Especial Halloween. La Noche de Difuntos en el cine

Cuando empezamos a acostumbrarnos al frío y aún a lo lejos se dibujan los preparativos de Navidad, el otoño celebra la fiesta de Halloween, o así me referiré a esa noche a partir de ahora, porque, por mucho que nos intenten vender que hemos adoptado una fiesta extranjera, la noche del 31 de Octubre es tan nuestra como lo puede ser de un niño de un pueblo perdido en Dakota del Sur. Y aunque no lo fuera, quién puede resistirse a una buena fiesta.

Heredera del Samaín celta que celebraba el fin de la cosecha y la entrada en la estación oscura, el cristianismo cambió la fecha al 1 de Noviembre, día de Todos los mártires, y más tarde de Todos los Santos, así que el 31 pasó a ser un día de vigilia para la celebración posterior, el «All Hallow’s Eve». Las diásporas irlandesas favorecieron la expansión de esta celebración, que germinó con fuerza en los Estados Unidos. Pero para entonces en España ya se fantaseaba con la Noche de Difuntos como el momento en que caen los muros que separan a vivos de muertos. El Tenorio de José Zorrilla o El monte de las ánimas de Gustavo Adolfo Bequer así lo atestiguan.

Al mundo del cine, que le encanta una buena festividad para enmarcar una historia, no se le podía pasar desapercibido, y Halloween ha sido escenario de películas infinidad de veces, con mayor o menor protagonismo. No obstante, Hollywood se apuntó muy tarde a la fiesta, y antes de los años 40 las únicas referencias a la víspera de Todos los Santos aparecen en cortos de animación como Halloween (1931) producido por RKO y protagonizado por Toby the Pup.

Sí, las productoras ya conocían el magnetismo que el cine de terror tenía para el público, pero este era ajeno a esta fecha, consistiendo, casi en su totalidad, en adaptaciones de novelas góticas. Pero al final de la década, en 1938, un joven de 23 años llamado Orson Welles preparó una buena broma de Halloween: adaptando la obra de H.G. Wells La guerra de los mundos, retransmitió desde un programa radiofónico una supuesta invasión extraterrestre que despertó el pánico en todo el país. A él le supuso tres contratos con RKO, y Halloween por fin tuvo cobertura nacional.

Tres años más tarde Warner produjo Arsénico por compasión, adaptación de la homónima obra de Broadway que en cine dirigió Frank Capra, que buscaba una historia sin lección moral y que supusiera un ejemplo de puro divertimento. Como tarjeta de presentación, nada más comenzar, los guionistas Julius y Philip Epstein advertían «Esta es una historia de Halloween en Brooklyn, donde cualquier cosa puede suceder, y a menudo sucede». Y no engañan, porque el argumento no puede ser más disparatado. Mortimer Brewster, interpretado por Cary Grant se casa con Elaine Harper (Priscilla Lane) en Halloween. Tras la boda deciden visitar a las tías de Mortimer y descubren que las encantadoras ancianas se han dedicado a envenenar a viejos solteros que sufrían de soledad. La historia se retuerce entre variopintos personajes e ingeniosos y absurdos diálogos que consiguen hacer un hueco a la película en la lista de las cien mejores comedias de la historia.

Aun así, Halloween se mantuvo como una fiesta infantil durante mucho tiempo y de este modo aparecía en películas de animación o de género familiar. En el primer caso la más destacable es La leyenda de Sleepy Hollow y el Sr Sapo, un mediometraje producido por Walt Disney y dirigido por dos de los grandes genios de la animación: Clyde Geronimi y Jack Kinney, que incluye los dos cuentos de Washington Irving. El primero hace avergonzar al mismísimo Tim Burton, porque es sin duda la mejor adaptación que se ha hecho de la leyenda del jinete sin cabeza, una historia con más humor que terror que transcurre en la noche de Halloween y que protagoniza el patoso, caricaturesco y cobarde Ichabod Crane. Una joya de la animación en plena edad de oro de Disney. También Merrie Melodies dejó su granito de arena a finales de los sesenta con su corto Corn on the Cop, donde Abuelita es sospechosa de un robo y perseguida por Porky y el Pato Lucas, a quienes ella toma por gamberros jugándole una broma de Halloween. Y si a especiales televisivos nos referimos, no podemos olvidar el que en 1966 realizó Charles M. Schulz en Es la gran calabaza, Charlie Brown, episodio que en el 2008 parodió Los Simpson en «La casa-árbol del terror XIX».

