Crítica de ‘Marte (The Martian)’: Ground control to Matt Damon

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Marte (The Martian)


Hay películas que inevitablemente se relacionan con otras por compartir género o argumento y haber sido estrenadas en fechas cercanas. Deep Impact y Armageddon, Capote e Historia de un crimen o Volcano y Dante’s Peak. Unas, por supuesto, superan a las otras cuando no por calidad, por haber sido estrenadas antes convirtiendo a la segunda en un más de lo mismo. Marte (The Martian) jugaba con desventaja frente a Interstellar. Los devotos de Christopher Nolan opinarían que es una película mediocre, y aquellos que habían muerto de aburrimiento con ella, se lo pensarían dos veces antes de volver a ver a Matt Damon en apuros en el espacio a la espera de ser rescatado por Jessica Chastain. Pero ahí terminan los parecidos. Marte (The Martian) es una producción sólida en la que todos sus componentes suman un resultado tan positivo, que podemos asegurar que estamos ante un futuro clásico de la ciencia ficción.

Marte (The Martian) está basada en la novela de Andy Weir, “The Martian” (la razón por la que no se ha mantenido el título o se ha traducido correctamente es, una vez más, un misterio). Andy Weir comenzó su novela en un blog y más tarde la vendió por internet por noventa y nueve centavos. El boca a boca fue el que lo convirtió en un título de éxito que no tardó en llamar la atención de Hollywood. El proyecto de adaptación a guión cayó en manos de Drew Goddard (Guerra mundial Z, La cabaña del bosque), quien además se haría cargo de la dirección. Sin embargo, cuando se presentó la oportunidad de dirigir Los seis siniestros, Goddard abandonó el testigo que fue recogido por Ridley Scott quien, tras leer el guión, decidió retrasar el rodaje de la secuela de Prometheus para poder dirigir Marte (The Martian).

La película comienza con la misión de un equipo de la NASA en Marte con el fin de recoger muestras de la superficie del planeta rojo. La tripulación se ve obligada a abandonar tras una tormenta que se lleva por delante a uno de sus miembros, al que dejan atrás dándolo por muerto. Al día siguiente, el astronauta Mark Watney, despierta en Marte solo ante la expectativa de morir de hambre y sed antes de que nadie pueda saber que sigue vivo. La magia de la historia reside en ser ciencia ficción centrada más en el hombre que en la ciencia. Es él ante un entorno hostil sobreviviendo con lo poco que este puede ofrecerle. Así, Mark Watney se convierte en un nuevo Robinson Crussoe que en todo momento mantiene una conversación con nosotros, sus Viernes, para no perder la cordura, mientras que exprime sus conocimientos e ingenio al máximo en los que delega como único modo de sobrevivir.

En un hilo argumental paralelo, que no secundario, está el diseño de un plan de rescate por parte de la NASA. Esto hace que la idea de casi tres horas de un hombre solo en un planeta deshabitado sean mucho más atractivas, además de equilibrar la historia entre la soledad del astronauta que se cree olvidado y el movimiento febril de toda una comunidad de científicos que intentan rescatarlo.

Y con una historia tan bien trazada, para la que Andy Weir investigó en profundidad con el fin de ser lo más exacto posible en temas de botánica y astrofísica, poco tenía que poner Drew Goddard de su parte, y, no obstante, además de estar ante una muy buena película de ciencia ficción, Marte (The Martian) tiene además incontables momentos de humor e ingenio y, si por si fuera poco, resulta didáctica, lo que convierte el trabajo de Goddard en un acercamiento fiel de la novela a los espectadores.

Quizá uno de los más difíciles trabajos de un director es manejar a un reparto numeroso, pero una película como Marte (The Martian), en la que se enaltece el trabajo en equipo, tiene además un reparto coral tan bien ensamblado que hace de sus personajes un todo carismático en el que ninguno desentona.

Por supuesto lo preside Matt Damon, que para eso filmó sus escenas solo durante cinco semanas en las que no tuvo contacto con el resto de compañeros de reparto. Damon ofrece una interpretación sólida y divertida en la que hace suya la personalidad optimista y aventurera de Mark Watney tan alejado del clásico héroe que acompañaría a una historia tan épica.

