Crítica de ‘Los miércoles no existen’: Vuelve el género cómico-dramático-musical

Las críticas de Óscar M.: Los miércoles no existen
Hace unos años a Emilio Martínez-Lázaro y David Serrano se les ocurrió que sería buena idea llevar al cine una película basada en las relaciones de pareja, pero con la novedad de utilizar las letras de canciones conocidas como hilo conductor de la historia y que, además, expresaran el estado de ánimo de los protagonistas o sus deseos más ocultos.
Aquella idea llegó a los cines como El otro lado de la cama y su secuela, Los dos lados de la cama, de las que Los miércoles no existen bebe tan directamente que podría considerarse la conclusión de aquella historia y formar un trío perfecto con las dos entregas de esa saga.

Evidentemente Los miércoles no existen no está vinculada de ninguna otra forma con estas películas que no sea temáticamente y por compartir un estilo similar, pero el público al que va dirigido es el mismo y el guionista y director Peris Romano (que se ha basado en el libreto de su propia obra de teatro) lo tiene muy claro a la hora de poner en marcha esta película.
Lo primero que llama la atención es que la película tiene una particular (e incomprensible) estructura narrativa, que va dando saltos de estación en estación, de pareja en pareja, adelante y atrás en el tiempo, algo que no ayuda a tener una visión global de conjunto, pero que sí hace más “independientes” las historias de cada pareja que van llenando el guión.
A pesar de que la película esté poblada de personajes arquetípicos para el espectador, es fácil que sean reconocibles y que el público pueda identificarse con ellos, así como con las situaciones comunes que se plantean en pantalla.

Del extenso reparto, el más cómico (y no sólo porque lo sea su personaje, también porque realiza una interpretación donde lo ofrece todo, literalmente) es William Miller, Alexandra Jiménez está mucho mejor que en Anacleto: Agente secreto (y a años luz de sus intervenciones en El club de la comedia), Eduardo Noriega, como siempre, correcto, poco excesivo y el contrapunto necesario del estilo histriónico expuesto por Gorka Otxoa, mientras que Inma Cuesta está, sorprendentemente, menos insufrible que otras veces.

La banda sonora alterna composiciones hechas expresamente para la película con temas musicales más comerciales y conocidos por el público, que provocarán que el espectador tararee las canciones desde su butaca al mismo tiempo que los personajes las cantan en la pantalla.
La película intenta ser un reflejo de la sociedad actual donde en casi todas las parejas existe un tercer vértice (provocando el clásico triángulo amoroso) o un punto de inflexión en la relación amorosa, algo que da pie a las diferentes escenas (tanto a las cómicas como a las dramáticas). Cada decisión que toman los personajes ha ido modificando su vida, pero lo descubrimos en la historia posterior, creando un complejo puzzle de relaciones e intercambios de parejas.
Es una lástima que Los miércoles no existen se decante más por el drama que por la comedia en su tramo final y deje un sabor agridulce en el espectador, que no saldrá del todo defraudado, ya que se podrá reír con facilidad la primera hora y media sin necesidad de ser muy exigente, gracias a un guión bastante rocambolesco y divertido.

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