En cuanto a las películas familiares, Halloween sigue sin ser protagonista, aunque sí es escenario de momentos esenciales en la historia. En la deliciosa obra de Vincent Minelli, Cita en San Louise, la víspera de Todos los Santos es la noche en la que Tootie (Margaret O’Brien) sufre un altercado que terminará con su hermana Esther (Judy Garland) pegando al vecino para más tarde, esa misma noche, compartir con él un primer beso. En Matar a un ruiseñor, el aspecto del misterioso Boo Radley se destapa esa noche, mostrando el rostro de un joven Robert Duvall en su primer papel en el cine.

Pero no es hasta mediados de los setenta que la Noche de Difuntos se convierte en protagonista absoluto de una película. En 1976 se estrena en vídeo la producción canadiense The Clown Murderers, una de las primeras películas de John Candy, que bien podría catalogarse como una slasher movie en los albores de la edad de oro del género. Un grupo de amigos, disfrazados de payasos, secuestran en una fiesta de Halloween a la exnovia de uno de ellos con la intención de gastarle una broma, pero el terror se vuelve real cuando se descubre que hay un asesino entre ellos.

Sólo dos años después llegaría la franquicia que haría la fiesta mundialmente famosa. En 1978 John Carpenter dirigió Halloween y definió por completo el género del slasher. Antes que Jason, antes que Freddy, estaba Michael Myers, un psicópata huido de una psiquiátrico en el que fue encerrado tras asesinar a su hermana cuando solo era un niño. Quince años después, Michael vuelve a casa para aterrar a la nueva inquilina, una joven Jamie Lee Curtis que no solo se desfloraba en el cine, sino que se convirtió de inmediato en la primera «scream queen» de Hollywood. Tal fue el éxito de la cinta que hasta 1991 siguió siendo la película independiente que más taquilla había hecho, con un presupuesto de producción de trescientos veinticinco mil dólares y una recaudación mundial de ochenta millones. No es de extrañar; con los ojos de un espectador del 2015, curtido en películas de terror adolescente y amoldado a escenas de contenido más desagradable que sangriento, Michael Myers puede parecer un amateur, pero la psicología de este asesino daría forma a la de aquellos que le siguieron. Myers es un depredador que juega con sus víctimas antes de atacarlas, siguiéndolas de camino a casa u observándolas de lejos, y John Carpenter decidió, con acierto, intercalar planos subjetivos para ponernos en los ojos del propio asesino. Este plano se convierte en genialidad al comienzo de la película cuando, en primera persona, somos testigos del asesinato por parte de Michael de su hermana Judith.

Halloween tuvo siete horribles secuelas y un reboot espantoso a cargo de Rob Zombie que hace desear que Michael Myers lo hubiese apuñalado a sangre fría antes de permitirle ponerse detrás de una cámara. Segundas partes nunca fueron buenas, y en el caso del cine de terror yo diría que deberían estar prohibidas.

Halloween demostró que la Noche de Difuntos era un escenario propicio para el horror y no tardaron en aparecer más películas del género ambientadas alrededor de esa fecha. En 1982, Gary Graver, un actor barra director barra guionista barra productor, que permaneció casi toda su carrera en el genero erótico, dirigió Trick or Treats, una versión marca blanca de Halloween donde una niñera tiene que enfrentarse a un psicópata escapado de un manicomio. Cuatro años después , De Laurentiis estrenó Muerte a 33 revoluciones por minuto. Un baile, un estrella del rock muerta en extrañas circustancias, un fan entregado y un reparto que incluye al lider de KISS Gene Simmons y a Ozzy Osbourne en el papel de reverendo evangelista que advierte de los peligros satánicos del heavy metal. Absurda hasta el infinito, es tan mala que resulta imprescindible.

