Crítica de ‘El puente de los espías’: Correcta dirección y poca sorpresa argumental

Las críticas de Óscar M.: El puente de los espías
Nadie le puede reprochar a Steven Spielberg que haga malas películas, podrá tener en su filmografía como director batacazos en taquilla como Amistad, infravaloradas como El color púrpura o películas anodinas como War horse (Caballo de batalla). Con El puente de los espías, el director ofrece una dirección correcta, pero que aporta pocas novedades al espectador.
Spielberg está correcto, con una cómoda dirección y una sublime y exquisita puesta en escena, aunque se aprecia cierto conformismo, con unos planos poco arriesgados (excepto por los innecesarios y poco esperables cambios de distancia focal durante las conversaciones transcendentales para el avance de la trama), que dejan una película con una factura impecable.
En el guión de los hermanos Coen junto a Matt Charman no hay lugar para la sorpresa, aunque la trama no decae en ningún momento y mantiene el absoluto interés del público sin apenas abusar de los golpes de efecto (con la excepción del sobreimpuesto e innecesario dramatismo una vez construido el muro que separa la ciudad de Berlin). Puede presumir de tener una trama densa, aunque no compleja, que se va desarrollando con absoluta tranquilidad durante las más de dos horas de metraje (partiendo con la ventaja de poder contar la historia completa del espía ruso sin prisas), y amortizando la gravedad de la situación con unos diseminados toques de humor que hace más llevadera la duración de la película.
Respecto a la novedad que pueda aportar esta adaptación, hay que destacar que el argumento se inspira en los hechos ocurridos durante los primeros años de la década de los años sesenta (en plena Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia), pero el hecho de que se base en una historia real no es impedimento para que tanto en el guión o en la dirección se pudiera haber ofrecido al espectador algo de innovación.
Por el contrario, ambos están muy dentro de los cánones, aspecto que puede no ser del todo reprochable. Aunque no hay que dejar de destacar la habilidad del libreto para no presentar a ningún bando como “el villano” de la película, demostrando una objetividad cinematográfica envidiable.
El inmejorable trabajo de Tom Hanks, al que tampoco se le puede negar el favoritismo del público gracias a anteriores trabajos, convierte al protagonista, quizás, en un héroe demasiado pronto en el argumento. Aunque quien se lleva todo el crédito es Mark Rylance (actor más curtido en televisión y que aparece en una película más o menos cada dos años), quien interpreta al espía ruso. Es implacable y está impecable en su interpretación, con una entereza y una tranquilidad interpretativa digna de valorar.
Es obligatorio destacar el laborioso trabajo de ambientación (tanto de interiores, como de exteriores) y la excelente elección de escenarios. Con unas recreaciones históricas que podrán tener sus errores (y seguro que algún espectador avispado se los encontrarán), pero para el espectador medio (o no experto en la época) supondrá un acierto a recordar con posterioridad a los títulos de crédito (en concreto, las escenas ambientadas en Brooklyn y Alemania oriental de la década de los sesenta).
La escueta y selectiva música compuesta por Thomas Newman está excelentemente elegida e insertada en las imágenes durante las primeras dos horas, pero es una lástima que se abuse de ella en los últimos veinte minutos, relamiendo el bucólico y placentero final marca de la casa Spielberg.
El puente de los espías es la película perfecta para estas navidades, como casi todas las producciones dirigidas por Spielberg, ideal para aprender historia con la familia y pasar una tarde entretenida, aunque el argumento en esta ocasión sea más serio que los de sus primeras producciones.

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