60 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘La arteria invisible’: El silencio como punto de inicio y final

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 60 SEMINCI:
La arteria invisible

La película, basada en  la novela “El Peatge”, cuenta la historia de Vicenç, un político con aspiraciones a alcalde falsamente acusado de abusos sexuales. Su mujer, Carme, vive obsesionada con tener un hijo y está aburrida de la vida que tiene. La aparición de un joven que quince años atrás estuvo a punto de formar parte de sus vidas activará un proceso que destruirá a Vicenç profesional y personalmente, teniendo que lidiar a la vez con el chantaje y los problemas de su matrimonio. 

Pere Vilà Barceló reinterpreta el material original aportando nuevos personajes y cambiando el título, pues para él “La arteria invisible” es el equivalente a la leyenda japonesa del “hilo rojo” que cuenta que todas las personas están unidas por hilos invisibles, y en la película demuestra la teoría con la presentación de personajes unidos más allá de su propia existencia. 
La arteria invisible destaca por estar construida a base de silencios y planos largos para intentar entrar en el alma humana, con movimientos de cámara sutiles y encuadres poco habituales más allá de su propio cine, destacando algunos en los que los personajes siguen hablando fuera de pantalla, sin el uso de contraplanos en las conversaciones, e incluso planos de personajes de espaldas a la cámara, con los que intenta introducirnos aún más en los sentimientos de los personajes sin necesidad de ver sus rostros.
A diferencia de sus títulos anteriores, como La Lapidation de Saint Étienne, que era una película con un personaje principal, su nueva película va más allá y se trata en cierta manera de una película coral, con multitud de personajes, aunque el desarrollo de las secuencias casi siempre se plantea con uno o dos personajes en pantalla, incluso sin ellos en ocasiones, buscando la rotura de esquemas del espectador, insinuando la presencia simplemente a través del mero recuerdo de su pasado en las paredes. 
Como es habitual en el cine de Pere Vilà, las escenas crudas y reales no podían faltar en La arteria invisible, y no escatima a la hora de ofrecer con pelos y señales (sobre todo pelos) las escenas sexuales de la vida cotidiana de los protagonistas, incluso presentando más planos de cuerpos desnudos que de rostros, en ocasiones ocultos tras el pelo o las sombras, y permitiendo al espectador ver la parte más fría (que la hay) de una felación de la finalización del propio acto sin más sentimientos que el placer por alguna de las partes.
Positivo es el hecho de no haber aprovechado un proyecto como éste para mostrar temas de actualidad política y centrarse más en la reacción al chantaje y la soledad, pues el trasfondo de la corrupción, los políticos con las manos manchadas y la crisis está en el aire, pero no se recrea en ello, quedando tan sólo como punto de partida de Vicenç, quien debe ser presentado como político con lo que ello conlleva, pero se siente más molesto por lo que sucede a su alrededor en el día a día a nivel personal que por la propia política actual.
En toda película en la que esté presente Nora Navas no podemos dejar de destacar su gran interpretación, y en esta ocasión comparte pantalla con Àlex Brendemühl, ofreciendo ambos una recreación perfecta de los sentimientos y los silencios que forman parte de una pareja, quizás no quemada, pero si en la que el amor ya no se nota en el ambiente por el pasado que ambos tienen en común. Navas parece que se está acostumbrando a realizar papeles de madre, y tras La adopción, ahora vuelve al registro de mujer que ansía tener un hijo y lo antepone por encima de todo, aunque le pueda costar su matrimonio. La tristeza y la soledad queda patente en cada uno de los planos que acapara Navas, y su complicidad artística con Brendemühl a la hora de anular cualquier rastro de complicidad entre el matrimonio es patente, donde el actor también tiene un gran peso, un actor que se apodera de los silencios y trasmite con su mirada la desesperación y el desasosiego que inunda su vida vacía, la vida de alguien que no tuvo un ejemplo paternal que seguir y por tanto no es capaz de expresar sentimientos de cariño hacia su posible descendencia.
Por otro lado, los jóvenes actores Joana Vilapuig y Àlex Monner dan vida a otra pareja que, a pesar de tener problemas muy diferentes y pertenecer a estatus sociales muy alejados de los del matrimonio principal, evolucionan como pareja de una manera similar a la de Navas y Brendemühl, perdiendo la llama que avivó en un momento su amor por culpa de la crisis, y comenzando a vivir en un silencio que no ayuda a la convivencia. Ambos intentan salir adelante como pueden, pero la espiral en la que se han adentrado los conducen a malas decisiones que pueden marcar sus vidas, debiendo madurar y ser responsables de sus actos antes incluso de lo que hubiera sido necesario.
La arteria invisible es una película para ver sin prisas, repleta de planos pausados que bien podrían desesperar a muchos espectadores, pero narra una historia muy completa, con personajes muy bien definidos, y un mensaje para que nos planteemos hasta que punto seguimos sabiendo amar.

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