Crítica de ‘Carol’: Algo más que una historia de amor, algo más que dos maravillosas actrices

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Carol

Hay miles de películas que tratan sobre
historias de amor. Es cierto que muchas siguen un patrón arquetípico repetitivo
que ha degradado el género romántico hasta hacer que muchos espectadores no se
lo tomen en serio. Otras sin embargo, consiguen trascender en el tiempo y se
convierten en clásicos inolvidables que nos conmueven una y otra vez aunque las
hayamos visto decenas de veces. No sé dónde está el secreto pero no creo que
sea una única razón lo que diferencia a las segundas de las primeras, la
química entre los protagonistas parece esencial, pero también la fuerza de un
guion bien escrito que evite las frases huecas, la delicadeza filmando de un
director que trate de huir del camino trillado para contar las cosas de otra
manera y la apuesta estética que aderece el film con una fotografía, banda
sonora, vestuario y dirección artística coherentes que se fusionen como un todo
armónico y sostenga la narración y acomode a los intérpretes. 

Una de mis discusiones más frecuentadas con
mis amigos cinéfilos es el tiempo que debe pasar para que una película pueda
ser considerada un clásico (o si es siquiera necesario que pase el tiempo y existen los clásicos instantáneos) y todavía no hemos logrado ponernos de acuerdo. No
tengo ni idea acerca de si Carol se convertirá en un clásico o pasará a la larga lista
de películas que no resisten el paso del tiempo, pero sí me atrevo a decir que
tiene alma y materia para perdurar. 
El magnífico plano secuencia con el que
arranca Carol supone una auténtica declaración de intenciones sobre lo que
vamos a ver durante las siguientes dos horas: una sobredosis de gran cine
filmado con exquisita elegancia y delicado sentido de la narración mecido por
una banda sonora que nos empapará el alma. Cate Blanchett y Rooney Mara, sus
actrices protagonistas (ambas lo son, la consideración de Mara como actriz de
reparto en los Óscar es puro oportunismo para acaparar nominaciones) realizan
dos interpretaciones maravillosas; cargada de elegancia Blanchett y de una
vulnerabilidad desarmante Mara que realiza probablemente el mejor trabajo de
su carrera hasta ahora. Completan el reparto (estos sí) Sarah Paulson y Kyle Chandler con dos trabajos notables.
Blanchett y Mara son Carol Aird y Therese
Belivet, una mujer acomodada y una dependienta de grandes almacenes
respectivamente que se sienten irrefrenablemente atraídas lo cual les llevará a
iniciar un camino de descubrimiento de la sexualidad como trasfondo y del amor
en primer plano (aunque esto admite que haya quien lo vea al revés).
El director Todd Haynes, que se hizo célebre
en 2002 por reinventar el cine a lo Douglas Sirk en Lejos del cielo con una
soberbia Julianne Moore, solo ha filmado desde entonces un largometraje para la
gran pantalla, la marciana y desigual I’m not there (2007) sobre la vida de Bob
Dylan
, y una miniserie para la pequeña (pantalla), la maravillosa Mildred
Pierce
, protagonizada por Kate Winslet, para esa factoría de hacer ficción de
calidad llamada HBO. En sus tres mejores obras se apoya en grandes actrices
(Moore, Winslet, Blanchett) para filmar algo tan arriesgado como el melodrama
manteniéndose en el finísimo filo que delimita sensibilidad y sensiblería sin
caer nunca de este último lado. 
Para ello, Haynes adopta una mirada limpia, rehúye
el fácil y manido recurso de expresar las emociones únicamente a través de las
palabras y del desgarro de sus protagonistas para desplazar la carga emotiva a
una sabia utilización de varios objetos inanimados a los que llena de contenido
poético: el precioso tren de juguete, los guantes (que propician el reencuentro
de los personajes), la agenda en la que Therese apunta sus pequeñas cosas, los
discos de vinilo, la cámara de fotos, el arma, el teléfono al que se susurran
palabras que no encuentran oído al otro lado del auricular… Todo es sutil, delicado,
y respetuoso con la emotividad del espectador.
Mucho mérito de esto radica en el buen guion
de Phyllis Nagy  que adapta una
controvertida novela de Patricia Highsmith que inicialmente publicó en 1952 con
el título “El precio de la sal” bajo el seudónimo Claire Morgan y no se atrevió
a reeditar con su auténtica firma y retitulada como “Carol” hasta 37 años
después. No resulta difícil comprender las razones por las que la autora no se
atrevió a firmar su obra en plenos años cincuenta en unos Estados Unidos
dominados por un conservadurismo recalcitrante. La historia de amor entre dos
mujeres en la cual Highsmith aludía a su propia homosexualidad no parecía la
manera más apropiada de continuar una carrera iniciada con el éxito que le
proporcionó su primera novela “Extraños en un tren” escrita tan solo dos años
antes. 
Hacía mucho tiempo que no sentía el
irreprimible impulso de salir disparado del cine a buscar una tienda donde
comprar el disco con la banda sonora de la película que acababa de ver. Hubo un
tiempo en que me ocurría muy a menudo (John Barry, Ennio Morricone y Michael
Nyman
solían ser los culpables) pero, cosas de la edad, supongo, llevaba tiempo
sin hacerlo. La banda sonora de Carter Burwell es de esas que trasciende la
película y hace que cuando se escucha uno visualice mentalmente planos del
film. Con ecos de Philip Glass especialmente en el tema inicial, la partitura va encontrando poco
a poco una personalidad propia que contribuye inequívocamente a la emoción del
espectador sin realizar burdos subrayados. 
En cuanto a la dirección artística, si no
fuera porque murió en 1967 pensaría que se la habían encargado al pintor Edward
Hopper
, no sé hasta cuántos cuadros suyos se pueden reconocer en planos de
Carol, cuando la película sea editada en formato doméstico volveré a verla en
mi casa identificando todos los cuadros que pueda, pero la huella del pintor
americano es obvia para cualquiera que conozca aunque sea someramente su obra.
La fotografía de Edward Lachman y el vestuario de la infalible Sandy Powell (dos
de las cinco nominaciones al Óscar a mejor vestuario de este año son suyas, por
Carol y por La Cenicienta) completan una película redonda en la que nada falla y
que incomprensiblemente fue ninguneada por el jurado en el pasado Festival de
Cannes
que la despachó con un solo premio, el de interpretación femenina para
Rooney Mara, que para mayor escarnio hubo de compartir con Emmanuelle
Bercot
por Mon Roi
Tampoco los Óscar han sido
demasiado generosos con Carol pues a pesar de sus seis nominaciones (las dos
actrices, el guion, la banda sonora, la fotografía y el vestuario) ha sido
incomprensiblemente apartada de las categorías de mejor película y mejor
director. No tiendo a utilizar los Óscar (ni siquiera el Festival de Cannes)
como barómetro del mejor cine del año, pero negar la importancia y repercusión
de estos premios (y del Festival de Cannes) sería estúpido y creo firmemente
que Carol es una de las mejores películas de 2015.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘Carol’: Algo más que una historia de amor, algo más que dos maravillosas actrices

  • el 7 febrero, 2016 a las 8:05 am
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    me alegro mucho por esta crítica, en la línea de lo que pensaba ya sobre la película

    Respuesta

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