Crítica de ‘Respira’: La brecha europea

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Respira

Respira es el sexto largometraje del director alemán Christian Zübert que llega a las pantallas comerciales tras su paso por varios festivales, entre ellos la quincuagésimo tercera edición del Festival Internacional de Cine de Gijón en el cual fue la película encargada de clausurar el certamen.


El guion, coescrito por el propio director junto a su esposa Ipek Zübert transita de la crónica social al melodrama y finalmente al suspense para componer una película compleja que va de menos a más y deja en el espectador un poso mayor del que puede parecer tras un aspecto de telefilm que no le hace justicia. 

A pesar de algunos personajes secundarios desaprovechados que podrían haberse desarrollado mucho más en el guion (y posteriormente durante la filmación y montaje), Respira gira fundamentalmente en torno a sus dos protagonistas femeninas, Elena  una joven griega sin esperanzas de encontrar trabajo en su Grecia natal y Tessa una mujer alemana que se incorpora a su trabajo tras su reciente maternidad y precisa de los servicios de una cuidadora para su pequeña Lotte. 
La película está estructurada en dos capítulos que llevan por título “El viaje de Elena” y “El viaje de Tessa” y Christian Zübert, como parece obvio suponer, cuenta la primera parte de la película a través de la mirada de Elena y la segunda parte desde el punto de vista de Tessa, creando entre ambas partes una hábil transición que repite el momento álgido de la trama narrado desde la perspectiva de ambas mujeres. En realidad, Respira son dos películas en una, dos mujeres en una y dos dramas diferentes que terminan por confluir en una despiadada mirada hacia la Europa de dos velocidades encarnadas en sus dos protagonistas, que no de forma accidental, son una griega y una alemana. 
El viaje de Elena.
Elena es una joven griega sin trabajo y con un novio un tanto insustancial del cual se ha quedado embarazada que, como tantos jóvenes en los países del sur de Europa, se ve obligada a viajar a Alemania para buscar trabajo. Elena sufre el desarraigo de abandonar su país, su familia y su entorno para poder salir adelante, pero al mismo tiempo siente el ardor de la aventura, de un cambio de vida ante la perspectiva de vivir “el sueño alemán” al estilo del clásico sueño americano que tantas veces hemos visto en las películas de Hollywood. 
Una vez en Alemania se ve obligada a trabajar en algo para lo que resulta evidente que no tiene ni cualidades ni paciencia: cuidar un bebé mientras su madre se va a trabajar. Hacer convivir las exigencias de su trabajo con sus propias necesidades vitales pondrán a Elena en una difícil situación en la que cometerá un garrafal error que será determinante en su vida. 
El personaje, fantásticamente interpretado por la debutante actriz griega Chara Mata Giannatou, compone la primera mitad de la película a la que el espectador asiste con la sensación de que va a ver una película ya vista muchas veces, un nuevo drama social al estilo de los hermanos Dardenne (de hecho hay cierta huella de los cineastas belgas en el modo de filmar de Zübert) o del británico Ken Loach
Pero en un momento dado que supone el punto álgido argumental del film, el tono de la película gira del drama social al melodrama. Y no será el último giro.
El viaje de Tessa.
Es necesario vivirlo para calibrar exactamente la desazón que produce dejar a un hijo pequeño al cuidado de otra persona, ya sea en una guardería o en el propio hogar a cargo de una niñera. Y aunque es una sensación que parece patrimonio exclusivo de las madres, puedo asegurar por experiencia propia que también es sufrida por muchos padres. Las políticas de conciliación de la vida familiar y laboral son una de las mayores falacias de las sociedades modernas y tras ver Respira, me reconforta ligeramente (por aquello de “mal de muchos consuelo de tontos”) comprobar que en la “potente” Alemania las cosas no son demasiado diferentes a lo que ocurre en España. 
Tessa es una joven madre alemana que se incorpora a su trabajo tras su reciente maternidad y precisa de los servicios de una cuidadora para su pequeña Lotte. El personaje, muy bien escrito en el guion e interpretado con rigor por la actriz alemana Jördis Triebel, transmite la turbulenta mezcla de sentimientos que una mujer tiene en ese trance de su vida: el dolor que produce separarse de su hija durante unas horas al día tras unos meses en los que se crea un vínculo tan intenso; el alivio que supone “descansar” durante unas horas del duro papel de madre para hacer algo distinto, aunque sea trabajar; la incomprensión de determinadas personas que en pleno siglo XXI siguen sin aceptar que una mujer quiera trabajar y la juzguen por no dedicarse exclusivamente al rol de madre (Tessa lo sufrirá a través de su suegra); y finalmente la situación de sentirse desubicada en el trabajo en el que parece que durante tan sólo unos meses de ausencia, todo ha cambiado. Ni su jefe ni, lo que es más doloroso, su compañera mujer muestran predisposición para ayudar o a mostrarse comprensivos con la necesidad de adaptarse. La suma de todas estas circunstancias da como resultado la sensación de culpabilidad que una madre siente en este momento vital y que Jördis Triebel lleva dibujada en su rostro a lo largo de toda la película.
Aunque todas las sinopsis de la película que he leído lo destripan, no pienso contar el momento central del film a partir del cual el tono vuelve a virar, en este caso del melodrama al suspense (thriller me parece mucho decir) y será Tessa quien viajará a Grecia para tratar de resolver la situación dramática planteada.
Jördis Triebel carga sobre sus hombros todo el peso argumental e interpretativo de este último tramo de la película y sale más que airosa de un final en el que Christian Zübert renuncia a juzgar a sus personajes o a pontificar con moralejas aleccionadoras, lo cual es muy de agradecer.

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