Entrevista a Carlos Cañeque, director de ‘Sacramento’ (Sitges 2015)

Durante el festival de Sitges 2015 pudimos visionar una película muy original en su forma, con una propuesta estética poco explotada en otros films, y con un fondo critico-social muy denso. Después de su pase, charlamos durante un largo rato con Carlos Cañeque, director, guionista, productor y actor de Sacramento.

¿De qué va la película?
El argumento es bastante leve.  Es un director de cine que quiere hacer una película sobre un cura que se vuelve loco. Entonces imagina  tres curas distintos: uno con acento andaluz, uno con acento americano y otro con acento castizo. Por tanto toda la película puede ser la imaginación del director. El argumento tiene que ver con mis preocupaciones sobre mi tercera película, y por tanto considero que lo que he hecho es una trilogía, porque tienen la misma temática y estética, a pesar de que el género cambia. 
Temáticamente, esta película está más cercana a ser una reflexión. El argumento es leve, los personajes están simplemente trazados, no muy desarrollados, pero el trasfondo es la religión y la locura, que creo que es un tema muy actual, porque si pensamos en el estado Islámico, en las caricaturas de Mahoma y los consecuentes atentados, también podemos hablar de la parodia, el respeto a una religión, la transgresión, es decir, ¿dónde está el límite entre lo que sería una forma de espiritualidad sana y dónde está la frontera de la locura?. En la película también encontramos una contraposición erótica a todo este mundo religioso de la mano de uno de los personajes, el Don Juan, que en el fondo lo que quiere es dañar a las mujeres. 
La víctima del Don Juan que más daña a éste es precisamente la más religiosa. Es como si la fe más radical llevara  a los creyentes a realizar actos que dilapidaran esa misma fe.
Sí, eso está muy bien visto. La victima más religiosa de las cuatro chicas es la que tiene esta especie de relación mística con el Don Juan, un plano de cuatro minutos en el campo, donde tiene una relación sexual, y sin embargo es la que venga a otro de los personajes religiosos. También hay otro tipo de escenas que rozan un poco lo absurdo, lo surrealista, eso me interesa, no me interesan las películas que se hacen ahora realistas y sociales. 
La película está hecha con poco presupuesto, pero es muy ambiciosa porque propone un artificio y un planteamiento estético que no se ha hecho nunca, donde los actores están en blanco y negro, y los fondos en color durante el 80% de la película. A mí eso me parece interesante, y además encaja en la trilogía, sobre todo las caras, las caras en blanco y negro me parecen mucho más atractivas y sin embargo el fondo me parecía más interesante en color.
Por otra parte, éticamente, un loco no es del todo responsable de sus actos, por lo tanto en todos esos actos de violencia que aparecen, en realidad es una violencia subterránea. Además, los textos religiosos, sobre todo los de las religiones monoteístas son tremendamente violentos, como en el antiguo testamento cuando Dios dice “Mata a tu hijo para demostrarme tu amor”, o incluso Jesús que dice textualmente “No vayáis a pensar que he venido a traer paz a la Tierra, he venido a traer guerra, a enfrentar al Hijo con el Padre” y luego vemos como expulsa a los mercaderes del Templo. Si hoy en día alguien hiciera eso al lado de la catedral de Barcelona, la gente pensaría que está loco y la policía seguramente se lo llevaría al manicomio. O sea que yo veo que las religiones monoteístas están plagadas de violencia, menos el budismo. 
Precisamente, la escena que más me ha llamado la atención es aquella en la que el Don Juan tiene sexo con una de las religiosas. Es bien sabido por los que dominan la manipulación que a través del sexo puedes atraer a la gente a la fe, o a la inversa: a través del sexo, alejarla de la fe. ¿Esa sería tu intención?

Si, esa sería mi intención. En las tres películas que he hecho hay una contraposición muy clara. La primera se llama Queridísimos Intelectuales del Placer y el Dolor. Dije a los entrevistados que no hablasen de política, que no fueran pedantes, que dijeran experiencias personales sobre esa contraposición, que respondieran a cosas como “¿es el orgasmo el mayor placer que conocemos?” Y unos decían una cosa, otros otra, y en las tres películas todo se contrapone. 
En Sacramento hay algunos actores que interpretan a diferentes personajes.  ¿Podría ser que cada uno de esos personajes, interpretados por el mismo actor, sea una parte diferenciada de una misma psique?
Sí, yo creo que si es posible porque se puede ver la película pensando que todo está imaginado, y eso justificaría un poco todo ese mundo onírico, el blanco y negro, ese mundo irreal… Y ese desdoblamiento que tú dices a mí me parece interesante también porque nos lleva a otro de los temas que a mí me interesa mucho. Gané el Premio Nadal a los 40 años, fui un escritor tardío, y también un director tardío, aunque he hecho tres películas en los últimos cuatro años, y cuatro novelas.  En todas mis novelas aparece un personaje que quiere realizar una obra. De hecho, este verano me invitaron a un congreso de metaficción en Suiza. La metaficción es cuando aparece el autor dentro de la obra, cuando se desdobla. Y este creo que es un tema que está desde muy antiguo, como en la Divina Comedia o en el Quijote. Ese juego me parece muy interesante.  Ahora estoy escribiendo un guión que no es de metaficción, trata sobre un personaje que va recibiendo muy malas noticias, pero siempre reacciona con un optimismo casi inverosímil. 
¿Tienes financiación para realizar esta película?
Bueno, con estas tres películas que he hecho estoy mirando de conseguir el dinero para hacerla en el mismo plan, con muy poco dinero, a no ser que llegue a tener algún tipo de subvención.  

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