Crítica de ‘La próxima vez apuntaré al corazón’: Guillaume Canet brilla en un thriller a la francesa

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La próxima vez apuntaré al corazón

Hay películas que se construyen por completo en torno a un personaje. Sobre él se apoya la trama argumental, la planificación de las secuencias e incluso la concepción estética del film. Ese es el caso que nos ocupa. La próxima vez apuntaré al corazón es una reconstrucción de los hechos reales que en 1978 tuvieron perturbada a la población del departamento francés de l´Oise a raíz de la aparición de varias jovencitas asesinadas por lo que parecía un asesino en serie. Cuando una película se apoya de tal manera en un personaje, es necesario que el actor que lo interprete esté dotado de una presencia en pantalla lo suficientemente poderosa como para soportar el peso de la trama. 

Hace ya muchos años que Guillaume Canet demostró que era algo más que el guaperas adecuado para protagonizar las principales comedias románticas francesas, hoy es uno de los más talentosos cineastas franceses que en los últimos años cultiva con igual dedicación su faceta interpretativa como la dirección de largometrajes con la que se ha labrado una sólida filmografía que lleva ya cuatro títulos. 
En La próxima vez apuntaré al corazón, Guillaume Canet se pone a las órdenes de Cédric Anger, un antiguo crítico de cine de la prestigiosa revista Cahiers du Cinema que decidió dedicarse a escribir y dirigir películas. La próxima vez apuntaré al corazón es su tercer film como director, el primero que se estrena en las salas comerciales en nuestro país. 

Cédric Anger es también el autor del guion para el cual se inspira en el libro “Un assassin au-dessus de tout soupçon” (Un asesino por encima de toda sospecha) del periodista francés Yvan Stefanovitch que reconstruyó en él la historia del gendarme Alain Lamare.  En su película, Cédric Anger cambia el nombre del personaje real Alain Lamare por el de Franck Neuhart (Guillaume Canet), y escribe un guion compacto que lleva a la pantalla con una cuidadísima creación de ambientes a través de la fría fotografía de Thomas Hardmeier y la música (un tanto convencional) de Grégoire Hetzel.


Guillaume Canet compone su personaje a partir de una desafectada línea interpretativa que huye notoriamente de los tics y extravagancias con los que suelen adornarse los serial killers en el cine. Su personaje, una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, es al tiempo del asesino, uno de los gendarmes de la patrulla que debe apresarlo. Y, antes de que se me acuse, esto no es ningún spoiler, pues ese es precisamente el punto de partida del film, hacer saber al espectador quien es el asesino desde el principio.

En su apuesta por la contención, Guillaume Canet perderá efectismo en su faceta de asesino, pero ganará fuerza para turbar y perturbar a sus compañeros, a sus ocasionales víctimas, a su novia (Ana Girardot) y a los espectadores de la película en los momentos en los que vive y trabaja como gendarme. Su cara de atolondrado, de que la cosa no va con él, le permite componer un personaje diferente a lo habitual, sus actos son fruto de diferentes estados de ánimo engendrados por reflexiones maduras. Canet encarna con sutileza cualidades tan terribles como la hipocresía, el egoísmo, la crueldad y la indiferencia por el sufrimiento ajeno. 

La próxima vez apuntaré al corazón resulta un poco inclasificable aunque termine finalmente por caer dentro de los cánones del thriller, aun así, que nadie espere una película de acción trepidante a pesar de que haya alguna que otra persecución, el mérito de la película recae, además de en la interesante interpretación de Guillaume Canet, en la recreación de la época, y en la adopción de un particular tono narrativo y estético que otorgan a la película cierto aire de cine de autor, algo a lo que Cédric Anger, que como dijimos fue cocinero antes que fraile, no parece querer renunciar.

El demérito de la película radica, además de en alguna que otra caída de ritmo, en que el suspense se diluye desde el principio cuando el director decide dar al espectador toda la información, lo cual hace que la película tenga poco “músculo”. A pesar de tratarse de una historia basada en hechos reales, podría haberse planteado una planificación (obviamente desde el guion) en la cual el espectador no supiera en realidad quien es el asesino hasta el final. De esta forma, además de interpretación y realización notables, habríamos tenido una tensión más que agradecible.

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