No es hasta 1988 que tenemos una nueva saga de terror donde Halloween es, de nuevo, testigo de espantosas muertes. En Night of the Demons volvemos a ver a los adolescentes estandar de una película de terror: promiscuos, fiesteros y estúpidos, pero esta vez no se enfrentarán a un psicópata, sino a los demonios de Hull House, una casa que es en realidad una boca al infierno, y a Angela Franklin, la paria que organiza la fiesta y que es poseída por el poder del mal. A pesar de sus críticas negativas que la tachaban de poco original, la película tuvo el éxito suficiente para contar con dos secuelas y un remake. Se intentó hacer una secuela de este último a través de Kickstarter, pero fracasó, dejando a la buena de Angela sin víctimas a las que poder asesinar.

Durante las siguientes décadas el cine de terror siguió explotando las posibilidades que ofrecía esta festividad. Algunas de estas películas eran mediocres copias de Halloween, como es el caso de Halloween Night, otras mostraban el mal a través de uno de los elementos más tradicionales de la celebración: la calabaza, como en Jack-O, o The Pumpkin Karver, y otras, como Satan’s Little Helper, intentaban aliñarse con algo de humor.

Más recientemente, en 2007, Warner produjo Truco o trato, una colección de historias de Halloween relacionadas entre sí, que cosechó críticas dispares, pero que se llevó el premio del público en Toronto After Dark Film Festival y en Screamfest Horror Film Festival. Su director Michael Dougherty, colaborador en algunos de los guiones de Brian Singer, anunció una segunda parte que, por el momento, se mantiene sin fecha de producción. En la misma onda se estrena este año Cuentos de Halloween; una compendio de cortos de terror que ha cosechado críticas muy positivas, y que llegó a nuestro país en DVD la semana pasada.

Aunque los párrafos anteriores puedan dar la impresión contraria, Halloween sigue siendo una fiesta amable que encanta a los niños, y, por esa razón, nunca ha abandonado el cine familiar e infantil. A todos nos viene a la mente E.T. disfrazado de fantasma y sentado en la cesta de bici de Eliot cruzando una luna llena en una de las escenas más memorables del cine. Las hay que han combinado terror y ternura como en el caso de El misterio de la dama blanca (1988), una película de fantasmas dirigida al público más joven con reminiscencias de Matar a un ruiseñor. Pero en el cine familiar el terror suele quedar a un lado, y las calabazas, las brujas y la magia ofrecen su mejor cara con una calidad que va de lo regulero de la saga Halloweentown, a clásicos del cine para todos los públicos como El retorno de las brujas, ambas de la factoría Disney. Esta última supone el mejor trabajo de su director Kenny Ortega, que, no obstante, no se durmió en los laureles y, más tarde, se hizo cargo de la exitosa saga de Disney para televisión High School Musical.

Pero el género que mejor ha explotado Halloween en las últimas dos décadas es la animación. Tim Burton se ha confesado fan absoluto de esta fecha en muchas de sus películas, y así lo constata La novia cadaver o Frankenweenie, pero sin duda la primera que viene a la cabeza es Pesadilla antes de Navidad, donde Jack Skellington, cansado de la rutina de Halloween Town intenta hacerse con la Navidad. La película no es solo uno de los mejores exponentes de la animación stop motion, sino que su banda sonora, compuesta por Danny Elfman, consiguió un Globo de oro, y «This is Halloween» se convirtió en el himno que no puede faltar en la selección musical de esa noche.

Pero no sólo del gótico expresionista de Burton vive el hombre, y otras películas de animación destacan en nuestra selección de Halloween. Monster House, de Columbia Picture, no podía pasar desapercibida. Con el encanto de las pelis juveniles de los ochenta como Una pandilla alucinante, Monster House fue animada con captura de movimiento, convirtiéndose en la segunda película en utilizar esta técnica tras Polar Express. Un guión divertido y trepidante unido a una animación de primera le consiguieron una nominación a los Oscars, en donde perdió contra Happy Feet.

Ya sea el elemento esencial en el que transcurre la historia, como en la saga que inaugurara John Carpenter, o una simple fiesta en la que Gómez y Fétido bailan la mamushka en La familia Addams, Halloween ha dado juego al cine en todos los géneros, así que os invito a hacer una selección y pasar el fin de semana con amigos, bajo mantas y con las infinitas historias que nos ofrece el cine. Solo una advertencia: si oís un ruido en otra habitación, nunca vayáis solos a comprobar qué ha sido. Feliz Halloween a todos.

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