía haber sido (y afortunadamente no fue) para remontar en un memorable y emocionante final con una secuencia inolvidable.

Hay por tanto varias películas dentro de La habitación, y resulta deseable que el espectador llegue con la menor información posible, bastan unas pocas premisas (incluso ninguna) para sentarse a verla y dejarse llevar por el torbellino de emociones.

Tuve ocasión de verla hace unos días en un preestreno gracias a un buen amigo que tuvo a bien compartir conmigo su doble invitación, y a pesar de su aceptable doblaje (miedo me daba habiendo niños de por medio), espero con ganas la fecha de su estreno para volver a verla en versión original. La interpretación de Jacob Tremblay es de los mejores trabajos infantiles que he visto en mi vida, y nuevamente hay que reseñar el mérito de un guion que no pone en su boca frases que un niño de su edad (y condición) nunca diría, todo sale natural, sus emociones son sentidas y auténticas y su mirada es absolutamente enternecedora. Estaba perfectamente nominable a un Óscar que finalmente no le ha incluido entre el quinteto de finalistas ni como protagonista ni como actor de reparto. Si lo está Brie Larson que da un auténtico recital a lo largo de las dos horas de metraje. La inercia de los premios tras ganar el Globo de Oro, el Premio de la Crítica Cinematográfica, el Premio SAG (sindicato de actores) y el BAFTA hace pensar que será la ganadora del Óscar a la mejor actriz el próximo día 28 de febrero y no seré yo quien alce la voz en contra si así es. La excelente actriz norteamericana (y olvidable cantante) que ya sorprendiera en Las vidas de Grace (Destin Cretton, 2013) tiene por delante una prometedora carrera.

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4 comentarios sobre “Crítica de ‘La habitación’: Un auténtico torbellino de emociones

  • el 17 febrero, 2016 a las 10:26 pm
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    Después de ver la película y gustarme "a secas" con el paso de los días su recuerdo se agranda en mi interior y va ganando enteros. Las interpretaciones de lo mejor del film. La química que desprenden Brie Larson y el pequeño Jacob Tremblay traspasan la pantalla y ambas interpretaciones se retroalimentan, por lo que los premios deberían darse en pack. No digo más

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  • el 21 febrero, 2016 a las 2:08 am
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    mi sensación fue la misma al verla…. Ese niño… Ademas yo si la he visto en VOSE y es…. Si es que parecería que le esta pasando todo de verdad. Tengo una hija de la misma edad, y me he sobrecogido varias veces porque he visto a mi hija en las reacciones.
    Brie esta increible, pero lo de Jacob….. es una pasada de actuación.

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  • el 28 febrero, 2016 a las 8:41 am
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    El título e la crítica me parece haberlo oído en alguna canción de U2, me suena

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