Crítica de ‘El gran museo’: Una epopeya museística

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El gran museo

El Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum) sirve de escenario para que el director Johannes Holzhausen filme un auténtico tratado de museología en formato de documental cinematográfico. Con un concienzudo guion escrito junto a Constantin Wulff, el documentalista Holzhausen recoge el día a día de un museo al que muestra como un ente vivo y en continua transformación, creando una imagen muy alejada de la idea tradicional de museo como mero contenedor de obras artísticas. 

El Gran Museo se plantea, por el contrario, como un diálogo enriquecedor entre todos los elementos que conforman la actividad museística, y el primero de estos diálogos es el que se establece, de un modo inmaterial, entre el museo-edificio-continente de objetos artísticos y las propias obras en sí. Asistimos así a la transformación de los espacios de exhibición que tuvieron lugar entre los años 2012 y 2013 cuando el Kunsthistorisches Museum sufrió una serie de trabajos de remodelación para acoger la Kunstkammer, que a modo de los antiguos Cuartos de Maravillas o Gabinetes de Curiosidades incluyen objetos artísticos e históricos de diversa índole. 
El espectador es invitado a seguir las obras de reforma y acondicionamiento al tiempo que asiste al delicado y meticuloso trabajo diario de los restauradores que muestran un amplio abanico de técnicas según la naturaleza de la pieza de arte. La desinsectación de una pintura sobre tabla, la limpieza de una escultura policromada o la reconstrucción de la maqueta de un navío de diferentes materiales son algunos de los procesos que Holzhausen filma con mirada de entomólogo. 
Además, convertidos en voyeurs ocasionales, observamos cómo es la vida del museo cuando éste cierra sus puertas, las labores de limpieza, el funcionamiento de los sistemas de prevención, la comprobación de la seguridad, y tenemos acceso a espacios no visitables que gracias a la cámara de Johannes Holzhausen quedan al descubierto. 
La recepción de nuevas obras, su descripción, catalogación y documentación histórica, incluyendo la identificación de los personajes representados o la búsqueda del rastro de la autoría por parte de los historiadores del arte, ocupa también un destacado papel en el complejo entramado de funciones que El Gran Museo muestra de un modo muy accesible y entretenido para el gran público a lo largo sus 94 minutos. 
La participación del personal del museo en el proyecto es absolutamente ejemplar habida cuenta que estamos ante un documental atípico por la arriesgada (y acertada) decisión de prescindir de las entrevistas directas a cámara y el uso de la voz en off como recurso narrativo. Las cámaras conviven con los citados restauradores o historiadores del arte, pero también con los vigilantes de sala y con el personal de administración con la misma naturalidad con la que están presentes en las reuniones entre los miembros del equipo directivo que muestran la gestión del museo a través de la toma de decisiones acerca de las asignaciones presupuestarias, las campañas de marketing, el diseño de las entradas o el establecimiento de precios. Oímos las conversaciones entre unos y otros sin que nadie muestre el más mínimo signo de incomodidad por sentirse filmado. 
Y son precisamente los gestores del teatro encabezados por su directora Sabine Haag los que ilustran el documental con una serie de interesantísimas conversaciones en las que reflexionan sobre las funciones sociales y culturales de un museo, su responsabilidad como gestores de fondos públicos, la evolución del concepto de exhibición del “objeto artístico” o los modos de crear vínculos entre las obras y los visitantes. 
En definitiva, a pesar de circunscribirse al Kunsthistorisches Museum vienés, El Gran Museo sirve como un referente teórico y práctico a la museología en general que hará las delicias de los amantes del arte y servirá para abrir los ojos a los que piensan que los museos son instituciones anquilosadas en el tiempo en los que colgar cuadros en sus paredes o depositar esculturas sobre peanas.

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