Crítica de ‘Bendita calamidad’: Disparatada comedia mañica

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Bendita calamidad

La comarca de Tarazona y el Moncayo en la provincia de Zaragoza sirve de escenario a una alocada historia en la que dos secuestradores de pacotilla, una periodista ambiciosa, un constructor corrupto, un abogado sin escrúpulos, un policía tontorrón y un obispo muy espabilado darán vida a una disparatada comedia con mejores intenciones que resultados. Aunque Bendita calamidad lleva más de un par de meses en las carteleras de Aragón, se produce este fin de semana el estreno a nivel nacional de esta película que adapta la novela homónima del periodista y escritor Miguel Mena.

Bendita calamidad supone el debut en la dirección de largometrajes de ficción de Gaizka Urresti al que llega con un amplio bagaje como cortometrajista culminado en 2013 con el Goya al mejor cortometraje de ficción por el notable Abstenerse agencias (2012). 
Urresti se rodea de un reparto un tanto desigual en el que sobresale, con tres cuerpos de distancia sobre el siguiente, el gran Luis Varela que es el cuerpo y alma de la película interpretando con gracia e inteligencia al obispo de Tarazona, personaje alrededor del cual, y por un error de cálculo, se desarrolla toda la trama. Varela que es uno de esos grandes actores cuyo talento los productores y directores españoles se empeñan en ignorar es el único que parece sentirse verdaderamente cómodo en un papel que estaba originariamente destinado a otro grande, Alex Angulo, que perdió la vida en un accidente de tráfico precisamente cuando viajaba al rodaje de esta película. 
Carlos Sobera, cuyas dotes de actor están también infravaloradas (cualquiera que le haya visto en un teatro sabe de lo que es capaz) no está particularmente brillante en un papel demasiado prototípico en el que tira de recursos fáciles y tics que le hemos visto cientos de veces en cualquiera de sus programas de televisión. Más o menos lo mismo puede decirse de Juan Muñoz, la “otra” mitad de Cruz y Raya, cuyo trabajo no difiere mucho de un sketch alargado de sus tiempos con José Mota. Tampoco brilla Carmen Barrantes con un personaje arquetípico y simplón. Enrique Villén tiene momentos divertidos que saca adelante a base de oficio y tablas, pero su personaje desaparece durante demasiado tiempo de la trama y se echa en falta que su papel tuviera un poco más de enjundia. En cuanto a la pareja de hermanos metidos a secuestradores accidentales, un divertido Jorge Asín se come continuamente a Nacho Rubio que no acierta en ningún momento a sacar comicidad de sus situaciones y diálogos. 
Bendita calamidad es una de esas películas en las que es imprescindible que el espectador conecte con la comicidad que Gaizka Urresti plantea desde un guion, en mi opinión, escrito con trazos demasiado gordos. Sin duda habrá espectadores que se divertirán mucho y me consta que en Aragón la película está siendo un éxito. Yo no consigo conectar demasiado ni con la historia ni con la pretendida gracia, no encuentro un gramo de sutileza en las muchas (quizá demasiadas) situaciones pretendidamente cómicas, me sobran algunas secuencias que parecen ocurrencias en pleno rodaje, unos cuantos chistes demasiado chuscos y varios guiños localistas que harán partirse de risa a los espectadores de la comarca pero dejarán un tanto fríos a los que no los pillen. También hay cierto abuso de momentos de “slapstick” unos mejor conseguidos que otros. Creo que la película se hubiera beneficiado mucho de un filtrado más exigente del guion antes de comenzar el rodaje y de una mayor contención a la hora de incorporar gags durante el mismo. 
Aunque la producción es más que notable, las localizaciones en los alrededores del Moncayo sostienen con brío la película y Luis Varela está inmenso, la realización no deja de despedir cierto aroma a amateurismo y recuerda a un cine español de otros tiempos que a menudo ocupa las tardes de los sábados en Televisión Española con no poca audiencia. Precisamente por eso, no pongo en duda que Bendita calamidad que no deja de ser entretenida y con momentos divertidos, puede servir perfectamente para ocupar un par de horas de ocio a espectadores que no busquen más que esparcimiento.

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