Crítica de ‘El viaje de Arlo’: Emocionante western jurásico

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El viaje de Arlo

Tras escuchar y leer algunas opiniones sobre El viaje de Arlo he llegado a la conclusión de que algunos adultos han perdido el norte. Se han acostumbrado a divertirse tanto con el cine de animación dirigido a público infantil que se arrogan el derecho a censurar una película de dibujos animados dirigida fundamentalmente a los niños por ser “demasiado” infantil. 

La culpa de todo esto la tienen un señor llamado John Lasseter y sus compinches de Pixar que hace justo veinte años estrenaron Toy Story, la primera película de una larga serie de éxitos que han transformado los hábitos de consumo de cine de animación en un elevado número de espectadores. No nos engañemos. Durante muchos años las películas de dibujos animados fueron una pesada carga que tenían que sufrir aquellos adultos que llevaban a sus hijos al cine y mientras entraban en la sala miraban de reojo la cartelera llena de títulos que les apetecían mucho más. Y no voy a engañarme, a mí me sigue pasando con algunas películas a las que llevo a mis hijas cuya visión me apetece tanto como una patada en el hipogastrio. La última vez, para no ir más lejos, cuando tuve que sufrir ese infecto producto llamado Hotel Transilvania 2 que amenaza seriamente con convertirse en saga. 
Por el contrario, hay otras películas, la reciente Del Revés por ejemplo, que me apetecen ver más a mí que a mis propias hijas y de las que salgo todavía más fascinado que ellas. Nunca me ha parecido justo valorar una película en función de las expectativas, pero supongo que es imposible sustraerse a los recuerdos que tenemos de obras pasadas de los mismos creadores a la hora de acercarnos a una nueva película, y como decía hace un párrafo, durante los últimos veinte años, John Lasseter, Brad Bird, Pete Docter, Andrew Stanton y Lee Unkrich han creado un buen puñado de obras maestras que se han ganado el merecido respeto de crítica y público, y acompañadas de su correspondiente aparato de marketing, han reventado las taquillas de todo el mundo. 
El viaje de Arlo es el título con el que se estrena en España The Good Dinosaur, la más reciente creación de la factoría Pixar y de cuyo accidentado proceso llevamos leyendo ya mucho tiempo. No conozco en profundidad los detalles del retraso de su estreno pero el resultado final me parece mucho más que óptimo. La animación es absolutamente prodigiosa, si bien los personajes se han mantenido en un diseño más clásico del dibujo animado, los escenarios naturales son tan absolutamente hiperrealistas que en algunos momentos el espectador no tiene claro si está viendo animación o dibujos animados superpuestos a ambientaciones filmadas en plena naturaleza. Los bosques, los acantilados y las montañas están desarrollados con unas texturas que hasta hace unos años no eran fáciles de conseguir mediante filmación real. Todo es absolutamente perfecto. 
Habrá quien tache El viaje de Arlo de “ya vista” y ciertamente no puede  decirse que el argumento sea nuevo, la estructura del guión sigue fielmente el modelo narrativo clásico de “el viaje del héroe”, pero precisamente por eso funciona, porque a una acertada presentación de personajes sigue un nudo lleno de divertidas aventuras que concluye con un emotivo desenlace. No desgranaré cada una de las tres partes porque eso supondría contar la película, pero cambiemos a Arlo por Simba o por Mowgli o por Mulán o por (rellénese a gusto del lector) y tendremos una de las películas que han encandilado a niños y adultos durante años. 
Y antes de que salgan los detractores de Disney (y por extensión de Pixar, los límites entre ambas están cada vez más difuminados) a acusar a la compañía de repetirse mediante fórmula, habrá que decir que ese clásico esquema narrativo está presente en La guerra de las galaxias, las películas de Indiana Jones, Los Siete Samurais de Kurosawa o la mayoría de los westerns. Y aquí es donde quería llegar, porque eso es precisamente El viaje de Arlo, un western en toda regla que, por si quedara poco claro en su concepción narrativa, hace un precioso homenaje a las películas de “indios y vaqueros” mediante una maravillosa secuencia que no voy a contar. 
Es cierto que de todas las películas Pixar hasta la fecha, El viaje de Arlo es probablemente una de en las que menos delimitados estén los dos niveles de lectura (niño y adulto) que la compañía suele colocar en sus películas, de ahí que, como decía al principio de este escrito, algunos adultos salgan decepcionados tras verla. Pero que esto no les confunda, gustos al margen, El viaje de Arlo es una magnífica película infantil y mucho más que buena para los adultos. Y ni de lejos es el peor título Pixar hasta la fecha. 
La química entre los dos personajes principales está plenamente conseguida, nuestro héroe (el dinosaurio Arlo) y su acompañante Spot (un genial niño salvaje que habría firmado Truffaut) componen una “extraña pareja” aderezada con las correspondientes dosis de inteligencia (marca Pixar) y de ternura (marca Disney) que harán las delicias de todo tipo de espectadores.
Para completar la apuesta estética, la banda sonora ha sido confiada a los hermanos Jeff y Mychael Danna que componen una preciosa partitura que sabe apretar la emotividad en el momento justo para que El viaje de Arlo haga emocionar a los niños y aflorar la lagrimilla del adulto con la guardia baja.

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