Crítica de ‘The Diary of a Teenage Girl’: Una joya rodeada de polémica

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: The Diary of a Teenage Girl

Si hace un par de semanas Jennifer Lawrence se unía al grupo de actores y actrices que han denunciado la diferencia salarial que las mujeres sufren en Hollywood, ahora la revista Variety presenta un estudio sobre la poca presencia femenina en la dirección. De todas las películas estrenadas en el 2014, solo el 15% fueron dirigidas por mujeres. Con todo, podemos decir que vivimos una edad de oro para las directoras de cine que, aunque ninguneadas por la industria, no solo combaten con una voz más beligerante y crítica, sino que lo que están presentando es digno de ser reconocido. Desde las ya veteranas Kathryn Bigelow, Jane Camption o Jodie Foster a otras más jóvenes, pero igualmente consagradas como Sofía Coppola o Jennifer Kent, la lista es larga y heterogénea, sin que las podamos etiquetar en épocas, nacionalidades o géneros. Sus formas son dispares, pero coinciden en un modo de rodar sensible y honesto.

The Diary of a Teenage Girl
, debut en la dirección de Marielle Heller no es solo uno de los títulos mas destacables del cine indie del 2015, sino que proyecta a su directora a ese grupo reducido, pero brillante, de mujeres que han buscado su voz a través de la cámara.

Adaptación de la novela gráfica homónima creada por la ilustradora Phoebe Gloeckner, The Diary of a Teenage Girl es una obra autobiográfica que sigue a su protagonista, Minnie, a través de un viaje por su sexualidad e identidad.

Ambientada en la década de los setenta, la película abre con una chica de quince años paseando por un parque, de fondo, superpuesta a la música, una voz en off se confiesa “Hoy he practicado el sexo por primera vez”. Desde ese instante, el espectador se ve arrastrado a una historia sordida entre esa niña y el novio de su madre, veinte años mayor que ella, y a cómo, a partir de esa relación, la joven caen en picado en un mundo de sexo y drogas en busca de quién es.

La adaptación a guión, llevada a cabo por la misma Marielle Heller, no es solo fiel a la historia en papel, sino que defiende una narración honesta y feroz de un tema tan delicado en los Estados Unidos como es el sexo. Heller, en su lucha por hacer llegar la película a las salas, ha conseguido que la cinta se clasificara R, lo que significa que los menores de diecisiete años han de ir acompañados de un adulto. Podríamos pensar que eso no es victoria, pero que se haya estrenado la película sin que productores hayan conseguido meter mano en los elementos más polémicos, es casi un milagro.

Y es que consigue que hasta la mente más abierta y ajena al prejuicio se sienta incómoda. No es por los desnudos, no son las drogas, ni siquiera las escenas de sexo entre Minnie y su casi padrastro Malcom. Es toda una atmósfera de aparente libertad que va oprimiendo a la protagonista que lidia con lo que su cuerpo pide y los principios morales básicos que traemos de serie. Y con todo, a pesar de esa incomodidad inevitable, es fascinante que en ningún momento la película te invite a juzgar a ninguno de sus protagonistas. Ese era un elemento esencial, en la adaptación del cómic, la historia debía mantenerse fiel a sí misma, exenta de opiniones.

En una película tan osada se hacían necesarias interpretaciones igualmente valientes. Bel Powley, quien a pesar de su juventud lleva ya una década trabajando en la televisión británica, da con The Diary of a Teenage Girl su salto a Hollywood y lo hace con un talento y una magia que hace que cada uno de sus planos te fascinen. Una mezcla física de Scarlett Johansson y Zoe Kazan, la actriz británica se comprometió con la idea de mostrar a una adolescente real, ajena a las etiquetas que el cine suele poner en estos personajes y que los limitan a ser vírgenes, putas o seres asexuales. En su cabeza rondaba el papel que Carey Mulligan interpretó en An Education, pero le sumó la explosión sexual y de autoconocimiento que nació en Estados Unidos en la década de los setenta.

En el papel de su liberada madre, Kristen Wigg vuelve a demostrarnos que no hay género que se le resista. Charlotte es un personaje complejo, una mujer que carga con la crianza de dos niñas de distinto padre y que, cómo su hija, pretende desprenderse del papel que la sociedad establece para ella. En su caso, esto la lleva a la imprudencia, jugando con las drogas y el alcohol delante de sus hijas. No obstante, no podemos juzgar que ella sea la responsable de la alocada adolescencia de Minnie, porque en esta historia no hay héroes o villanos.

En cuanto al guapísimo Alexander Skarsgård, su personaje es el único que podríamos llegar a reprobar. Un hombre de treinta y cinco años que aprovecha la confianza de una madre para acostarse con su hija, pero, como en el caso de Humbert Humbert en Lolita, no podemos tratar a Malcom de villano porque actúa arrastrado por una situación que lo supera, destapándose finalmente como un patético y pusilánime niño en el cuerpo de un adulto.

A pesar de que la propia Phoebe Gloeckner nunca ha llegado a reconocer cuanto de su novela gráfica es autobiográfico, no cabe duda de que Minnie es un retrato de su propia adolescencia. Por esa razón la ilustración tiene un papel fundamental en la historia. Gloeckner, artista reconocida dentro del cómic underground admiró el trabajo de Robert Crumb y de la la mujer de este, Aline Kominsky. La animación que se intercala en la película es un refugio en la imaginación de Minnie al que escapa para evadirse del inestable y confuso mundo que la rodea. Estas secuencias están magistralmente realizadas por la animadora islandesa Sara Gunnarsdottir que se basó en las ilustraciones de Gloeckner, pero principalmente de Kominsky para enfatizar la influencia que la artista underground tuvo sobre la joven. La importancia de estas animaciones reside en que somos los únicos en compartirlas con Minnie estableciendo una intimidad con la protagonista que va más allá de su desnudez porque nos da acceso libre a su mente.

Más allá del impecable trabajo de vestuario, o de una fotografía de colores retro llevada a cabo por Brandon Trost, quien se aleja así de unos trabajos más mediocres en películas como La entrevista o Malditos vecinos, los setenta están representados por una genial banda sonora con temas de Nico, T. Rex, Rose Garden, Heart, The Stooges, Dwight Twilley Band, Frankie Miller, Iggy Pop y muchos más. Están acompañados además por dos temas compuestos por Nate Heller, hermano de la directora.

The Diary of a Teenage Girl no es solo una opera prima con la que cualquier director soñaría, es además una de las películas más valientes de la última década, y un ejemplo de lo que el cine puede ganar cuando se le da la batuta a una mujer, no porque su sexo defina un modo de hacer cine, sino porque con un 15% de presencia en la industria mundial, cuando se les da la oportunidad la aprovechan al máximo para demostrar que ellas también juegan.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *