60 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Hatuna MeNiyar (Boda de papel)’: La crueldad de la sociedad frente a la inocencia individual

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 60 SEMINCI: 
Hatuna MeNiyar (Boda de papel)
Hatuna MeNiyar es la fantástica ópera prima de Nitzan Giladi, siendo la segunda película israelí en unos años que se centra en la difícil relación entre una joven con discapacidad mental y un miembro de su familia que la tiene bajo su cuidado, aunque en Next to her de Asaf Korman nos ofrece una relación de codependencia, mientras que Giladi opta por mostrar la búsqueda de la independencia.
En la película nos presentan a Hagit, una joven que tiene una ligera discapacidad intelectual, y trabaja en una fábrica de papel higiénico. Vive con su madre Sarah, una divorciada que ha sacrificado su vida por su hija. Hagit lucha por llevar una vida autónoma, mientras que Sarah se siente dividida entre sus deseos de protegerla y sus propias ganas de vivir, surgiendo entonces una relación entre la joven y el hijo del dueño de la fábrica que Hagit le oculta a su madre. El anuncio del cierre de la planta sacude la existencia de madre e hija y pone en peligro la historia de amor de Hagit, así como sus ansias de independencia.
Giladi no sólo dirige, sino que también escribe esta historia en la que muestra multitud de prejuicios que todavía hoy en día existen con este tipo de personas, no siendo solamente manifestados a través de insultos -“bicho raro” es lo más suave que la llaman- sino a través de humillaciones incluso de aquellos que ella cree que están de su lado y la aprecian. Igualmente, nunca permite que Sarah se convierta en la mala de la película, y sus acciones siempre están dirigidas por el deseo de proteger a Hagit de cualquier daño.

La joven Moran Rosenblatt consigue encandilarnos con su gran interpretación de una joven con discapacidad, manifestando más su parte tierna, romántica y soñadora que sus propios problemas, aunque deba convivir con ellos día a día sobre todos con quienes buscan humillarla. Rosenblatt se apropia por derecho propio de todas las secuencias en las que hace acto de presencia, y su ilusión y asombro no sólo encandilan al espectador, sino también a Omri, interpretado por Roy Assaf, alguien que se ha criado en un hogar sin demasiado afecto, y que vive en una lucha permanente por poner en orden su vida laboral y sentimental, todo ello bajo las presiones sociales. Con sutileza vamos descubriendo el amor que ella comienza a sentir, y del que él parece no querer huir, confluyendo fantasías románticas con la cruda realidad. La reconocida actriz Assi Levy da vida a la madre de Hagit, Sarah, una mujer fuerte a la que el paso de los años al cuidado de su hija va haciendo mella en su ilusión por vivir, y  anhela su propia libertad, pero no la puede conseguir mientras no se la de a su propia hija, algo que parece imposible por el recuerdo de un hecho lejano de la infancia que derivó en un cambio en sus vidas. 

El director de fotografía Roi Rot captura la belleza de los austeros paisajes de la zona, del cráter que sirve como principal reclamo turístico, y los miradores naturales a los que acuden los jóvenes enamorados, pero también retrata con gran delicadeza el confinamiento de madre e hija.

Los colores juegan un papel importante en la película, y no sólo por el color arena que predomina tanto en la ciudad como en el desierto que la rodea. Siempre que muestran a la madre lo hacen con colores apagados, con tonos marrones y ocres, tonos que se asemejan al sufrimiento y angustia que vive día a día, muy lejos de la ilusión por vivir de Hagit, siempre acompañada de colores vivos y brillantes, así como de blancos nucleares, colores que evocan a la esperanza que ella tiene por independizarse y casarse.

En lugar de tratar de crear un retrato de compasión de una mujer que lucha contra todo, Gilady se permite colocar al personaje principal en un mundo imperfecto donde mostrarnos lo que sucede cuando la inocencia más pura se enfrenta a la crueldad humana, pero siempre de una manera humilde y respetuosa, que a pesar de ser triste, 

Hatuna MeNiyar es una película realizada con destreza, con grandes interpretaciones y ecos de “Romeo y Julieta”, que hace frente a un tema espinoso como es la sexualidad y la independencia de una mujer con discapacidad mental, y lo hace sin buscar lástima ni compasión,  encontrando siempre notas de esperanza en los contratiempos que sufre.

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