Crítica de ‘La chica danesa’: De los ganadores del premio de la academia…

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La chica danesa

No había pasado demasiado tiempo desde que Eddie Redmayne recogiera su flamante Óscar por interpretar a Stephen Hawking en La teoría del todo cuando empezaron a circular las primeras imágenes del actor británico caracterizado de mujer en lo que sería su nuevo film, La chica danesa, sobre la novela homónima de David Ebershoff inspirada en las vidas del pintor Einar Wegener (más tarde Lili Elbe) y su esposa, también pintora, Gerda Wegener.

Pues bien, ha llegado el momento (para las salas comerciales españolas pues la película se estrenó en el pasado Festival de Venecia sin pena ni gloria) de descubrir qué hay detrás de tan sugerente caracterización. Y lo que hay es precisamente lo esperable, una nueva producción británica que llevarse al paladar cinéfilo para consumir un par de horas de cine “bien hecho” de las que dejan un buen sabor de boca pero al cabo de unos meses uno recuerda con cierta pereza. 
En La chica danesa se encuentra todo lo que esperaría encontrarse en una película de este corte, a saber: acertada recreación de la época (Copenhague, 1926) con vestuario y dirección artística acordes, exquisita puesta en escena, esteticista fotografía, sobresalientes interpretaciones de un depurado reparto y la preciosista banda sonora de un Alexandre Desplat que comienza a repetirse un poco. 
Y con estos ingredientes, el director señalado no puede ser otro que Tom Hooper que hace cinco años copó los Óscar más importantes del año con El discurso del rey (2010), una película de corte muy similar a la que nos ocupa (aunque muy diferente argumentalmente) y dos años después con Los Miserables volvió a cosechar ocho nominaciones al Óscar alzándose con tres de ellos. Hooper se limita a ajustar todos los lujosos ingredientes del film (los citados y algunos más) para armar una película sólida, irreprochable desde el punto de vista formal y en definitiva, otro de esos largometrajes que parecen concebidos para recolectar premios desde el canon del academicismo británico. 
El problema de algunas de estas películas, y La chica danesa responde a este argumento, es que en aras de lograr tal perfección técnica y artística, se sacrifican otros componentes imprescindibles como la emoción o la trascendencia de los personajes fuera del encorsetamiento de un guion demasiado políticamente correcto, y el resultado acaba acusando cierta frialdad y cierta desafección con el espectador que termina asistiendo al film con desapego cuando no con indiferencia. 
No conozco en profundidad los pormenores de la vida real de Lili Elbe y Gerda Wegener y no he leído la novela de David Ebershoff, pero habida cuenta de que el propio autor declara no haber tenido la intención de contar una historia real y describe su novela como una ficción acerca de la vida de Lili Elbe, la aplicación del término biopic a La chica danesa me parece un poco traído por los pelos. El guion de Lucinda Coxon evita cualquier roce con lo presuntamente escabroso y si de algo peca es de excesiva corrección, lo mismo puede decirse de la dirección de Tom Hooper, muy limpita, muy correcta y poco o nada audaz.
Eddie Redmayne da vida al pintor Einar Wegener, un paisajista de notable habilidad técnica pero que jamás habría pasado a la historia de la pintura de no ser por su condición de transexual en una época y una sociedad que ni conocía ni aceptaba este tipo de diferencias biológicas con un mínimo de tolerancia. Redmayne tiene un físico perfecto para hacer este papel, y eso es una premisa que no se puede obviar, su rostro un tanto aniñado, su tez blanca y fina le sirven a la perfección como punto de partida para crear el personaje. Pero a partir de su propio cuerpo y rostro, Eddie Redmayne realiza un sobresaliente trabajo lleno de matices, de sensibilidad y especialmente de sutileza. Pocas veces hemos visto a un actor (heterosexual para más señas) encarnar la feminidad con tanta delicadeza sin caer en ningún momento en el burdo estereotipo o en la chabacana sobreactuación. 
También sobresale Alicia Vikander, una de las actrices más prolíficas de 2015 (hasta cinco títulos fechados en el año se cuentan en su filmografía), en el papel de su esposa Gerda Wegener, una joven alegre y entusiasta de la vida, que alcanzó notoriedad como pintora e ilustradora, llegando a trabajar para la revista Vogue durante su estancia parisina. Vikander aporta al personaje la complejidad necesaria para transmitir la evolución que la lleva de la turbación ante el descubrimiento de la condición sexual de su esposo hasta la desinteresada ayuda que le brinda en los momentos más difíciles. Suyos son algunos de los momentos más intensos de un film que lo que cuenta, por encima de todo, es una abnegada historia de amor. 
Del resto del reparto cabe destacar a Matthias Schoenaerts que desde que despuntó en De óxido y de hueso (Jacques Audiard, 2012) se ha convertido en un imprescindible de los repartos internacionales y ha dado el salto a las producciones de primera línea. Su papel en La chica danesa no tiene demasiado peso en el conjunto del film, pero su presencia en el último tercio del mismo aporta un personaje de gran atractivo dramático y que servirá convenientemente a la trama. Completan el elenco Amber Heard, Ben Whishaw y el alemán Sebastian Koch al que hemos podido ver en la quinta temporada de Homeland
La chica danesa recibió tres nominaciones a los Globos de Oro aunque no obtuvo ninguno de ellos, y tiene actualmente cinco a los BAFTA, siete a los Satellite Awards y cuatro a los Óscar, las correspondientes al mejor actor principal (Eddie Redmayne), mejor actriz de reparto (Alicia Vikander), mejor diseño de producción y mejor vestuario para el español Paco Delgado.

La película, como he dicho, parece concebida para ganar premios. Llegó la época de la recolección, veremos cuanto se llena el cesto.

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