Crítica de ‘Sicario’: Buen guión, mejor dirección y excelentes interpretaciones

Las críticas de Óscar M.: Sicario
Sicario, de Denis Villenueve, podría convertirse en la sorpresa del año (y no por la cantidad de rostros conocidos que están en ella, que también) gracias a un sólido y potente guión, una dirección exquisita y una interpretaciones que están muy cerca de la perfección, la película podría ser un referente de este año 2015.
Villenueve no es ajeno a generar sorpresas en el público, en 2013 consiguió un gran reconocimiento (tanto de espectadores como de crítica) gracias a su trabajo en Enemy y, sobre todo, en Prisioneros. El director demuestra que sabe aprovechar hasta el último céntimo del presupuesto con un despliegue de medios físicos y evitando el abuso del ordenador.

Como una constante en su filmografía, Sicario vuelve a ofrecer al espectador una trama, en principio, sencilla, que se complica según se acumulan los minutos de metraje y que mantiene al público en la butaca a la espera de una resolución correcta, comedida, realista y sin recurrir a los socorridos golpes de efecto.

Además usa de forma muy inteligente las diferentes horas del día, comenzando con una imponente puesta en escena a plena luz del día, para ir adentrándose en las tinieblas (como si la propia protagonista se introdujera en la boca del lobo en una brillante escena del ocaso a contraluz), reservando para la noche los actos más oscuros y reprochables de los personajes.

A una agente del FBI se le ofrece la posibilidad de formar parte de un grupo especial que va a dar un golpe mortal al tráfico de drogas en su frontera con México. La operación, sencilla en un principio, comienza a complicarse cuando la agente descubre que las intenciones de los integrantes del equipo (y altos cargos de la operación) no son del todo lo legales que deberían ser.
La película profundiza en el concepto de lealtad a las normas al que debe enfrentarse la protagonista, al descubrir que, lamentablemente, la ley es para los demás y, en el caso de atenerse a ellas, se corre el riesgo de acabar con una bala en el pecho. Emily Blunt refleja esta cuestión moral con una interpretación con la que el espectador puede identificarse: vivir en un mundo donde no queremos saber qué sucede más allá y obviando lo que no nos interesa.
La representación de la situación caótica más allá de la frontera con México no hace si no poner de manifiesto al público la conformidad con la que vivimos nuestra vida, ajenos a los problemas que sufren en otros lugares. Por ello, la película ofrece, sin medias tintas y que rebosa realismo, una representación horrible de la vida en la frontera con México.
Sicario sigue la estela de Un día perfecto (curiosamente también con Benicio del Toro), Argo u otras producciones de un realismo apabullante, que ofrecen al espectador otra cara mucho menos amable de las noticias que rellenan los telediarios (porque, como dicen en la propia película, esta noticia no saldrá ni en los periódicos del pueblo), que nos presenta una realidad sesgada, manipulada, desvirtuada y alterada.
La soberbia interpretación de Blunt no podría estar mejor acompañada que por Benicio del Toro, Josh Brolin o Daniel Kaluuya, todos consiguen llegar al espectador a través de la excelente dirección de Villenueve, que atrapa al público desde la primera escena, siguiendo con una incursión en México llena de tensión, y no lo suelta hasta que no llegan los títulos de crédito, consiguiendo con Sicario haber creado una película absolutamente imprescindible.

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