SEFF 2015. Sección Oficial (Fuera de concurso). Crítica de ‘El tiempo de los monstruos’: Lo que cuenta es el final

Las críticas de Fernando Quintero en el SEFF ’15: El tiempo de los
monstruos
Se puede leer la sinopsis de la película y ver imágenes tras imágenes de la misma y por mucho que se intente, nadie se va a enterar de nada. En pocas palabras, y como se cita en la propia película, El tiempo de los monstruos habla sobre el cine y el discurso artístico y con esta premisa es con la que hay que entrar a ver esta obra que sirve como recuerdo y homenaje hacia la directora Dunia Ayaso.

Hacer una crítica de El tiempo de los monstruos es detallar cada uno de los rasgos que pueden llegar a suceder a lo largo de la cinta, empezando sobretodo por sus ocho personajes protagonistas y que no llegan a ser principales en el conjunto del largometraje, sino que ante nuestros ojos van in crescendo más y más hasta lograr el protagonismo deseado y tener todo el peso de la trama en el momento que se le requiere.
Es interesante este cambio de rol a lo largo de toda la película por parte de todos y cada uno de los personajes. En un principio Víctor (el personaje de Javier Cámara) parecía que iba a ser el protagonista absoluto de esta estrambótica reunión, pero la aparición del Personaje Nuevo / Jorge (interpretado por un genial Jorge Monje) tambalea el que iba a ser el rodaje de la película póstuma del director que se encuentra recluido en su casa. Importante es la presencia de Jorge pues hasta el ecuador de la película, es el mismo público el que se siente identificado con él, pero el vuelco hacia otros personajes hace la perdida del guión hacía nuevas conclusiones.
El resto de actores que completan el reparto son igual de importantes y es de admirar que no destaque la interpretación de ninguno por encima de otro. Si quizá destacan más Candela Peña, con una audaz actuación en la que intenta en todo momento acaparar la pantalla, y Carmen Machí, que con esa serenidad e infame actitud en diversos momentos, demuestra quien es la persona que manda en esta locura de rodaje.
Más que curiosa es la mezcla entre la realidad y la ficción durante la película que confunde bastante y que puede hacer perder la atención del espectador, pero remonta rápidamente con la ejecución de un guión que parece inacabado y que pretende adentrar a quien está frente a la pantalla para interactuar con los propios personajes y dirigirlos hacía la conclusión que cada uno desee.
“Lo que cuenta es el final”. Frase mencionada en varias ocasiones y que hasta el mismo desenlace de la película, no parece comprender nadie, llegando a esperar con ansia la conclusión que sólo debe ser imaginable por el público.  
Concluyendo, El tiempo de los monstruos es sólo apta para aquellos que deseen entrar en una sala de cine desbordados de imaginación y con la cabeza despejada ante la cantidad de elementos que se le avecinarán durante la duración de la película. Puede llegar a ser de un disfrute personal localizar los momentos de ficción o no ficción y proyectar los distintos caminos que deben seleccionar los personajes.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *