Crítica de ‘Mistress America’: Una Holly Golightly postmoderna

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Mistress America

Madurar…esa entelequia.
Ese pensamiento impreciso que nos instalan en la cabeza y nos obligan
a perseguir con más o menos éxito desde que tenemos uso de razón. “Ya no eres un niño”, “¿Cuándo vas a crecer?”, “Yo a tu
edad ya tenía la vida hecha”. Todos lo hemos escuchado alguna vez
y, a aquellos que sufrimos de inseguridades, nos ha perseguido como
una pesadilla. A todos nosotros, el director Noah Baumbach nos da
voz a través de sus películas, donde la madurez se convierte en una
superficie demasiado resbaladiza como para permanecer en pie. Mistress America vuelve
a ofrecernos una de sus historias protagonizadas por personajes
infantiles jugando a ser mayores, y, una vez más, el resultado es
delicioso.
Tracy es una joven
universitaria que intenta entrar en la sociedad literaria de su
facultad para así, de algún modo, encajar en un lugar donde se
siente desubicada. Por circunstancias familiares conoce a Brooke una
treintañera desastrosa de un modo encantador y fascinante,
sofisticado y farsante, que se convierte no solo en un modelo a
seguir para Tracy, sino también en su musa.
El director Noah Baumbach
vuelve a contar con su novia, la actriz Greta Gerwig no solo como
protagonista de la cinta sino como coguionista, como ya hiciera en
Frances Ha, personaje que ha quedado intrínsecamente unido a ella.
El trabajo de este tándem vuelve a ser brillante y, aunque tal vez
no esté al nivel de su primer guión juntos, sigue manteniendo una
inteligencia y frescura en sus diálogos que, unido a un humor
absurdo y genial, hacen de Mistress America una película con mayor
espectro de público.
El guión nos introduce
en la historia muy rápido y, aunque tardamos en ver a Brooke, cuando
por fin aparece llega de una forma tan torrencial que en seguida la
captamos y sabemos que se trata de una Holly Golightly de la vida,
con una personalidad tan honesta como farsante. La historia se vuelve
más teatral cuando las protagonistas se alejan de la urbe, y
entonces todo se vuelve alocado, con personajes que entran y salen de
la escena, conversaciones cruzadas e idas y venidas que recuerdan a
una comedia ligera de Noel Coward, con su bullicioso humor.
Greta Gerwig está
fantástica, liberando una comicidad que se intuía en Frances Ha,
pero que aquí resulta magnética, con su capacidad de hablar de
forma inconexa sobre todos los temas que van surgiendo en la mente de
Brooke como destellos automáticos. Sus decisiones son impulsivas,
sus sentimientos volubles y su propia concepción del futuro se construye
sobre humo. Pero con todo, no puede más que despertar simpatía en
el espectador, porque la interpretación de Gerwig es tan enérgica
que invita a ser cómplice de su modo fantasioso de ver la realidad y
a ella misma.
Frente a ella, Tracy no
puede ser más gris, y en ese sentido la actriz Lola Kirke, hermana
de la protagonista de la serie Girls Jemima Kirke, hace un trabajo
estupendo. Guapa hasta dar rabia, en la película se mantiene
apocada, anodina, una mera espectadora que documenta la luz brillante
que Brooke trasmite.
Pero ambos personajes
tienen algo en común, más allá del cariño y a veces competición
que surge entre ellas, y es que ninguna de las dos se siente encajada
en el lugar que a su edad corresponde. Tracy, a pesar de ser una
alumna de primera, es una outsider dentro de la universidad; no va a
fiestas, no se desmadra y no tiene novio, y da la impresión de no
estar en el lugar que ella tenía dibujado en su mente. En Brooke esa
apremiante necesidad de estar en paralelo con el resto de su
generación es mucho más evidente. Quiere un piso, quiere un
prometido, quiere un restaurante y quiere hacer dinero. Llegado a un
punto incluso fantasea con la maternidad, pero el espectador es
siempre consciente de que el patrón vital que ha proyectado para su
futuro es irreal e infantil, podría llegar a considerarse patético
si no fuera porque Noah Baumbach no nos permite pensar así de ella. Al fin y al cabo solo está buscando su camino hacia la felicidad.
Con Mistress America, Noah
Baumbach
completa el análisis que comenzara con Mientras seamos
Jóvenes
sobre toda una generación que lidia con los
convencionalismos que se imponen a cada edad y que, en lugar de
entrarse en ellos con calzador, busca otros caminos 
ajenos a la madurez para autodefinirse.

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