Crítica de ‘El hombre que quiso ser Segundo’: El último truco de Segundo de Chomón

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El hombre que quiso ser Segundo

Es curioso comprobar como la memoria no trata por igual a todos aquellos que hicieron algo para perdurar en el recuerdo o en los escritos sobre la historia del cine (imagino que esto es extensible a cualquier otra disciplina artística e incluso científica). En cualquier tratado de historia del cine  figura incuestionablemente el nombre de Georges Méliés como el de uno de los pioneros (siempre es esta palabra la elegida) de la invención y empleo de numerosos avances técnicos que hicieron que el primitivo invento del cine se convirtiera en un instrumento mágico. Pero no todas las historias del cine se ocupan con detalle del nombre de Segundo de Chomón, hasta el punto de que su existencia es desconocida para los no iniciados en el estudio del nacimiento y desarrollo del cine como técnica, como arte y como herramienta narrativa.

Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz es probablemente el primer director de cine español del que se tiene constancia. Su obra, casi desconocida, ha estado siempre a la sombra del citado Georges Méliès a quien Segundo admiraba y con quien siempre quiso trabajar; y, al igual que el genio francés, Chomón investigó profundamente sobre las técnicas de animación cinematográfica mediante la creación de maquetas, las sobreimpresiones, las dobles exposiciones, y el coloreado de los fotogramas. Pero su contribución al desarrollo del cine no se ciñó únicamente a la animación o los efectos especiales, fue además un maestro de la iluminación y de primitivas técnicas narrativas como las elipsis y el montaje paralelo.

Aunque con clara vocación documental pero convenientemente ficcionado en la mayoría de su metraje, el largometraje El hombre que quiso ser Segundo supone una entretenidísima reivindicación de la figura de Segundo de Chomón a través de la incierta figura de su hermano gemelo Primo de Chomón.

Ramón Alòs dirige con mano maestra una película que si bien en su primera mitad se apoya claramente sobre su vertiente documental, a medida que avanza el metraje se adentra con acierto en el suspense que mantiene al espectador continuamente interesado en lo que le están contando, y lo que tiene aún más mérito en un documental, en cómo va a terminar el desenlace de la historia.   

El hombre que quiso ser Segundo discurre sobre la investigación que realiza el propio director Ramón Alòs, que  tiene su alter ego en pantalla interpretado por el actor italiano Enrico Vecchi en un convincente trabajo que a cualquiera que no conozca al propio Alòs (he de confesar que ese era mi caso) le llevaría a pensar que actor y director son una misma persona. No está mal esta confusión de identidades para abordar este interesante trabajo que gravita precisamente en torno a la precaria naturaleza de la identidad.


El trabajo de recopilación material es ingente, tanto en el aspecto documental como en el visual, la investigación llevada a cabo por Ramón Alós es salpicada a menudo por breves fragmentos de la obra de Segundo de Chomón puesta en comparación con la de otros maestros del cine, fundamentalmente de Méliès. Así mismo, fotografías del auténtico Segundo de Chomón se entrelazan con las filmaciones de Ramón Langa que con gran prestancia da vida a ambos hermanos en la ficción. 

Partiendo de su nacimiento en 1871 en Teruel, El hombre que quiso ser Segundo hace un recorrido completo por la vida y obra de Segundo de Chomón a través de la documentación existente y una serie de cartas que atestiguan la supuesta relación epistolar entre ambos hermanos Primo y Segundo. Su época francesa en la productora Pathé durante la cual, para su disgusto, fue el gran rival de Méliès y su posterior trabajo en Italia ocupándose de los efectos especiales de Cabiria (Giovanni Pastrone, 1914) son recogidos en el documental al tiempo que Ramón Alós/Enrico Vecchi recorren archivos y registros civiles para testimoniar la existencia de su hermano Primo

En definitiva, El hombre que quiso ser Segundo funciona a la perfección en su doble vertiente, por un lado es un exhaustivo e interesante documental que hará las delicias de los amantes de los orígenes del cine y por otro, un entretenidísimo film de ficción en el que Ramón Alòs dosifica con tino la narración hasta su sorprendente desenlace.

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