Crítica de ‘Chicas nuevas 24 horas’: Denuncia social sin sensacionalismos

Las críticas de Óscar M.: Chicas nuevas 24 horas

La actriz y presentadora Mabel Lozano continúa con su faceta como directora y guionista y presenta el documental titulado Chicas nuevas 24 horas, centrado en la trata de mujeres en países de América latina y Europa.
Lozano a estructurado el documental de una forma poco convencional, evitando los lugares comunes a los que suele acudir las películas del género y centrándose en el problema existente en la sociedad y la implicación de los gobiernos de los diferentes países, dando la oportunidad de hablar tanto a mujeres que han sufrido o sufren la prostitución como a las asociaciones que se esfuerzan en ayudarlas.

De esta forma, la película cuenta la historia de cuatro mujeres, con sus diferentes aventuras, pero con un nexo común, que es el mismo para la mayoría de personas que se encuentran en esa situación: la necesidad de dinero para sacar adelante a su familia. Han sido engañadas y obligadas a firmar contratos e hipotecas abusivas, para después ser trasladadas a otro país, legal o ilegalmente, donde se las obliga a ejercer la prostitución.
Como gran novedad, la directora enfoca el tema de la prostitución con una curiosa dramatización como un lucrativo negocio o una empresa que genera millones de beneficios al año y que no aporta ninguna ventaja a la sociedad (excepto a los implicados, por supuesto), lo que realmente es y los gobiernos se niegan a asumir.
Este punto de vista es el que más hace implicarse al espectador, que asiste estupefacto al relato de cuatro mujeres (entre ellas, menores de edad), que abandonaron su hogar y su familia en busca de un trabajo y fueron explotadas sexualmente en contra de su voluntad.
El documental no sólo se queda en la mera denuncia social del problema de la prostitución fuera de nuestro país, también tiene representación lo que sucede a escasos 15 minutos en coche de la capital de España, algo que se repite por las carreteras de toda la geografía española en los locales de alterne, lugares donde se ejerce la prostitución con el beneplácito de las fuerzas de seguridad del Estado.
Además (y, de nuevo, rompiendo el esquema documental), no sólo pone imágenes a un problema social, el guión se preocupa en contar la historia completa de las mujeres protagonistas, revelando, en cualquier caso, el desafortunado y difícil destino que tienen sus vidas tras haber pasado por dicho trauma, tanto si continúan siendo explotadas como si vuelven a sus países de origen.
Es imprescindible que se sigan realizando este tipo de documentales para que la sociedad deje de mirar para otro lado, para que los ciudadanos sean conscientes de que los gobiernos de los países, incluido España, están haciendo la vista gorda y que los corruptos se sigan aprovechando de estas mujeres tanto sexual como económicamente.
En el documental también hay sitio para que la policía y las asociaciones en contra de la trata de mujeres denuncien la corrupción y que la realidad es que se encuentran la mayoría de las ocasiones con las manos atadas o con denuncias que no llegan a ninguna parte y juicios que no se celebran.
Chicas nuevas 24 horas es una película real, cruda y que huye del sensacionalismo, la prostitución de sentimientos y los clichés del género documental (como la voz en off), aunque sigue el estilo impuesto y en el que se engloba. Un documental muy a tener en cuenta que no deja al público indiferente.

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