Tras su protagonista está el heroico equipo de científicos y astronautas que no cejan en su empeño de rescatar a su compañero. Resultaría imposible mencionarlos a todos, pero el reparto es un heterogéneo cuadro de actores de distintos géneros y medios, con más y menos experiencia en el cine y con nacionalidades dispares. El currículum de Jeff Daniels o Sean Bean con más de setenta películas cada uno choca con el de Mackenzie Davis, quien empezó en el mundo del cine hace tan solo tres años, y actores muy vinculados al drama como Chiwetel Ejiofor comparten escena con nombres de la comedia como Kristen Wiig o Donald Glover. Entre los compañeros de tripulación de Watney hay una buena representación de chicos Marvel: Kate Mara (Los cuatro fantásticos) Sebastian Stan (Capitán América: El soldado de invierno), Michael Peña (Ant-Man). Quedan fuera del club el noruego Aksel Hennie y Jessica Chastain. Tiempo al tiempo.

Marte (The Martian) es además técnicamente preciosa. Dariusz Wolski repite a las órdenes de Ridley Scott que ya le encargó la fotografía de Prometheus. Las escenas de nuestro planeta vecino fueron filmadas en el desierto de Jordania y los estudios Korda en Budapest y después se sometieron a un exhaustivo trabajo de postproducción adaptado luces y colores a una atmósfera menos terrestre y dotando de un tono anaranjado el cielo azul de Jordania. El resultado no es solo bellísimo sino que además contrasta con los azules y plomos de las escenas en la Tierra.

Y para una película de épica espacial cabe esperar una magnífica banda sonora igual de grandiosa. Lamentamos decir que en este caso, en Marte la música que se escucha es…disco, muy disco. Manteniéndose fiel a la novela, este naufrago espacial solo tiene un recopilatorio de música de los setenta que ha dejado allí uno de sus compañeros. Lejos de restarle valor cinematográfico, el haber respetado este detalle suma comicidad e invita a mover los pies bajo el asiento, además de casar con la personalidad optimista del protagonista. ABBA, Gloria Gaynor, Donna Summer o The Hue Corporation son algunos de los artistas que suenan, pero, sin duda, el momento más especial es aquel en el que se escucha “Starman” de David Bowie.

Tantos elementos y tan buenos no funcionarían sin una batuta experta. Ridley Scott llevaba varios fiascos últimamente como para que su nombre fuese un punto a favor, pero con Marte (The Martian) nos recuerda quien es y la convierte directamente en uno de sus títulos destacados junto a Blade Runner, Gladiator, Thelma y Louise o Alien, el octavo pasajero. Y si en esta última ya exploró el espacio, con Marte (The Martian) además se estrena en la comedia y aprueba con nota, ofreciéndonos una historia que además exuda humanidad y que hace que te plantees que, tal vez, en el espacio sí se escuchan tus gritos.

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3 comentarios sobre “Crítica de ‘Marte (The Martian)’: Ground control to Matt Damon

  • el 18 octubre, 2015 a las 11:27 pm
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    Admitimos clásico como animal de compañía.

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  • el 19 octubre, 2015 a las 5:44 am
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    Una maravilla de película, tanto técnicamente como narrativamente. Historia solida, personajes convincentes, ritmo perfecto y una duración larga pero que se hace corta. Una película para tener en cualquier videoteca de cine relevante en la historia tanto actual como de siempre.

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  • el 20 octubre, 2015 a las 9:45 am
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    Vi anoche la película y me divertí como nunca lo había hecho con una película espacial "seria". Creo que Ridley Scott ha demostrado que cuando no intenta ser grandilocuente es cuando realmente funciona. Se agradece que no caiga en lo recargado de otras obras espaciales recientes como Interestellar o Gravity. Del reparto esperaba un poco más de papel para Kristen Wiig, aunque me quedo con Sean Bean. Pero vamos, que sí, que es una película más que recomendable y que te hace olvidar que es del director de Prometheus.

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