Crítica de ‘La cumbre escarlata’: Una carta de amor de Del Toro al terror gótico

Las críticas de Óscar M.: La cumbre escarlata
Si hay algo que está claro que le gusta al director Guillermo del Toro es el terror gótico. El director lo ha demostrado tanto en su versión del mito vampírico en Blade II o en la actual serie The strain como en El laberinto del fauno o la película que nos ocupa: La cumbre escarlata.
Esta última está, además, plagada de referencias al mundo del cine y la literatura, consiguiendo una película que atrapa al espectador a través del miedo y el terror para llevarlo a través de una oscura historia de amor, plagada de fantasmas y misterios.

La cumbre escarlata es fiel con el público y ofrece las pistas para descubrir su desenlace durante todo el metraje, alejándose de otras propuestas basadas en el sorprendente giro final, el cual, en este caso, es un mero compromiso con la audiencia y una confirmación de las sospechas que el espectador mantiene durante las dos horas de duración.
Pero no por ello es menos entretenida o terrorífica, el guión de Del Toro y Matthew Robbins tiene la habilidad de mantener el interés y la curiosidad durante todo el metraje, gracias a una ambientación excelente y un vestuario, maquillaje y peluquería de sobresaliente, digno de la mejor superproducción.
Aunque donde la película consigue desplegar todo su potencial es con unos asombrosos decorados, un deleite visual desbordante de realismo que ayuda a dar más consistencia a la historia y se contrapone directamente con el abuso digital al que estamos (desafortunadamente) acostumbrados en el mundo del cine actual.
De esta forma se consigue que la casa se convierta en un personaje más de la historia (detalle que también sirve como homenaje a otras películas del género como La leyenda de la mansión del infierno o La casa encantada) y parece hasta tener vida propia, interactuando con los actores.
Del Toro no se ha dejado nada en el tintero y declara su amor directamente y sin condiciones a joyas del cine de terror como Al final de la escalera o El resplandor, no sólo con elementos y referencias directas de estas películas (como la silla de ruedas o la pelota), también en la ambientación, en esquemas temáticos y argumentales, donde el mundo de los espíritus se mezcla con el de los vivos y condiciona su existencia.
Los fantasmas que acosan a la protagonista tienen mucho del espectro de Mamá, la película de Andrés Muschietti, no sólo porque ambas están producidas por Guillermo del Toro, también porque comparten a Javier Botet (que se hizo mundialmente famoso con su trabajo en [REC]) interpretando a ambos espíritus.
Todo lo anterior no serviría de nada si los actores no estuvieran a la altura de una historia tan elaborada y con tanto nivel de detalle estético, Tom Hiddleston consigue que olvidemos su (inevitable) asociación con el hermano de Thor para demostrar su gran talento, apoyado por una correcta Mia Wasikowska. Pero quien se lleva la mayoría de elogios es Jessica Chastain en un papel que, además de demostrar su faceta oscura y malvada, llena con pequeños gestos o miradas que mejoran al personaje.
La cumbre escarlata demuestra el excelente trabajo de Guillermo del Toro como director y guionista y consigue sembrar el miedo y el terror en el espectador gracias tanto a los efectivos sobresaltos como a la tétrica historia de amor que narra.

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