Crítica de ‘La visita’: Más divertida que terrorífica

Las críticas de Óscar M.: La visita
Cuando un espectador acude a ver una película firmada por M. Night Shyamalan lo primero que siente es miedo (y no del cinematográfico, precisamente). El director se ha labrado una carrera en el cine a base de películas con un giro trascendental en cierto momento de la historia que puede resultar más o menos efectivo y, por lo tanto, más o menos sorprendente (y gratificante) para el espectador.
La visita llega a los cines tras los fracasos que supusieron Airbender, el último guerrero y After Earth, y tras haber cosechado una buena legión de detractores con grandes fiascos argumentales como El protegido o El bosque y, además, con la pesada losa de haber conseguido uno de las películas más terroríficas de los últimos tiempos: El sexto sentido. Shyamalan puso el listón demasiado alto esta película y no ha conseguido superarlo desde entonces, por mucho giro rebuscado en el argumento que utilice.

La película es una nueva versión libre y actualizada del cuento popular de “Hansel y Gretel” (popularizado por los hermanos Grimm), y narra cómo dos jóvenes van a pasar una semana con sus abuelos en una zona remota y aislada de Pennsylvania. Un lugar donde no hay cobertura para llamar por teléfono móvil, pero sí conexión a Internet. Pequeños detalles sin importancia.
El guión incluye detalles del cuento clásico como las constantes referencias a la comida o el mítico horno. Shyamalan es consecuente con sus nuevas limitaciones, por eso decide enfocar la película más hacia la comedia, con grandes y divertidos golpes de efecto (sobre todo centralizados en el papel del hermano pequeño, interpretado por Ed Oxenbould), que en el terror, y consigue un equilibrio bastante bueno sin caer en la parodia o el ridículo.
A pesar de usar el estilo de “metraje encontrado” (usado y abusado en las producciones del género de terror), consigue justificarlo a lo largo del metraje (a excepción de un par de transiciones “demasiado cinematográficas” y el montaje del tramo final), y es una buena herramienta para sorprender al espectador con terroríficos golpes de efecto inesperados.
Las interpretaciones son correctas y creíbles (en especial el papel de la abuela, a cargo de Deanna Dunagan), pero el problema de Shyamalan nunca ha sido que no sepa sacar lo mejor de los actores, sino sus débiles guiones o los giros dramáticos que cambian todo el planteamiento inicial de la historia. Por suerte, en esta ocasión, el giro argumental es menos artificial y engañoso que en El bosque, más efectivo que el de El protegido y más cercano a Señales, es decir, más común y menos fantasioso.
La ausencia de una banda sonora instrumental es un detalle a tener en cuenta, dada la naturaleza de la filmación adquieren una especial importancia tanto la selección musical como los ruidos de la casa o los que provocan los habitantes, pero sin dar excesiva relevancia o abusar de ellos constantemente como se hizo, por ejemplo, en Insidious.
La visita es una buena película para ver con los amigos y pasar un buen rato de risas y sobresaltos terroríficos (aunque los segundos sean los menos) y volver a reconciliarse con un director que ha vuelto, por fortuna, a los proyectos más pequeños y menos grandilocuentes.

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